45. Oscuridad

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Ari

El taxi se detuvo frente a la casa con suavidad.

Casi me cuesta bajarme, no por el cansancio... sino por Wanda aún está en el taller recuperando su belleza... el mecánico dijo que podría estar lista en unos días, pero el solo hecho de no verla en la cochera me hace sentir como si faltara algo mío en esta casa, no verla fue como un pinchazo leve, pero suficiente para hacerme fruncir el ceño...

Aun así, me obligué a sonreír, tenía que estar bien, todo iba a estar bien ahora que regresé a nuestra casa... mi inconsciente me recordó que le vimos el lado positivo al accidente... pedí en el taller algunas piezas para modificar a Wanda y que se viera más deportiva, ¡Quedará fantástica! No puedo esperar a enseñársela a Miguel.

Con eso en mente, sonreí y me imaginé a Sam adentro, en la cocina, preparando café o viendo alguna serie de las que nos gustaban en silencio, esperándome con esa cara de niña feliz cuando me ve llegar.

Caminé hasta la puerta y entré, el aire olía a lo de siempre: a vainilla, a café... a nosotras.

—¿Sam? —llamé, suavemente, esperando la respuesta de siempre.

Silencio.

Caminé por la casa, la sala estaba en orden, había una taza con restos de café, todo estaba ahí... menos ella... eso es raro, le avisé que hoy estaría de regreso, no respondió a mi mensaje, pero supuse que era porque aún estaba en horario de trabajo cuando se había enviado.

Fui a nuestra habitación... el cajón de su ropa interior está abierto y vacío, su mochila favorita no estaba... su perfume, tampoco.

Mi pecho se cerró. No había nota. No había mensaje.

Solo... ausencia.

Wanda en el taller, y Sam... ¿dónde?

Sentí que la casa era un eco sin respuestas... cerré los ojos y, por primera vez, desde aquella promesa en la cabaña...

Sentí que ella tal vez había soltado mi mano.

Al principio, no me alarmé... Sam no contestó mis mensajes, pero podía ser el trabajo o el estrés o las mil cosas que a veces nos hacen posponer lo importante.

Pensé que tal vez necesitaba tiempo.

Ella sabía que hoy regresaba... así que pasé el día acomodando cosas, limpiando, dejando la casa lista para su regreso...

Hasta preparé su cena favorita.

Cuando dieron las diez, ya no me pude quedar quieta, le escribí... no le llegaron mis mensajes... le llamé... nada, le pregunté a nuestras amigas si sabían algo de ella.

La ansiedad empezó a moverse en mi pecho como un nudo mal atado. Abrí nuestras redes sociales, busqué su última conexión y nada, la última fue unos días antes de mi accidente...

No quería pensar mal... no quería entrar en ese lugar oscuro... pero lo hice.

Le pedí a mi mamá el número de la Sra. Mónica, mi madre sin hacer preguntas, me lo dio y le envié un WhatsApp para que ella no tenga problemas con su esposo...

💬: Hola, señora Mónica, soy Ariadna mi mamá me pasó su número.

💬: Disculpe que la moleste... ¿sabe algo de Sam? no me contesta.

No respondió de inmediato, tardó mucho... demasiado, cuando por fin llegó una notificación de mensaje, no fue de ella.

Fue Sam.

Chispa de amor (Correcciones en curso)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora