Capítulo #11

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Nunca he sido una mujer de palabras dulces o de gestos espontáneos. La vida me enseñó que la prudencia y la distancia eran mis mejores aliadas, escudos que me protegían del dolor y la decepción. Pero todo cambió cuando entré en esta casa, cuando James me acogió sin pedir nada a cambio, cuando con el tiempo comprendí que mi presencia no era una obligación para él, sino un acto de voluntad.

Él me quería. Realmente me quería. Y ahora, ya estamos en una relación.

Me tomó meses darme cuenta. Al principio, creí que su amabilidad no era más que cortesía, que su protección no era más que una consecuencia de la convivencia. Pero entonces vi la forma en que James me miraba cuando creía que yo no lo notaba, la forma en que siempre se aseguraba de que estuviera cómoda, segura. Y algo dentro de mí comenzó a resquebrajarse.

El miedo aún estaba allí. El miedo de confiar, de abrirme, de entregarme a algo que podría terminar en un desastre. Pero también estaba el deseo. El deseo de probar qué pasaría si me permitía creer, si me permitía quererlo del mismo modo en que él me quería a mí.

Era un proceso lento, casi doloroso. Aprender a confiar, a bajar la guardia, a aceptar que mi vida ya no era la misma desde el momento en que crucé aquella puerta. James no solo hacía lo posible por protegerme; también me ofrecía algo que nunca antes había tenido: un hogar. Y si quería quedarme, si realmente quería estar con él, entonces debía aprender a corresponder. No con miedo, sino con valentía.

Así que una noche, después de semanas de dudas, tomé una decisión. No huí cuando él se acercó. No me encogí cuando sus manos me rozaron con suavidad. Y cuando él pronunció mi nombre en un susurro cargado de incertidumbre, levanté el rostro y me permití, por primera vez, responder con algo más que silencio.

Porque quedarme significaba más que simplemente estar aquí. Significaba abrir mi corazón. Y estoy dispuesta a intentarlo.

Pero justo cuando empezaba a sentirme en paz, las llamadas comenzaron de nuevo. Esta vez no era mi madre, sino su esposo. Siempre era lo mismo: súplicas disfrazadas de exigencias, recordándome que debía ayudarles, que les debía algo. Y de nuevo, el pasado amenazaba con arrastrarme de vuelta a la oscuridad.

Con cada timbre que sonaba, mi estómago se retorcí­a. Las llamadas nunca paraban. Pero hoy... hoy no quería saber nada de ellas. No quería escuchar a mi madre, ni a su esposo. No quería ser arrastrada de nuevo al pasado, a esas exigencias que me ahogaban, a esos recuerdos que me perseguían como sombras. Así que simplemente, dejé que el sonido del teléfono se desvaneciera en el aire, como si fuera una tormenta que ya no podía tocarme.

Me dejé caer en el sillón, abrazando mi libro con una mezcla de alivio y necesidad. Afuera, la nieve caía, suave y tranquila, cubriendo todo con un manto de quietud. La luz gris del invierno entraba por la ventana, pintando el ambiente de tonos suaves, de esos que invitan a la calma. Respiré hondo, cerrando los ojos por un segundo. Esto era todo lo que quería ahora: paz. Había sido tanto tiempo desde que la había sentido realmente. Y en ese momento, con las páginas del libro entre mis manos, sentí que todo lo demás se desvanecía. Ni las llamadas, ni las personas que siempre querían algo de mí, podían tocarme.

El silencio me envolvía. Y en mi pequeño rincón, parecía que todo se detenía... hasta que, de repente, un golpe en la puerta cortó la quietud. Mi corazón dio un pequeño salto. ¿Sería de nuevo uno de ellos? ¿Mi madre o su esposo, insistiéndome otra vez? Cerré los ojos y traté de ignorarlo, pero la intrusión era demasiado. Finalmente, me levanté, sintiendo una tensión en el aire, un cosquilleo de incertidumbre.

—¿Quién es? —pregunté, intentando sonar firme, aunque mis manos ya comenzaban a temblar.

Una pausa. Y entonces, su voz, tan familiar, tan esperada, llegó a mis oídos.

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⏰ Última actualización: Feb 04 ⏰

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Shadows Of Pain. | James McAvoyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora