IX

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En esa misma noche, el cachorro inventor dormiría solo en el bloque de su habitación compartida con sus hermanos, con un cojín de colchón y una manta para abrigarse.

Sin embargo, esa misma noche no sería salvación para la pesadilla que estaría pasando mientras dormía. En el sueño profundo que proyectaba en su mente mientras descansaba físicamente, regresaba la pesadilla de ser perseguido por sombras no identificables por la ciudad.

El mal suelo regresaría después de semanas, inesperadamente a comparación de otros momentos donde pasaba lo mismo. Esta vez pareciera haberse intensificado, a causa de que esas sombras eran las voces reconocidas de sus familiares y amigos. Formados en sombras delante de un humo gris, nublando la vista por las calles de la ciudad de Londres.


—¡Aléjense! —exclamó Dawkins al seguir en persecución como víctima —, ¡déjenme solo!


Las voces eran murmuradas al cachorro diciendo negatividad en su forma de actuar y en las cosas que hace. Afectándolo internamente al escuchar sus frases, describiendo que era incapaz y un soñador nada más. Que no esperarían de él nada al no tener en concreto una idea a lo que llegue a aspirar.

La persecución terminaría al llegar a un callejón donde estaba oscura y sin salida. El cachorro solo ponía patas en el muro, esperando encontrar un hueco donde pudiera caber y seguir escapando, sin éxito alguno. En vista en las pocas posibilidades de encontrar una salida, solo quedaba resignarse en ser atormentado por esas sombras.

Aquel espectro humeante se esparce por alrededor del cachorro inventor, provocando que el ambiente se transformara frío, inquietante y, sobre todo, claustrofóbico. Las voces no cesaban, las frases negativas hacia la víctima fueron más frecuentes.

El cachorro terminaría arrinconado en la pared, solo observando esas sombras formarse en figuras reconocidas a las de su familia, con ojos amarillos inquietantes y colmillos afilados eran una señal de mostrar temor a esas sombras. Sus ojos empezarían a soltar lágrimas, la impotencia era evidente en su temor. Trataba de esfumar aquellas siluetas, pero solo se esparcían y se volvían a formar.

La situación solo era presente, no había salida en ello. La resignación e impotencia eran lo único que murmuraba el cachorro, solo se cubrió en sí mismo esperando que la pesadilla terminara. Sin embargo, una luz de esperanza se veía a través de todo ese mal ambiente.

El cachorro pudo visualizar una luz iluminar a lo lejos de ese humo oscuro, que poco a poco empezaba a ganar brillo acercándose a él. Esa luz era blanca y amarilla, como si hubiera una salida a todo su alrededor.

Una figura se formaba en ese destello alumbrante, mostrando que era alguien quien sería salvador de su angustia. Al enfocar su silueta transformarse en frente de sus ojos, mostró una expresión de asombro al ver de quién se trataba.

Era su hermana Da Vinci, quien resplandecía su pelaje blanco y sus manchas de colores junto con el destello que brillaba detrás de ella. Vestía de un vestido blanco con una aureola brillante en su cabeza, incluyendo de unas alas blancas desplegadas en su espalda; mostrando la increíble figura de un ángel bajado del cielo.


—¿Da Vinci? ¿Eres tú? —inquirió el cachorro al alegrarse de verla. Cuya chica tomó las patas delanteras del macho para mantenerlo atento y cerca.

—Eres más de lo que dice la gente, Dawkins. No dejes que los demás perjudiquen la gran personalidad y talento que tienes, sigue luchando para ser feliz, ser lo que has deseado.

—No lo sé, ni sé lo que soy ahora.

—Es porque te falta demostrarlo, sigue trabajando duro para alcanzarlo. No ha terminado esto, apenas estás comenzando, no te rindas.

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