El ala médica estaba sumida en un ambiente de tensión que parecía impregnar el aire. Los sanadores se movían frenéticamente, formando un círculo alrededor de Loki, quien yacía en una cama de curación, su rostro pálido como el mármol y bañado en sudor. Su cuerpo temblaba de manera incontrolable, mientras su vientre, que albergaba a su hijo, parecía una frágil esfera protegida por un seidr inestable y chispeante. La sangre empapaba las sábanas, una señal alarmante de lo crítica que era la situación.
Eir, la sanadora principal, mantenía un semblante firme, aunque su mirada dejaba entrever la gravedad del momento. Extendió las manos sobre el vientre de Loki, invocando un hechizo de estabilización que envolvió la burbuja de seidr en una luz verde suave pero potente. La magia luchaba por calmar el caos interno, mientras el cuerpo de Loki se arqueaba de dolor bajo el esfuerzo combinado de las contracciones prematuras y el desgaste mágico.
- ¡Rápido, necesitamos más refuerzos en la energía de contención! - ordenó Eir, su voz resonando con autoridad.
Dos sanadores más se acercaron, canalizando corrientes doradas de magia hacia el vientre de Loki. Estas se entrelazaron con el seidr verde de Eir, creando un capullo que intentaba sostener la conexión entre Loki y su bebé. Sin embargo, cada vez que la energía tocaba la barrera mágica que Loki había levantado instintivamente para proteger a su hijo, este soltaba gemidos de dolor, su cuerpo completamente exhausto y casi incapaz de sostener la magnitud del esfuerzo.
- Está perdiendo demasiada sangre. Si no logramos estabilizarlo ahora, perderemos al bebé y posiblemente a él también - dice uno de los sanadores, su tono urgente.
- No lo permitiremos - replica Eir, con una firmeza que parecía desafiar al destino mismo.
Thor, que había estado al pie de la cama, observaba con impotencia, su corazón latiendo frenéticamente mientras veía a su esposo luchar entre la vida y la muerte. No podía apartar la mirada del vientre de Loki, ligeramente redondeado, y ahora sabía que allí estaba su hijo, su propio hijo. La idea era abrumadora, y las emociones se entremezclaban: alegría, temor, culpa. Pero sobre todo, una necesidad desesperada de hacer algo.
- ¿Qué puedo hacer? -pregunta finalmente, su voz rota pero cargada de determinación.
Eir le lanzó una mirada rápida, sin detener su trabajo.
- Tranquilízalo. Loki está en un estado crítico y su magia está interfiriendo con el proceso. Si no logramos que confíe en nosotros y libere esa tensión, todo nuestro esfuerzo será en vano.
Thor asiente de inmediato y se acerca al cabecero de la cama. Toma la mano fría y temblorosa de Loki entre las suyas, inclinándose hacia él.
- Loki, estoy aquí. Escúchame, por favor. Tienes que dejar que te ayuden. Confía en ellos... confía en mí.
Los ojos verdes de Loki se abren apenas, brillando con lágrimas y reflejando un miedo profundo. Su voz, apenas un susurro, se quiebra al intentar hablar.
- No puedo... no puedo perderlo...
- No lo perderás - responde Thor, con una convicción que resonaba como una promesa sagrada-. Ambos saldrán de esto, lo juro. Pero necesitas relajarte y dejar que ellos hagan su trabajo.
Las palabras de Thor parecen atravesar la barrera de miedo que envolvía a Loki. Lentamente, el seidr que había estado envolviendo al vientre comenzó a disiparse, permitiendo que la magia de los sanadores trabajara sin obstrucciones. El flujo dorado y verde se intensificó, creando un capullo más fuerte alrededor del bebé y estabilizando las conexiones vitales.
- ¡Está funcionando! - exclama uno de los sanadores, aunque su tono seguía siendo tenso.
- No nos detengamos ahora. Aún hay contracciones prematuras. Si no las detenemos, el bebé no sobrevivirá - dice Eir, apretando los labios mientras aumentaba la intensidad de su magia.
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A Veces El Amor Duele
FanfictionDurante una misión Thor sufre un accidente y pierde la memoria, olvidando su relación con Loki.
