Hanagaki Takemichi, un chico de veinticuatro años que llevaba una vida rutinaria se ve involucrado en el misterioso asesinato de su jefa Minako. Este encuentra el cadáver de la mujer en la oficina en condiciones extrañas. Al llamar a la policía es l...
Buenas mi gente, capitulo recien salidito del horno, literal lo acabo de terminar de escribri, medio lo revise asi que si ven faltas de ortografía perdooon. Bueno, espero les guste mucho y los disfruten, hasta la protxima bayss👋.
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Se mantenía en posición fetal, bajo el abrazo cálido del chico, hacía mucho que nadie lo consolaba de esa manera, se sentía tan protegido pese a estar más vulnerable que nunca. Su vista no se apartaba del anillo con el que jugaban sus dedos, podía sentir las caricias en su cabello y en su espalda, su cuerpo se sentía ligero al dejar el peso de su pasado, su voz rasposa había aparecido imprevista al igual que las lágrimas, de un momento a otro se vio hecho bolita en el pecho de Takemichi. Se sentía bien, seguro, escuchado, que pese al dolor punzante en su pecho la suavidad le recorría cada parte de su ser. Como un niño que se refugia en los brazos de su madre, que sentimiento tan nostálgico.
La habitación estaba oscura, el reflejo de la ciudad apenas traspasaba las cortinas y tocaba su rostro. Sus hipidos y la respiración de su acompañante era lo más audible en la recamara. Había cierta comodidad en todo ello, sabanas que le trasmitían calor, una cama que los mantenía juntos y se sentía ligera bajo ellos. Sus mejillas cosquilleaban, estaba sensible, el solo toque de sus cabellos le erizaba el cuerpo. Sus parpados pesaban por el llanto y el cansancio.
Suspira, coloca el codo en el colchón para apoyarse y poder levantar su torso, su mirada se cruza con esos ojos azulados cristalinos que le dedican un sentimiento indescifrable desde su perspectiva, por primera vez no sabe que es lo que cruza en su mente ni los sentimientos que le albergan. Gira su cuerpo con cuidado, como si un movimiento brusco fuera a romper la tarima y hacerlos caer, evita hacer sonido alguno y se arrodilla frente a él, no le deja de mirar, sus pupilas viajan con cada movimiento que hace. Yace casi recostado, recargando su espalda sobre abultadas almohadas en la cabecera. Un nudo atraviesa su garganta, no sabe que decirle, no sabe si esperar a que él hable, tiene miedo de acercarse, se queda quieto, tanteando el terreno y saber el peligro que involucra cada movimiento, teme por ambos, pero más por sí mismo, su corazón se mantiene de un hilo y teme que se romperá con la brisa.
Se relame los labios, temeroso, nervioso, está indeciso, pasa saliva armándose de valor, ya que no hay palabras que salgan de su boca se limita a extender sus brazos y preguntarle en un susurro "¿Puedo?". Él asiente sin reacción alguna, lo abraza pasando sus brazos por su cuello y escondiéndose en su hombro, siente como se mueve para que se acomoden mejor sus cuerpos, cierra los ojos al sentir nuevamente caricias en su cabellera blanca. Todo se siente tan bien e irreal que teme estar soñando o malinterpretando la despedida. La ansiedad lo ataca haciéndole recordar que este tal vez solo sea el final y terminara de odiarlo.
― ¿Qué quieres hacer? ―pregunta cercas de su oído, su voz sale despacio y monótona, el miedo crece temiendo su odio.
― ¿Seria egoísta pedir seguir así? ―Lo siente negar. Se aferra más a él, no quiere soltarlo.