XXVI

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Un par de risas se oyeron por los pasillos, una cabellera castaña acompañada de dos blancas se divisiban a lo lejos.

Tres sirvientas iban tras ellos, desde que las princesas y el principe estuvieron listos los tres salieron corriendo hacia los jardines.

Cuando por fin llegaron hasta el paisaje verde se dirigieron hacia la figura alta que vestía un traje vino con bordados dorados; el primero en llegar fue Aerys, lanzándose a los brazos de su padre. Aemond lo tomo y lo cargo sobre sus hombros, vio la intención de las niñas de hacer lo mismo.

-Cada día crecen más princesas, me temo que ahora solo puedo cargarlos uno a la vez.-

-Siempre es Aerys, ¿cuándo fue la última vez que nos tocó a nosotras?-

-Él pesa menos.-

Sabía que mentía, desde que lo vio por primera vez lo supo, entendió por que su padre tenía un afecto en particular por su hermana. La diferencia entre su padre y él, era aunque quisiera con un cariño especial al pequeño, no hacia que perdiera su amor por sus dos pequeñas.

Bajo al castaño de sus hombros y lo reemplazo por Nyra, como la pequeña se aferro a su cuello le permitió agarrar de la mano a Senya y Aerys. Los dirigía hasta donde Lucerys estaba.

El castaño estaba bajo uno árbol de olmo, el contraste del color de la madera con sus hebras lo hacia ver angelical, el sol besaba su piel resaltando las mejillas coloridas junto con la frescura que emanaba; los embarazos le sentaban bien, sus caderas se habían agrandado permitiendo que las manos del alfa lo sostuviesen mejor, su pecho había aumentado debido al deber de amamantar lo que hacía que sus pezones rosados resaltarán sobre la superficie; Aemond había aprendido cada rincón de su cuerpo y lo rememorizaba cada que el castaño se cambiaba frente a él o al tomar el baño juntos.

Lucia un vestido sencillo negro, después de terminar tomaría un baño y se arreglaría para la fiesta; miro a la dirección en la que Aemond venía. Pronto empezaría la fiesta y él era el único que faltaba.

Senya fue la primera en llegar hasta su lado, Lucerys acaricio sus hebras blancas peinadas en trenzas, ella y Nyra traian una corona de oro, estaba formada por alambres enrollados para darle forma, entre sus uniones había piedras como rubis y perlas, para finalmente tener un dragon en el centro igual de oro, fue idea de Aemond, quería ser firme con su desición de que una de ellas era su heredera.

-¿Te gusta?-

Aemond solto a Aerys y bajo a Nyra de sus hombros, se acerco hasta el castaño y lo abrazo por la cintura, le dio un beso en la frente. Lucerys asintió y le regreso el beso en la mejilla.

-¿Deberíamos hacer unas para Aerys y Reigan?-Bajo sus manos hasta el vientre.-Después de todo son bendecidos de haber nacido de ti.-

-Basta Aemond.-Lucerys intento alejarlo amablemente.-Un buen Rey no gasta el dinero del pueblo en accesorios costosos, tus hijos ya tienen suficientes.-

Aemond no retrocedió, al contrario, se acerco más a él, tomo su mejilla con una de sus manos y le hizo acercar su rostro.

-Parece que mi esposo no ha entendido bien mi situación.-le dio un corto beso.-Puedo hacer lo que quiera.-Regreso a besarlo.-Hasta lo que él me pida.-

Lucerys lo empujo cuando sintió como su trasero fue tocado.

-Los invitados llegarán pronto, debo ir a cambiarme.-El alfa lo soltó.

-Cuando estés listo me gustaría verte en la sala del trono, antes de que recibas a nuestros invitados.-El omega asintió.

-Ire a prepararme, Reigan aún toma una siesta, cuando se despierte has que lo traigan a donde estamos.-

Love and Dynasty /Lucemond/Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora