Traía de la mano a Aerys mientras se dirigian al cuarto de Aemond, apesar de que le costara aceptar Aerys se veía feliz estando con el alto y las niñas disfrutaban mucho de estar con los dos.
Le dolía constantemente el imginar y pensar lo que alguna vez fue su familia y deseaba que la suya lograra ser eso, pero en su memoria aun estaba ese día, tenía pesadillas sobre las manos que lo tocaron, sobre lo solitario que se sintió al despertar y de lo triste que se sintió cuando Aemond lo rechazó al regresar por estar embarazado.
Pero ahora, todo había cambiado; Aemond solía ir en las tardes a sus aposentos en busca de Aerys para leerle o jugar con él, incluso lo llevaba a dar paseos junto con sus hermanas; el desayuno en el jardín se sintió como un sueño en donde el alfa y el eran la pareja que siempre quiso y con quien tuvo sus hijos.
Y eso le asustaba, Aemond solía verse como un niño que necesitaba cariño y eso hacía que su corazón se hablandara, pero luego recordaba que el alto era el mismo que mató a sus hermano, que lo llevo a zona de placeres y quien le insinuó deshacerse de Aerys.
Odiarlo le resultaba más difícil, había empezado a mandarle regalos con los niños, traían collares, anillos, todo lo que pudiera vestir pero había algo que hizo el corazón de Lucerys latir y que fue Mysaria quien se lo dijo.
El Rey había acabado con todas las zonas de calores en la ciudad, y quien se atreviera a hacer una con omegas obligados sería decapitado públicamente.
Mysario también le dijo que desde el incidente Aemond se había encargado de investigar una por una hasta llevarlas a su fin, matando en el paso a alfas y betas que forzaban a los omegas.
En la mente del castaño, quería pensar que era su forma de disculparse ante lo ocurrido, era su forma de redimirse.
Y con ello solo hacia que el se cansara de despreciarlo.
Al llegar los guardias bloqueban la puerta al ver al pequeño niño ya sabían que debían abrir; lo primero que los recibió a los cuatro fue la feromonas del alfa, intensas que se filtraban por la nariz y penetraban el interior del cuerpo hasta dejarte quieto.
Aerys aun no le afectaban de esa manera, por lo que corrió hasta llegar a lado de Aemond quién estaba de pie apoyado sobre una mesa con la cabeza gacha; el niño lo abrazó por la pierna y pacientemente espero a que el alto lo mirara.
Cuando despertó del momento, corrió hasta donde el niño estaba y lo intento separar del mayor pero el pequeño se aferraba, Lucerys se agacho a su altura.
-Aerys, te acuerdas que le comente a tus hermanas que Aemond y yo solemos estar enfermos por un tiempo y necesitamos estar solos por su bien.-
El pequeño asintió
-Aemond empezó a enfermarse por lo que debes dejarlo.-
Soltó la pierna del alto y extendió su mano hacia el castaño.
-¿Quedarte con él?-
Lucerys tomo la mano de su hijo, miro hacia a donde estaba Aemond, su mirada estaba sobre la mano que sostenía la del pequeño, su respiración era pesada, en sus ojos se veía que resistia el ceder a su celo.
-Alguien debe de cuidar de él.-
Abrazo a su hijo contra si y camino hacia donde estaban los guardias ambos parecían esperar alguna solicitud, con mucho cuidado le dió a uno en brazos a Aerys, le beso la frente y se despidió de él.
-Llevenlo con sus hermanas, avisen a la mano y a Alicent para que los cuiden.-
Se dió la vuelta e ingreso de nuevo pero esta vez las puertas se cerraron a su espalda.
-¿Dónde está el maestre?-
Aemond había hablado, su postura estaba mas rígida, su olor se impregnaba mas sobre el castaño, sentía pequeños espamos sobre su cuerpo conforme veía al alto acercarse a él.
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Love and Dynasty /Lucemond/
FanfictionUna dinastía regida por diferentes tipos de amor, un consuelo único, una cadena consensuada y ante todo dos dragones que se pertenecen. Un matrimonio arreglado entre el Rey Aemond y el príncipe Lucerys, alfa y omega con deseos diferentes.
