C11

586 56 8
                                        

Narrador omnisciente

~

Alexandra Trusova

La alarma suena y me giró sobre mi cuerpo estirando mi mano para apagarla. El sol entraba levemente por las persianas. Perezosamente me levantó para notar mi abultado abdomen. Estoy en mi casa en el bosque. Como si hubiera regresado en el tiempo.

Una amplia espalda masculina descansa a mi lado ocupando casi toda la pequeña cama. El cabello rubio cae.

Me levanto rápidamente para detallarlo. Es Ilenko.

Al ir al baño me veo, mi cabello rubio en su tono natural. Parece como si estuviera en los últimos meses de mi embarazo. Sonrió al tener la sensación de que estamos unidos y nada nos puede separar.

— pequeña puta — vuelvo a abrir mis ojos pero todo es diferente

Mi casa ya no está más y ahora fue remplazada por esa sucia celda donde mi vida cambió. Lo miro casi sorprendiéndome por volver a tener su rostro al lado del mío. Las lágrimas me toman dando sol dura a los hipidos recordando su muerte.

Parece irreal poder verlo nuevamente, tengo tanto miedo de cerrar los ojos y que desaparezca. De que si lo toco se esfume.

Como lo hizo estos últimos años, con su presencia, su dolor, su voz, su olor.

— tienes que regresar, yo solo puedo cuidarlo desde las sombras - me dice

~

El sonido intermitente de un monitor cardíaco fue lo primero que Alexandra escuchó al abrir los ojos. La luz blanca del techo del hospital le resultaba demasiado intensa, obligándola a entrecerrar los párpados mientras su mente intentaba recuperar la línea del tiempo. Un dolor punzante en la parte posterior de su cabeza la hizo fruncir el ceño. Levantó la mano con lentitud y sintió un vendaje grueso cubriendo la zona afectada.

—Señorita Trusova, ¿cómo se siente? —preguntó una enfermera al notar que había despertado.

Alexandra tragó saliva y se incorporó levemente en la cama. Su cabeza aún daba vueltas, pero intentó esbozar una sonrisa.

—Estoy bien... creo. ¿Dónde estoy?

—En el hospital de moscu. Usted tuvo una caída mientras patinaba. Un golpe fuerte, pero sin consecuencias graves —respondió la mujer con amabilidad mientras revisaba los monitores.

Alexandra asintió con una mueca. Vagos recuerdos de la pista de hielo volvieron a su mente: el viento helado, el sonido del filo de los patines deslizándose y luego... la caída. Todo encajaba.

—Sí, hace tiempo que no practicaba y parece que subestimé lo resbaladizo del hielo —comentó con tono ligero.

La enfermera sonrió mientras tomaba una linterna y revisaba sus reflejos pupilares.

—Los médicos harán algunas pruebas de rutina para asegurarse de que todo esté en orden —le informó antes de salir de la habitación.

No habían pasado más de diez minutos cuando la puerta se abrió nuevamente. Alexandra giró la cabeza y su estómago se contrajo al ver la imponente figura de Ilenko Romanov cruzando el umbral con paso firme. Su traje negro impecable, su expresión impenetrable y el leve aroma a tabaco que siempre lo acompañaba hicieron que su piel se erizara. Su mirada fría se posó sobre ella, evaluándola con detenimiento.

—Alexandra —su voz grave llenó el espacio—. Hora de irnos.

Ella tragó saliva, intentando no mostrar su nerviosismo. Sabía que negarse no era una opción. Ilenko no era un hombre de muchas palabras, pero lo que no decía lo imponía con su mera presencia. Se levantó de la cama con cautela y tomó la ropa que la enfermera había dejado para ella. Se vistió con movimientos pausados mientras sentía la mirada impasible de él clavada en su espalda.

El viaje en automóvil transcurrió en un silencio denso. Alexandra miraba por la ventana, observando cómo la ciudad quedaba atrás y el paisaje se volvía más solitario y cubierto de nieve. Sabía hacia dónde se dirigían: la fortaleza de los Romanov, una mansión alejada del mundo, oculta entre los bosques de Rusia.

A mitad del camino, la tensión en el aire se volvió más palpable. Ilenko recibió una llamada que atendió en ruso, su tono bajo y severo. Alexandra no entendió todas las palabras, pero sí captó el cambio en su postura, la forma en que sus dedos se crisparon levemente alrededor del teléfono. Cuando colgó, sus ojos oscuros se posaron sobre ella fugazmente antes de volver a mirar al frente.

—¿Algo importante? —se atrevió a preguntar, rompiendo el silencio.

Él no respondió de inmediato. Su mandíbula se tensó antes de responder.

— me necesitan en las vegas—fue su respuesta seca.

Alexandra no insistió. Aprendió hacía tiempo que ciertas cosas era mejor no saberlas.

Al llegar a la fortaleza, una oleada de cansancio la invadió. Sus piernas protestaban por el viaje y su cabeza aún zumbaba levemente. Subió las escaleras de mármol con pasos medidos, sintiendo el peso del ambiente opresivo que siempre envolvía aquel lugar. Iría en busca de su hijo

—Descansa. Te llamaré cuando sea necesario —anunció Ilenko antes de desaparecer por uno de los pasillos.

Alexandra no perdió tiempo en dirigirse a la habitación.

Al abrir las puertas se encontró con un cuarto vacío. Rastros del pequeño se habían esfumado

— y el niño? — encaró a un voyeviki el cual le respondió que regresó al lugar seguro.

La decepción de no poder despedirse o compartir tiempo la invadió. En su habitación la cual también era de Ilenko lo primero que hizo fue quitarse los zapatos y dirigirse al baño. El vapor del agua caliente ya comenzaba a llenar el aire cuando se despojó de la ropa y se sumergió en la bañera. Cerró los ojos, disfrutando del alivio que el agua brindaba a sus músculos adoloridos.

El sonido de la puerta abriéndose la sacó abruptamente de su tranquilidad. Su cuerpo se tensó al ver la imponente silueta de Ilenko en el umbral.

—¿Qué haces aquí? —preguntó con voz firme, aunque el rubor en su piel la traicionaba.

Él no respondió de inmediato. Caminó lentamente hacia ella, su mirada oscura y calculadora recorriendo la escena. Alexandra sintió su pecho subir y bajar con rapidez, su mente dividida entre la incomodidad y una sensación más peligrosa que no quería admitir.

—Asegurándome de que estés bien —dijo al fin, con su característico tono neutro.

Ella tragó saliva, sin saber si confiar en sus palabras. Con Ilenko Romanov, nada era lo que parecía

— lo estoy. Me hubiera gustado despedirme de mi hijo - le dijo el hombre pareció pensar un poco

— no lo podía dejar acá sin estar seguro de que fue lo que sucedió. Él está en un lugar seguro, con los mejores cuidados

— puedo ir a verlo? - los ojos de Alexandra se hicieron más grandes en una cara de súplica

— mmm

— me portaré bien — agregó. El ruso se desprendió el vaquero ante la mirada fija de la patinadora.

No entendía que estaba por hacer el hombre junto a ella en lo que evitaba mirarlo. Su cuerpo tenía ese efecto que hacía empaparla.

La saliva se le alivianó al ver su gran miembro duro. Apoyado sobre se abdomen.

La espuma se movió al momento en que el mafioso se metía en la tina. Alexandra con su brazo volvió a juntar la suficiente para tapar sus pechos.

— lo irás a ver — la alegría en el rostro de la mujer se hizo presente — una vez terminemos en las vegas

||

Se viene las vegas nenas 🔥

Me puso sentimental el momento Ale y Vlad 💔

Alexandra ( Ilenko - t/n)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora