Nota de Autor: Imagino que muchos de los lectores quedaron con preguntas suspendidas por la repentina aparición de Niko, Mick y Monty en escena. Así que este es un pequeño relato de la aventura que Niko tuvo antes de arrebatarle la cámara a Edwin.
Esa fue la noche más larga en la que ambos conversaron lo que había sucedido. Y Niko se había enterado de su propia muerte. Niko se observó con detenimiento en un espejo que había en la sala que Monty le ayudó a ver. El tamaño que tenía ahora era demasiado pequeño, apenas era del tamaño de un diente de león, fue cuando a Niko se le ocurrió una idea.
—Vamos por los duendes dientes de león. Quizás me ayuden a saber algo de este cuerpo.
Monty ladeó la cabeza, pensativo, como si buscara en su memoria el rumbo más cercano. Luego se dirigió hacia una ventana entreabierta, donde el marco astillado dejaba pasar un hilo de viento constante. Con un leve graznido, llamó su atención y la esperó.
Niko abrazó el muñeco que Mick le había dado y que Monty le entregó cuando se conocieron y lo guardó en su bolsillo. Caminó hasta la base de la pared, contemplando el borde de la ventana, que se alzaba como un risco inalcanzable. Monty, comprendiendo, descendió en un suave vuelo, tomó una hebra de cuerda que colgaba del techo y la dejó caer con delicadeza.
Niko trepó con esfuerzo, sus pequeños brazos temblando. Al llegar al alféizar, se dejó caer de espaldas, jadeando.
—Uff... jamás pensé que trepar una cuerda fuera tan difícil... La próxima, prefiero que me cargues, Monty —dijo entre risas, aún sin aliento.
Monty se encogió de aletas con una expresión casi divertida. Niko trepó a su lomo, aferrándose a sus plumas negras mientras el cuervo emprendía vuelo. Planeó a baja altura, dejando atrás la casa de Esther Finch, ahora en silencio. Desde el cielo, el pueblo parecía dormir, ajeno a los milagros y horrores que se habían desatado entre sus calles.
El aire nocturno era cortante, y Niko pronto gritó:
—¡Monty! ¡Ve hacia la carnicería de Jenny! ¡Me voy a congelar!
El cuervo viró obedientemente y redujo la velocidad. La ráfaga helada disminuyó y Niko se abrazó más fuerte al cuervo buscando calor.
Descendieron sobre la ventana del segundo piso de la carnicería, a la ventana que daba a la habitación de Niko, que para suerte de ambos, aún estaba entreabierta. Niko la empujó un poco más para que pudieran entrar. Todo dentro estaba en penumbra. Las pertenencias de Niko estaban siendo guardadas en cajas de cartón, como si su ausencia ya hubiera sido aceptada.
Con la nueva estatura de la joven, todo se sentía inmenso y silencioso.
—Esto va a ser más difícil de lo que imaginé... —susurró al ver lo enorme que se había vuelto todas las cosas a su alrededor.
Monty dio un par de saltos y luego la ayudó a subir hasta la repisa donde estaba el jarrón que solía contener a los duendes dientes de león. Pero al asomarse, sus ojos se abrieron con desconcierto.
El jarrón estaba vacío.
—¿Dónde se fueron? —exclamó la joven mientras tocaba el jarrón donde habían estado los duendes.
Monty graznó suavemente y se acercó a la joven como si quisiera darle un consuelo. Niko acarició de vuelta la base de su pico del cuerpo como si agradeciera el gesto.
—Pensé que aquí podría encontrarlos... —dijo la joven —¿Ahora qué debería hacer?
Durante unos segundos reinó el silencio. Durante unos segundos reinó el silencio. Luego Monty miró por la ventana, donde la nieve comenzaba a caer suavemente. Dio un leve aletazo, señalando el exterior.
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sin titulo todavía
Fiksi PenggemarMi intento de lo que iba a ser un gogogo Fanfic entre Rey gato y Edwin (a veces saldrá Charles) de los detectives difuntos. No me culpes, esta buenísimo el Ship.
