Cap 42

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Anteriormente:

"Entonces, díganme cómo han estado todos estos años!", exclamó Raknar con genuino interés, su voz resonando por encima del murmullo del comedor improvisado donde, por primera vez en más de una década, el legendario Equipo Azul se encontraba completo. El aire estaba cargado de esa mezcla extraña de camaradería y tensión que acompaña a los soldados que han sobrevivido a demasiadas guerras y despedidas, y aunque la nostalgia apenas comenzaba a filtrarse en las miradas, la pausa fue abrupta.

Antes de que ninguno de los veteranos pudiera responder, una mano ágil y decidida lo aferró del antebrazo. Raknar apenas tuvo tiempo para parpadear antes de que Linda, la francotiradora temida en todos los frentes, lo jalara con una coordinación letal que en otras circunstancias habría significado un disparo certero o una maniobra evasiva, pero que ahora se traducía en pura, inflexible determinación.

"Oye, oye, ¿a dónde me llevas?", protestó Raknar, más por instinto que por valentía, mientras trataba de no tropezar entre el gentío que llenaba la cafetería de la UNSC Infinity. Las bandejas titilaron, conversaciones se detuvieron y todas las miradas siguieron la escena con ese asombro que sólo despiertan los actos inesperados de quienes parecen hechos de acero puro.

"¡Tú calla!", replicó Linda, sin perder el paso ni la presión sobre su rehén voluntario. Cruzaron el salón entre la confusión y el cuchicheo, desapareciendo tras la puerta automática mientras el resto del universo quedaba, por un instante, fuera.

El Equipo Azul mantuvo la vista fija en la puerta que acababa de tragarse a los dos. Por una fracción de segundo, el silencio fue absoluto. Después vinieron las miradas cruzadas—entre diversión, entendimiento y resignación.

"¿Creen que debamos detenerla?", preguntó Samuel, arqueando una ceja con fingida preocupación, mientras intentaba ocultar una sonrisa. El tono bromista no engañó a nadie.

"No es mejor que no nos metamos en eso —puedo pelear contra todos los enemigos de la humanidad y sus nuevos aliados, pero jamás me meteré en cosas como esa!", sentenció el Jefe, su voz profunda y serena imponiéndose sin esfuerzo sobre el bullicio renovado. Era su manera de poner límites incluso en situaciones que escapaban del reglamento militar.

"Tiene razón, Jefe. Solo espero que el chico sobreviva a lo que sigue", añadió Kelly, su risa amortiguada por el casco parcialmente abierto, mientras el resto del equipo asentía, cada uno recordando el temple de Linda tanto dentro como fuera del campo de batalla. Incluso entre Spartans, había guerras que simplemente no valían la pena.

Mientras tanto, Linda guiaba —o más bien empujaba— a Raknar a través de los laberínticos pasillos de la nave. El acero reluciente de los paneles, el zumbido constante de los sistemas de soporte vital y el eco de sus botas marcaban una ruta inapelable hacia la zona de camarotes de los Spartans, un lugar vedado para casi todos, protegido tanto por protocolos como por esa aura de misticismo que rodeaba a los soldados mejorados.

"Espera, creo que estamos yendo muy rápido, ¡apenas he regresado!", tartamudeó Raknar, su humor luchando por camuflar los nervios evidentes.

"Eso no me importa, y compórtate como un hombre!", replicó Linda, su mirada implacable. Sin más ceremonias, deslizó sus credenciales junto al sensor de la puerta blindada del dormitorio. Las compuertas electrónicas se separaron suavemente, y en un único movimiento lo arrastró al interior, dejando fuera al resto del universo, al menos durante unos pocos y primordiales instantes de humanidad.

Presente:

14 de septiembre de 2560, Zona de Camarotes, UNSC Infinity:

La historia regresa al presente, donde la situación se ha tornado tan insólita como preocupante. El pasillo exterior a la habitación de Linda se encuentra ocupado por el Equipo Azul ataviado con sus armaduras completas, reforzadas y relucientes incluso bajo la luz artificial del corredor, junto a un equipo médico especialmente seleccionado para emergencias Spartan.

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