40. Hogar

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Ari

El primer rayo de sol se cuela por la ventana, acariciando la madera de la habitación con ese tono cálido que solo se ve en los bosques. Todo huele a tierra húmeda, a sábanas tibias y a ella.

Mi Sam.

Está profundamente dormida, con una mano apoyada sobre mi cadera y la otra cerca de su rostro, su respiración es tranquila, rítmica... sus labios están entreabiertos... una escena salida de un anime... y aun así, nada se siente más real que esto.

Deslizo mis dedos por mi propio brazo hasta que encuentro el anillo... pequeño, simple y ligero... pero con un peso simbólico enorme.

Una promesa.

No de cuentos de hadas ni de palabras huecas... es una promesa de trabajo en equipo... de caminar juntas... de crecer...

De volver a nuestro centro, incluso cuando nos perdamos.

De volver a nuestro centro, incluso cuando nos perdamos

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Anoche, después de todo lo vivido... después de su entrega, de su forma de amarme sin miedo, sin reservas, supe que este anillo no era un símbolo vacío... era la traducción física de todo lo que no sabíamos cómo decir con palabras.

Me encontré pensando en Erick por un segundo; hacía mucho que no recordaba nuestra historia, y aunque no terminó bien, la conservo con cariño.

Reflexioné en lo que alguna vez creí que era amor...

Nunca le dije "te amo", no porque no lo quisiera... sino porque nunca me sentí cómo me siento ahora... nunca sentí que podía soltarme sin caer completamente.

Cuando lo dije con Sam, lo sentí hasta los huesos... verdaderamente la amo.

Sigo admirando su belleza al dormir y disfruto de lo afortunada que me siento por tenerla en mi vida, jamás ni en mis sueños más locos... creí que podría enamorarme de una mujer y querer hacer una vida con ella.

Si alguien me hubiera dicho hace casi un año atras que esto pasaría, me hubiera muerto de risa ante esa idea.

De tanto contemplarla, no puedo evitar inclinarme para darle un beso en la frente, suave, casi una caricia.

—Gracias por cruzarte en mi camino —susurro.

Ella no se mueve, pero algo en su cuerpo se relaja... como si incluso dormida pudiera oírme.

Me quedo ahí, envuelta en su calor. No quiero moverme aún, solo quiero existir aquí, en este lugar donde nada nos interrumpe o quiebra nuestra burbuja...

Una vez más me siento posesiva... no quiero compartirla aún con nadie, pero, nuestra nueva vida adulta nos espera y si quiero construir algo real con ella, tengo que compartirla.

Mientras espero a que despierte, me doy cuenta de qué... tal vez esto era lo que siempre esperé del amor.

Siempre he soñado en el amor que se tienen mis padres, el amor no se encuentra... no se explica... este se construye.

Chispa de amor (Correcciones en curso)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora