46. Alba

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Ari

Han pasado apenas un par de días desde que mamá me encontró rota... desde que me sacó de la ducha como si recogiera los restos de un naufragio.

No recuerdo bien cómo me trajo hasta su casa... sólo sé que desperté en mi antigua habitación con las lágrimas secas en las mejillas y el cuerpo hecho polvo por dentro.

No fue una decisión... fue un rescate.

Y ahora, en esta cama que fue mía cuando aún creía que el amor no dolía, empiezo a juntar los pedacitos de lo que quedó de mí.

El techo beige sigue igual, con las mismas grietas pequeñas que contaba de niña para quedarme dormida... las paredes tienen ese tono azul pastel que alguna vez me pareció elegante y ahora me resulta casi irónico.

Todo sigue intacto... excepto yo.

Huele a café y pan recién horneado, a esa mezcla del suavizante de mamá que siempre me dio paz.

Cierro los ojos un momento, sintiendo el peso de ese aroma en el pecho, como si pudiera envolverme desde dentro.

- Ya despertó - escuché desde la puerta esa voz que me conoce desde antes de que supiera lo que era tener miedo.

Abro los ojos... mamá cruza el umbral como un rayo de sol cálido, con una taza entre las manos y esa mirada que nunca me pide explicaciones innecesarias... se sienta al borde de la cama sin decir más... como si sentarse a mi lado fuera ya suficiente.

¿Café, cariño? - pregunta con dulzura.

Trago saliva, aún me cuesta hablar... me duele la voz, me duele el alma.

- Aja - susurro apenas.

Ella deja la taza en el buró y me acaricia el cabello, apartando un mechón de mi frente con una ternura que me rompe... no hay juicio en sus ojos... no hay lástima... solo amor... del bueno... del que no se va cuando estás hecha trizas.

- ¿Cómo estás? - pregunta... no como quien espera una respuesta, sino como quien quiere recordarte que estás viva.

Yo... no lo sé...

No soy capaz de armar una frase entera... de reunir lo que siento en una sola palabra.

- Estoy... aquí - digo, sin saber si eso era del todo cierto.

Ella asiente despacito, con esa forma suya de decir que con eso basta.

- No vas a quedarte rota para siempre mi niña... - acaricia mi mejilla - lo juro por todo lo que soy - suspira - tómate un día a la vez.

La miro... quiero creerle.

Afuera, los pájaros cantan como si el mundo no se hubiera caído en pedazos... como si aún quedaran mañanas por estrenar... y por primera vez... no me asusta tanto la idea...

********

Habían pasado un par de semanas desde que mamá me sacó de la oscuridad... desde que todo colapsó... desde que entendí que no podía sola... y que, por suerte, no tenía que hacerlo.

Hoy no estaba particularmente triste... pero tampoco estaba bien... solo... estaba.

Me encontraba en el jardín, con una manta sobre las piernas y el cabello recogido en un moño desordenado... mamá me había dejado una taza de café sobre la mesita junto al sillón, y el sol me acariciaba los pies con una calidez que se sentía extraña.

Casi como si el mundo quisiera disculparse conmigo... y entonces...

- ¿Dónde está mi pequeña genio?

Chispa de amor (Correcciones en curso)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora