El científico inventor solo quedaba en frente de su máquina destruida, con sus ilusiones apagadas y sus lágrimas derramando lágrimas de frustración y tristeza. Solo jadeaba por el cansancio de cometer aquel acto de destrucción y de los sollozos que dejaron de ser frecuentes.
—No me pasa nada, Da Vinci —respondió el macho sin voltear a verla—. Déjame solo.
—Algo pasa, el escándalo lo escuché desde arriba...
—¡Qué no me pasa nada, ¿ok?! —exclamó molesto volteando a verla con aún sus lágrimas en sus ojos y mejillas. Acercándose para afrontarla aún con desesperación—. ¡No estés chingando y lárgate!
La chica artista se acobardó sintiendo la presión encima de su hermano molesto. La forma en la que le reclamó no era lo que esperaba de él, solo veía sus ojos llorando de la impotencia y sus dientes afilados gruñéndole para darle temor.
Ella solo huyó de la habitación de su hermano, no quería provocarlo más de lo que estaba. Solo escuchó la enorme fuerza de la puerta azotarse, dejando en claro que su molestia era tan grave que aquel escenario que logró captar no era lo que esperaba en alguien tan serio como es su hermano.
Dawkins solo se recargó en la puerta, quedando devastado por la ira que desató destruyendo su máquina. Las patas le temblaban, su corazón palpitaba a un rápido ritmo y su vista parecía nublarse. No podía más.
«Duele sentirse así, pero más duele no poder hacer nada al respecto».
El dálmata trató de tomar la calma y dejar que toda esa desesperación saliera del aura del canino, buscando una respuesta concreta de los hechos que dejaron evidencia de circuitos destruidos y piezas de metales en trozos.
Sin tener la voluntad de limpiar el desastre ocasionado, subió a su cuadro; un pedazo de habitación que le pertenecía a él decorado de poster de ciencia y algunos libros empilados en una esquina. La habitación les pertenecía a muchos de sus hermanos, por ser una familia numerosa. Su problema de compartir la habitación era que la privacidad era escasa en ese lugar, dejando que no pudiera el espacio suficiente para hacer sus cosas ni para desahogarse de su propia angustia depresiva.
Solo apagó la lámpara de escritorio que tenía a lado de su cojín para dormir y cerró las cortinas de su cuadro como puerta provisional en lo que construía una sólida de madera —que estaba en planes de fabricarlo—. Tomó un largo suspiro y se acomodó para descansar. Tratando de despejar su mente, solo deseaba un momento de paz para terminar con la depresión que le presionaba completamente.
Para la mañana siguiente, el día comenzaría normal para todos los miembros de la familia. Los cachorros jugaban por toda la casa, los canes mayores rumbo a su trabajo, y los adolescentes en sus actividades domésticas.
Dawkins solo abrió la puerta, tras haber limpiado todo el desorden que provocó el día anterior por su imprudencia. Las cosas se veían tranquilas al ver el pasillo despejado de sus hermanos y hermanas manchados que siempre jugaban en cualquier lugar de la casa.
Al fondo, Da Vinci solo se escondía al notar la salida de su hermano científico que lo miraba con tranquilidad y seriedad. Cosa que no tomó con cautela porque el macho logró percibir la presencia de la artista, volteando a ver que era precisamente ella escondida detrás del marco de otra habitación.
Se acercó a ella, para hablarle por voluntad. La artista presenció ese detalle y trató de buscar un escondite para no recibir de nuevo ese mal trato que su hermano le mostró ese día en la noche. Pero su distracción en encontrar algún escondite perfecto, el macho estaba en frente de ella hasta que lo notó la hembra. No tuvo otra que agacharse asustada esperando que él hiciera algo al respecto.
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Petricor
FanfictionTodos tenemos días malos, todos sentimos tristeza, todos pasamos por cosas malas. Pero no todo se pinta en un torno gris, siempre hay una salida donde las cosas se ponen mejores. Donde todo es más alegre y se siente conforme y feliz. Dawkins y Da Vi...
