«Ojalá pudiera tener ese poder como las personas en la televisión, ser escuchado por miles para saber cómo me siento, que supieran que al menos existo».
Da Vinci regresaría a su hogar con una alegría dibujada en su rostro de la larga sonrisa que sus mejillas cansadas se estiraban y brincos pequeños que también daban imagen en su conducta física. Era evidente que aquella entrevista resultó ser un éxito.
La dálmata de colores subió por las escaleras corriendo sin tener distracciones a la distancia, esperando encontrar a alguien en especial para expresar lo que experimentaba en ese momento, contagiarlo esencialmente a alguien que fuera su soporte en esos últimos días.
Fue con el único cachorro presente en el hogar, el resto había dado un paseo por el parque cercano de su localidad, al ser la hora de aquella actividad. Era Dawkins, quien aún seguía trabajando en su proyecto personal con la poca luz que entraba en la habitación por la ventana abierta.
Sin previo aviso alguno, ella se abalanza sobre el cachorro inventor para abrazarlo, provocando que él se balanceé de un lado a otro por el gesto de la pintora. Incluyendo el susto y asombro de aquel gesto que lo dejaba al no ser alertado por eso.
—Veo que andas muy contenta después de tu reunión —aclaró el macho con una pequeña carcajada.
—¡Me aceptaron! ¡Me aceptaron! —exaltó ella con alegría—, es mi oportunidad de mostrar mi talento, hermano.
—Te felicito, sabía que lo lograrías, Da Vinci.
—Gracias, Dawkins, y gracias más que nada por haberme apoyado en todo. Eres el que más fe tuvo en mí durante estos días complicados.
—Para eso somos hermanos, no lo olvides.
Ambos cachorros se dieron un último abrazo como gesto de su agradecimiento, era evidente que las acciones de apoyo emocional a la pintora resultarían a dar efecto ante todas las cosas malas que han pasado hace semanas. Al final, pudieron sentir la paz de que las cosas saldrían de buena manera.
Quedaron por un tiempo a solas para seguir platicando uno frente al otro con un jugo de naranja de compañía para refrescar sus voces de las risas y largos discursos que ambos intensificaban con el tiempo. Tanto fue la concentración en la conversación que el anochecer estaba presente, los faroles de la iluminación pública alumbraban al no recibir luz solar y entrar a la ventana de la oscura habitación.
El reloj marcaba la hora de descansar, pero antes una cena fue servida en el comedor con el resto de la familia. Ambos mantuvieron una distancia considerable para librar sospechas, al entender que sus hermanos y hermanas no tenían la regularidad de verlos juntos al ser mentes opuestas y actividades diferentes. No serían bien recibidos a la primera presentación al público.
Da Vinci mantenía su resplandeciente sonrisa en vista de todos, como era de ver todos días al mostrar que tenía un buen día al acabar su trabajo en el arte. Era raro que alguien la viera con un rostro de tristeza y otra expresión diferente; a diferencia de Dawkins, quien fue el único en reconocer otras reacciones de la pintora al caer en depresión por sus malos momentos.
La cachorra de manchas de colores fue al baño para cepillarse los colmillos, antes de irse a dormir en su recámara. Solamente se miraba al espejo mientras hacía la acción con su cepillo de dientes, el endulzante sabor y frescura de la menta en la pasta aplicada daba una sensación de limpieza al acabar con su última actividad del día.
Ella terminaría para ir en camino para su habitación, pero al darle reojo a la de los machos, notó que Dawkins seguía despierto. La luz artificial de su linterna estaba encendida a través de la cortina magenta que cubría su cuadro de la habitación sin mostrar sombra de lo que hacía. La curiosidad le ganó para acercarse a descubrir lo que estaba haciendo a esa hora de la noche.
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Petricor
FanfictionTodos tenemos días malos, todos sentimos tristeza, todos pasamos por cosas malas. Pero no todo se pinta en un torno gris, siempre hay una salida donde las cosas se ponen mejores. Donde todo es más alegre y se siente conforme y feliz. Dawkins y Da Vi...
