¡Hola hermosuras! ¿Cómo están?
Como parte de una dinámica en un club de escritura en el que estoy, les traigo este capítulo navideño; la premisa es cómo hubieran pasado Ari y Sam una Navidad si el padre de nuestro huracán esmeralda no fuera un horrible ogro y ellas no se hubieran separado.
Espero que les guste ¡Comenzamos!
✧✧✧
Sam
La casa de los papás de Ari nunca había estado tan llena. Es la primera Navidad que compartimos con nuestras familias.
Las luces del árbol parpadean junto a la ventana, reflejándose en los platos, en las copas, en las risas que suben y bajan como si alguien cuidara no pasarse de la raya. El olor al pavo cocinándose me envuelve y, por un segundo, me pregunto si esto es real o solo una versión amable del universo pidiéndome que no despierte.
Ari está a mi lado; su mano busca la mía debajo de la mesa y la aprieta con ese gesto silencioso que me dice: estoy aquí. Su familia se mueve con naturalidad: su mamá supervisa la cocina, su papá sirve vino, sus hermanos discuten por quién puso villancicos de los 80's; todo es cálido y se siente como un hogar.
Del otro lado de la mesa está mi mamá, con los ojos brillosos, mirando a Ari como si diera gracias por verla viva. Mi hermano Andrés se ríe fuerte, mientras escucha una anécdota de mi suegro, y Bernardo, bueno, él observa en silencio.
—¿Estás bien? —me pregunta Ari en voz baja.
—Sí —respondo y sonrío con suavidad.
Tiempo después el brindis se celebra y mi suegro nos dedica unas palabras bonitas, con deseos de paz, de unión y de un año mejor; se chocan las copas y el sonido me sacude el pecho. Pienso en todo lo que pudo romperse, si hubiera cedido a las exigencias de mi padre; también reflexiono en todo lo que se perdió.
Mi progenitor está pagando las consecuencias de sus actos tras el "accidente" automovilístico que orquestó en contra de mi novia y nuestra felicidad. Estuve a punto de dejar todo y regresar con él a casa, pero me armé de valor, el resultado fue que los padres de Ari se hicieron cargo y él estará tras las rejas por el resto de su vida. Eso me alivia y me entristece a partes iguales; sobre todo, por mi hermano Bernardo que lo admiraba tanto.
Cuando me levanto para ayudar a llevar los platos, él me sigue hasta la cocina.
—Nunca pensé ver esto —dice sin rodeos.
Lo miro y sus ojos no están llenos de odio, sino de algo más difícil de cargar: Dolor.
—Yo tampoco —respondo.
Se cruza de brazos.
—Papá está en la cárcel, y tú estás aquí... Feliz.
Decir la palabra "feliz" le pesa más de lo que debería.
—Nunca celebraré eso —contesto con seriedad—. Pero tampoco voy a pedir perdón por amar a Ari.
Guarda silencio unos segundos y luego suspira.
—No la culpo a ella —admite—. Pero a veces... —Me mira— A veces, siento que, si ustedes no se hubieran aferrado tanto a su relación, nada de esto habría pasado.
Trago saliva, el reflejo antiguo de huir de los conflictos intenta despertarse, pero no lo dejo.
—Si nos soltábamos —me defiendo—, solo habríamos cambiado el tipo de pérdida.
Bernardo no responde. Asiente apenas, como si no le gustara la respuesta, pero tampoco pudiera refutarla.
Volvemos al comedor; Ari me mira en cuanto me siento, y no me pregunta qué me pasa. No necesita hacerlo. Me besa la sien con cuidado y me sonríe, ese simple gesto me llena de calidez el corazón.
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Chispa de amor (Correcciones en curso)
Ficción GeneralChispa, es lo que surge en mi corazón cuándo la veo, es como si mi corazón reconociera el suyo y saltará de felicidad, cuando veo esos hermosos ojos verdes como las esmeraldas yo dejo de pertenecerme y ella me convierte en suya, pero el amor jamás e...
