Hanagaki Takemichi, un chico de veinticuatro años que llevaba una vida rutinaria se ve involucrado en el misterioso asesinato de su jefa Minako. Este encuentra el cadáver de la mujer en la oficina en condiciones extrañas. Al llamar a la policía es l...
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Las voces de sus amigos se amortiguaron cuando sus ojos se enfocaron en su propio reflejo, frente a él había más que un espejo de pie con un marco negro, estaba su propia imagen, de pies a cabeza, no se acostumbraba a ello, las inseguridades y miedos en su cabeza aun lo atacaban, algunos habían disminuido o desaparecido conforme había solucionado sus problemas o hablaba de sus sentimientos, pero a cambio surgían nuevos o crecían aquellos que yacían como ramas de pantano en su interior, entre ellos estaba su apariencia, aun le costaba aceptar su cuerpo, había días en lo que podía notar los cambios y otros en los que se sentía el chico más horrible. Desde la adolescencia su apariencia le causaba inseguridad, aunque no recordaba que fuera algo tan tormentoso como ahora, pero según sus amigos, además de la combinación de los sucesos por los que había pasado los últimos meses, la darkzone también funcionaba como un pozo oscuro que te absorbía a lo más horrible de tu ser con el objetivo de castigarte, la inmortalidad tenía su precio a pagar.
―Te ves increíble― le dijo Smiley con entusiasmo, estaba a su lado ayudándole a colocarse el costoso traje diseñado y confeccionado especialmente para él por parte de Mitsuya, en unas horas tenían que presentarse en su exhibición privada como uno de sus invitados especiales, mostraría su colección para primavera, la gente estaba expectante por ello, después de todo, la segunda vida de Mitsuya era ser un reconocido diseñador a nivel nacional.
―No me acostumbro a verme con trajes tan lujosos― confeso con vergüenza, rasco su nuca mientras que seguía analizando su reflejo.
―Deberías hacerlo, la reina no debería vestir con simples harapos― se burló Kazutora a lo que Baji y los gemelos se rieron. Por alguna razón Takemichi sentía que no era la primera vez que se referían a él de esa manera, pero no lograba recordar donde o quien más le había dicho de esa forma. Como si leyera su mente, Naoto pregunto: ― ¿Cómo que reina?
―Desde hace tiempo que Sanzu se refiere a Takemichi como su reina, es lógico teniendo en cuenta que a Mikey lo llama como su rey, es algo perturbador, supongo que es su forma de decir que te acepta como la pareja de Mikey― explico Smiley, pasaba sus manos sobre el saco de Takemichi una y otra vez como si con ello pudiera planchar las inexistentes arrugas. ―No te lo tomes muy enserio, aunque Sanzu es muy necio cuando se trata de ello, Mikey paso años intentando que no lo nombrara así, al final no le quedo de otra que resignarse.
Takemichi asintió, de momento no le enojaba, pero si sentía cierta incomodidad, pero seguiría el consejo de no tomarle importancia.
La charla continuó de forma amena, todos se arreglaban para la exhibición, Takemichi se permitía disociarse por momentos, era la forma más sencilla de calmar sus nervios ante su aparición en un evento como ese, temía estar fuera de lugar o causar algún desastre, su mente ansiosa le hacía pensar en escenarios fatalistas que le causarían la mayor vergüenza de su vida. Tal vez fueron esos nervios que le impidieron darse cuenta de que las voces de sus amigos se desvanecían y comenzaban a hacerse lejanas. Su vista comenzó a volverse borrosa, sintió que todo a sus pies giraba a su alrededor y que su cuerpo pesaba tanto al punto de hacerlo tambalear y caer sobre el sillón. El resto al darse cuenta se alarmaron y comenzaron a llamarlo, pero no reaccionaba, su mirada se perdía y su cuerpo perdió rigidez, Naoto lo sostuvo de la espalda y los demás seguían intentando hacerle reaccionar. Angry fue el primero en darse cuenta, las manos de Takemichi parecían borrarse en el aire y desprenderse en pequeñas partículas de polvo.