XII

1.4K 129 5
                                        

El viaje le pareció eterno, gracias a Laenor había superado el vomitar cada que viajaba en barco, pero eso no superaba su miedo al mar nocturno y sumandole eso las horas parecían eternas.

Cuando desembarcaron en Kings Landing se aseguró de que Mysaria los recibiera primero, ella era sus oidos en todos lados y eso incluía en las desiciones de Aemond, no había sido informado de su llegada por lo que el omega tendría tiempo de llevar a Aerys a sus aposentos antes de que el alfa lo notara. 

Mysaria junto con dos de sus damas se llevaron al bebé en secreto por los mismo pasillos en los cuales Aemond lo arrastro esa noche; mientras caminaba por la entrada del castillo los guardias y sirvientes se alborotaban, hacía más de un año que Lucerys partió en cinta. 

Al entrar al gran salón sus hijas comenzaron a correr por este, se notaba que el lugar se había vuelto más sombrío y lúgubre; apenas la luz se colaba por las ventanas. Nya y Senya no parecían notarlo pues ya estaban sentadas en el gran trono de espadas. 

-Les sienta bien el lugar.-Y ahí estaba, en la entrada con los brazos tras la espalda, con esa sonrisa a secas mientras lo veía a el. 

Sus hijas fueron las primeras en acercarse a él, corrieron hasta los brazos de su padre y lo abrazaron para déspues olfatear su olor. Lucerys se aproximo a sus hija, le acaricó la cabeza a Nyra y luego a Senya, ambas se abrazaban de la pierna del alto; cuando estuvo lo suficientemente cerca pudo oler las feromonas del alfa, un escalofrío paso por su espina dorsal hasta sentir una punzada en su cuello. 

Aemond había estado acumulando sus feromonas en bastante tiempo, el omega pensaba que tal vez el reino le ha impedido disfrutar de las bellezas en la calle de la seda o simplemente no las ha liberado, tendría que tener cuidado de quedarse a solas.

-Me retiró a mis aposentos, las niñas deben de querer tiempo a solas con su padre.-Se alejó de los tres y comenzó a caminar en dirección de las habitaciones.

-¿Y el niño?-El castaño se paralizó, se giró hacia a él.

-¿Quieres conocerlo?¿Para qué?-Ese instinto de protección regreso de nuevo mientras veía fijamente a Aemond.

-No es necesario, solo asegurate de presentarlo ante el reino y el consejó.-El omega asintió, retomó su caminó a la salida del salón. 

Con ansias llegó hasta su haitación, el cunero ya estaba instalado, Aerys dormiría con el, Mysaria se había encargado de ajustar su cuarto para su hijo, no iba a tener sirvientas del castillo a su cuidado soló las que había traido de Driftmark. El salón de juegos estaría cerrado mientras estuvieran ahí y cualquier interrumpción tenía que ser anunciada con un guardia en la entrada. 

Se acercó al cunero donde Aerys estaba dormido, lo tomó en brazos y se sentó en su cama, mientras lo arrullaba le cantaba la canción de cuna que Aemond solia cantarles a sus niñas, era la única que lograba hacerlo dormir sin que se despertara en la noche.

La llegada del castaño había suspendido su vuelo con Vhagar cosa que le molestaba, desde la partida de Lucerys su alfa se ha comortado extraño, y fue peor cuando sintió una punzada por primera vez en el cuello, donde la marca de Lucerys debería ir, sus colmillo salieron a la luz y la invasión de un deseo por ir a buscar a su omega lo invadio. 

De inmediato salió a la calle de la seda, recuerda a ver pedido a varias omegas y ninguno serle de utilidad, los mordía con desesperación hasta hacerlos sangrar solo así su deseo desapareció; nada cambio solo empeoró, cada vez le costaba más estar con omegas y la liberación de fermonas se volvia más dificil, su cuerpo parecía retenerlas sin sentido alguno. 

O eso pensaba, cuando entró al salón pudo oler el aroma dulce de Lucerys, de poco en poco sus feromonas se fueron liberando; cuando sus hijas corrieron hacia el debieron notar su olor pero cuando el castaño se aceró una ola de su aroma lo golpeó, tambien debió de notarlo porque de inmediato retrocedío.

Love and Dynasty /Lucemond/Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora