Capítulo 30

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El primer año de Lothar Odinson-Laufeyson fue una prueba de paciencia, amor y adaptabilidad para sus padres. La vida en Nuevo Asgard había cambiado con la llegada del heredero del trueno y la magia, y tanto Thor como Loki encontraron en la crianza un desafío tan grande como cualquier batalla en la que hubieran peleado.

Desde las primeras semanas, Loki descubrió que la maternidad no era algo que hubiera anticipado, pero que, de alguna manera, parecía haber estado destinado a desempeñar. Había algo en la forma en que Lothar buscaba su calor, en cómo su pequeño cuerpo se relajaba cuando lo tenía en brazos, que le hacía sentir una conexión más profunda de lo que jamás había experimentado.

Las noches eran largas, y aunque Thor insistía en turnarse para cuidar a Lothar, su hijo a menudo solo se calmaba con la presencia de Loki. A veces, después de horas de llanto, Loki simplemente se sentaba en la mecedora de la habitación del bebé, acomodándolo contra su pecho, y lo amamantaba en la penumbra, sintiendo la respiración de su hijo acompasarse mientras se alimentaba.

Había algo mágico en esos momentos, algo que ni siquiera el propio Loki podía describir con palabras. Sostener a Lothar, sentir su diminuto cuerpo relajarse contra el suyo, escuchar el pequeño sonido de succión y notar cómo su manita se aferraba a su ropa... era una sensación que lo envolvía con una calidez indescriptible.

- Nunca imaginé que esto sería parte de mi vida -susurra una noche, con la vista perdida en la luna que iluminaba la ventana.

Thor, sentado en la cama, lo observaba con ternura.

- Yo sí - responde suavemente- Siempre supe que, si algún día teníamos un hijo, serías el mejor.

Loki sonríe con cansancio, acariciando la cabecita de Lothar mientras el bebé termina de alimentarse y bostezaba.

- ¿Eso crees?

- No lo creo. Lo sé.

Thor se acerca, inclinándose para besar la frente de su esposo y luego la cabecita de su hijo.

- Pero también necesitas descansar, amor mío. No puedes cargar con todo tú solo.

Loki suspira, sabiendo que Thor tiene razón. Pero era difícil desprenderse de esa necesidad primitiva de proteger y cuidar a su hijo en todo momento.

Conforme Lothar crecía, su personalidad comienza a florecer. No tarda en mostrar que había heredado tanto el temperamento apasionado de Thor como la astucia afilada de Loki. Era un bebé despierto, curioso, que parecía estudiar todo a su alrededor con una intensidad sorprendente.

Morgan Stark se convirtió en su sombra, insistiendo en que ella sería su guardiana y que lo protegería de cualquier peligro. Steve y Tony la dejaban pasar tiempo en Nuevo Asgard con frecuencia, y aunque Loki al principio tenía sus reservas, pronto se dio cuenta de que la pequeña tenía un instinto protector casi tan fuerte como el de su padre.

- Es increíble cómo lo cuida- comenta Steve una tarde mientras observaban a Morgan cantarle a Lothar, quien la miraba con ojos grandes y atentos.

-La dejamos sola cinco minutos y ya le está enseñando a lanzar miradas asesinas -añade Tony con una sonrisa- Definitivamente es tu hijo, Loki.

Loki, que observaba la escena con los brazos cruzados, rueda los ojos pero no pudo evitar sonreír.

Pero con la alegría de la paternidad también viene el agotamiento. Loki y Thor apenas tenían tiempo para ellos mismos, pues cada instante de su día giraba en torno a Lothar. Aunque se amaban con la misma intensidad de siempre, la intimidad se había convertido en un lujo que parecía cada vez más inalcanzable.

A Veces El Amor DueleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora