Capitulo 4

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Ryan cerró la puerta del dormitorio con un golpe firme. Podía escuchar el sonido del agua corriendo en el baño contiguo. Kate se las había apanado para colarse mientras él bajaba al coche por las maletas. Todas las mujeres hacían lo mismo.

Dejó caer la maleta en el suelo pero como había alfombra apenas hizo ruido. Buena alfombra, y bonita habitación, pensó. Como el resto de la casa: lujosa pero cálida. En otras circunstancias hubiera disfrutado de ella. En la situación presente, sin embargo, prefería dormir en el coche aunque estuviera nevando. La maleta de Kate estaba sobre la cama. De ella salía algo verde y sedoso. Se preguntó si sería el camisón y si dormiría con él. En realidad le daba igual, no tenía ningún interés. Era imposible que se interesara por aquella mujer después de cómo lo había engañado. Miró la cama. Era bastante pequeña. Con todas las habitaciones que debía haber en la casa y les habían ido a dar precisamente ésa. Les podían haber dado otra con una cama más grande.

Kate salió del baño completamente vestida.

-¿Tienes tu maleta? El no contestó.

-¿Qué significa esto? -preguntó elevando el mentón desafiante de ese modo tan particular suyo

-¿Por qué no contestas? Cruzó los brazos sobre el pecho y habló por fin.

-Ya estamos solos así que no hace falta que sigamos fingiendo.

-Sólo trataba de ser amable -contestó ella apartando la mirada.

-Está bien, pero no tengo ganas de conversaciones amables. Lo único que quiero es dormir y salir de aquí mañana cuanto antes.

-¿Y crees que yo no? Créeme, se me hace largo esperar hasta mañana -dijo acercándose a su maleta y abriéndola. Él la observó por un momento mientras buscaba algo y luego doblaba y volvía a doblar ropa.

-¿Por qué nos ha dado Mary esta habitación con una cama tan pequeña?

-No es pequeña, es normal. Debes estar acostumbrado a camas enormes, pero teniendo en cuenta las circunstancias pensé... ya sabes -dijo poniéndose recta y mirándolo.

-¿Qué pensaste? Mejor sería que no le pidiera que se fuera a dormir a otra parte. Seguro que tenía costumbre de engatusar a la gente con esos ojos verdes, pero con él no le serviría de nada.

-Pensé que no te importaría dormir en el suelo -contestó bajando la vista y luego mirándolo de nuevo.

-Pues me importa mucho. Por si no te has dado cuenta está nevando. Hace demasiado frío para dormir toda la noche en el suelo.

-Normalmente suele haber mantas en el armario.

-Muy bien, en ese caso y ya que te resulta tan molesto compartir esta cama conmigo, recogeremos esas mantas y tú dormirás en el suelo.

-¿Yo? -preguntó Kate sorprendida.

-Sí, tú. Tú eres la que me ha metido en este lío.

-No he sido yo, ha sido Linda. -Permíteme que no esté de acuerdo contigo. Recuerdo perfectamente haberles dicho a Warren y a Mary que no estábamos casados y fuiste tú quien me contradijo.

-Tenía que hacerlo. Pensé que lo comprendías.

-Bien, pues no lo comprendo. Lo único que sé es que me veo aquí prisionero, forzado a fingir que soy el marido de una persona a la que no conozco y a pasar la luna de miel en esta habitación. Creo que sólo por eso me merezco la cama.

Tenía que asegurarse de que ella comprendía bien su posición, así que cruzó la habitación y se tumbó en medio de la cama estirándose todo lo que pudo.

Farsa MatrimonilaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora