... (Créditos a mi amigui que escribió éste poema)
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La Maldición
Dicen que en noches de luna llena, cuando el silencio muerde la piel, aparecen dos ojos verdes que no miran: envenenan.
Brillan como esmeraldas rotas, como promesas mal cumplidas, y al que los ve, le dejan roto entre deseo y despedida.
Yo los vi, no fue leyenda, bajo un cielo de tormenta muda. Me habló sin voz, con una pena que parecía dulce... y era pura.
Ojos verdes, fuego frío, como el mar que invita y traga. Bajo su hechizo fui testigo de cómo el alma se desarma.
Desde entonces ya no duermo, y si duermo, sueño espinas. La maldición no fue su beso: fueron sus pupilas asesinas.
Porque no matan con cuchillos, ni con gritos ni con balas. Hay quienes matan con sus ojos... Y los suyos, verdes, no fallan.
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Era ya bastante tarde por la noche, pero aún así las luces del campo techado aún estaban encendidas.
A veces ser una persona curiosa te lleva a una vida llena complicaciones, eso importaba?
No, no ahora. Realmente te morias de ganas de entrar y saber si había alguien o solo habían olvidado apagar las luces.
Así que en contra de todo lo que digan los expertos en como salvarte en las películas de terror, fuiste a revisar. Te asomaste por la puerta que estaba abierta, escuchando el sonido de patadas y balones.
- así que si había alguien aquí - Pensaste para tus adentros.
Estabas a punto de retirarte, después de todo ya era tarde y no quería preocupar a tu familia. Pero antes de que te dieras cuenta un balón de fútbol salió volando del palo del arco hacia ti.
Por suerte no te dió, pero eso no te salvó de mirada acusadora que tenía aquel chico de ojos turquesas.
Aterrador.
Aún asi, esos ojos... Tenían algo que te llamaba a mirarlos más... Y eso... No era una buena señal
- Perdón, no era mi intención interrumpirte - Le hablaste aún tu mirada fija en la suya.