Ser la segunda esposa del Duque Ploen no estaba en sus planes, ser obligada a casarse por el bien de su familia y nación, pensó que el trato de su esposo sería por lo menos de respeto, no deseaba ser amada por el, porque sabía que el ama a su primer...
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Llevó a Eleonor a dormir, la arropo y se quedo a su lado hasta que el ritmo de su respiración se normalizo, al verla tan tranquila soñando lo hizo sonreír y retirarse de la habitación, ignoro a Ann quien lo esperaba afuera, seguramente para regañarlo, pero no tiene tiempo para escuchar reclamos de una mujer que no tiene autoridad sobre el, ni mucho menos es importante. Salió de la mansión con sigilo para no ser detectado, se detuvo un momento al escuchar algo, solo para ver al príncipe en la ventana de Jubelian.
Que inapropiado.
Que... peligroso.
Niega varias veces, no debe pensar así.
Se adentro en el bosque hasta el río que fluye con normalidad, saca de su bolsillo una piedrecilla gris brillante, la arroja con cuidado, junta sus manos para rezar, el sonido del agua se vuelve más fuerte hasta que finalmente se regula, al abrir sus ojos está en aquella dimensión llena de estrellas.
"Osiel, Dios de la luna, protector de las mujeres y niños, amo de las estrategias, estoy aquí, ante ti como un humilde creyente para rogar por tu ayuda" se arrodilla y el agua se mueve mientras el Dios desciende para encararlo.
"Han pasado quince años, Arthur" la luz lo rodea "Quince años desde que me pediste renunciar a ti como el guardián de mi templo, una posición que muchos rogarían de rodillas días y noches por tener, ¿Qué inquieta tu alma?"
"Algo que solo con sangre se podrá calmar, yo te ruego tu permiso para asesinar a aquella Diosa y el dragón que sello" la luz se detiene frente a el, unas alas de hielo lo rodean y finalmente el Dios se muestra.
"Una petición interesante, los mortales son incapaces de matar a los dioses".
"Lo sé, pero yo no soy cualquier humano, ¿No es así? sigo siendo tu guardián, no renunciaste a mi".
"Un hombre como tu" las manos del Dios se acercan ", no hay perversión, no hay lujuria, un espíritu fuerte que no se tentaría, las mujeres y los niños están seguros en tus manos".
"Dios... te lo ruego".
Una sonrisa se formo en el rostro de la divinidad que se aleja con aleteos tranquilos.
"Hay muchas maneras en las que un Dios morirá, pero solo hay dos, en las que un mortal lo hará. La primera, es con un Dios que en tu cuerpo se alojará, y que el apague la luz de la divinidad, pero las consecuencias devastadoras serán .La segunda, es una bendición con un arma letal, que pocos se atreven a empuñaran, las consecuencias, solo un valiente soportará. ¿Qué eliges? Esclavitud o dolor, que un Dios te quite tu vida, o como una espada vivir. Es una elección, Arthur, ¿Cuál es la tuya?"