Ahí estaba él, solo nuevamente, intentando encender un cigarrillo, sus manos temblaban torpemente, no exactamente por el frío del mar, sino por una frustración densa y persistente que le apretaba el pecho como un puño invisible, como si algo dentro de él exigiera salir y no encontrara la forma, tomó el cigarro entre sus labios, logrando encenderlo hasta el tercer intento, los dedos torpes, la respiración irregular, y aspiró, aspiró con demasiada prisa, con una urgencia casi desesperada, como si el mundo fuera a acabarse si no llenaba sus pulmones de algo, de lo que fuera
Pasaron apenas unos segundos antes de que comenzara a toser violentamente, doblándose sobre sí mismo, encorvando la espalda, escupiendo humo, dolor y vergüenza al mismo tiempo, como si cada bocanada sacara a la superficie todo lo que llevaba años guardando
El sonido de unos pasos acercándose lo hizo aguantar, tragar el humo en seco y guardar silencio, los zapatos negros se detuvieron a su lado, demasiado cerca para ser casualidad, el ruido constante de las olas golpeando el barco, el balanceo suave pero insistente de la madera bajo sus cuerpos, ese hilo delgado de humo elevándose lento, torcido, como una confesión mal dicha, el rubio se sentó junto a él, recostándose contra la madera con una naturalidad que le revolvía la cabeza, que le desordenaba los pensamientos, estiró la mano sin pedir permiso y le quitó el cigarro de entre los dedos
-Oye… eso es mío
-Ahora es mío
El par de rubios miraba a la nada, al horizonte interminable, el mar parecía infinito, como si pudiera tragarse todo sin preguntar, incluso a él, o quizá a ambos, Sanji quería hablar, lo necesitaba con una urgencia que le quemaba la garganta, pero no sabía cómo empezar, ni si tenía derecho a hacerlo, ni si aquel niño estaría dispuesto a escucharlo
Aspiró del cigarro robado, más para darse valor que por costumbre, dejó escapar el humo lentamente, como quien intenta ordenar el caos antes de hablar
—Niño… apóyate en mis recuerdos
El menor giró el rostro de golpe, sus ojos azules lo recorrieron con desconfianza, cargados de molestia, una pizca de miedo y algo muy parecido al odio, el odio de quien, desafortunadamente, aprendió demasiado pronto a defenderse del mundo, el odio de quien solo quería ser feliz y recibió golpes en lugar de respuestas
-Intenta dormir en paz
-Yo duermo en paz
El mayor dejó escapar una risa suave, cansada, amarga, y negó con la cabeza
-No, no duermes en paz -hizo una pausa, midiendo cada palabra antes de continuar- siento el peso en tu conciencia por el llanto de mamá
El mundo del niño se resquebrajó ahí mismo, su estómago se hundió como si el barco hubiera perdido el equilibrio por completo, como si el mar se abriera bajo sus pies, sus ojos se llenaron de lágrimas rebeldes que, con puro enojo, contuvo, apretó los puños con fuerza hasta que los nudillos dolieron, bajó la mirada hacia la madera gastada del piso, el peso de todo lo que nunca había dicho amenazando con rebasarlo
-Tú no sabes nada… -murmuró, con la voz rota, cargando un dolor que ni en sueños debería pertenecerle a un niño tan joven como él
-Vi que el miedo al abandono no te deja respirar
El niño levantó el rostro, incrédulo, Sanji adulto lo miró de frente por primera vez, sin huir, sin bajar la mirada, era él, el mismo cabello rubio mal cortado, las cejas fruncidas como defensa constante, los hombros tensos como si esperara un golpe en cualquier momento, era su reflejo exacto de cuando acababa de llegar con Zeff, cuando todavía no sabía si ese hombre enorme le haría daño o simplemente se iría como todos los demás
-Siento el nudo en tu panza cuando te hablan de… “papá”
Las lágrimas comenzaron a caer, silenciosas y pesadas, el niño no sollozaba, no se lo permitía, solo dejaba que el llanto escapara como una rendija mal colocada, mínima pero constante, en aquel silencio donde solo estaban ellos dos, Sanji adulto apagó el cigarro contra la madera, como si no quisiera más humo entre ambos
-No llores solo -susurró- ya lo hiciste demasiado tiempo
-¡No me trates así! -explotó el niño- ¡No sabes lo que es, no sabes lo que duele!
-Claro que lo sé -la voz del adulto no tembló ni un segundo, firme, logrando silenciar al menor- porque yo lo viví, y seguí viviendo con eso hasta hace… poco
El silencio fue tan abrumador que por un momento parecía que incluso el mar se inclinaba a escuchar
-Niño… haz las paces con la vida, no es de piedra el pastizal
-Mentira… mentiroso, todo… todo duele
-Sí, claro que duele cuando uno es pequeño y nadie explica nada, cuando te enseñan que llorar es perder, cuando te dicen que no sirves para nada, cuando el amor viene con más instrucciones que sonrisas, con más miedo que ternura
El niño se abrazó las rodillas, encogiéndose, intentando reprimir lo que llevaba años guardando, porque claro que no quería mostrarse débil, nunca le enseñaron que podía hacerlo
-Yo solo quería que ellos…
El adulto tragó saliva, miró un momento al mar, suspiró pesado antes de hablar
-Ellos cambiaron, no todos, no como hubiéramos querido, pero cambiaron, ahora tenemos a un viejo gruñón con una pierna menos, una cocina ruidosa y cálida, un lugar al que llamar hogar, un sueño
-¿Un sueño? -se burló el niño, con la voz quebrada- yo no tengo sueños
-La nostalgia de tu antes no te deja caminar,estás tan ocupado sobreviviendo, pensando quién te hará daño después, que no te permites imaginar, no te crees digno de algo bueno
El niño negó con la cabeza, encerrándose un poco más en sí mismo, el adulto cerró los ojos un instante, el viento sopló más fuerte, el niño respiraba con dificultad mientras procesaba lo que no quería decir
-A veces… quiero dormirme y no despertar
Sanji adulto sintió el golpe como una patada en el pecho, claro que lo sabía, esa sensación también lo visitaba de vez en cuando, no quiso mentirle, no a él
-Lo sé… sé que te quieres dormirte para no volver a despertar, pero también sé que sigues aquí, que aquí estamos, y que aquí estaremos
-¿Por qué no me fui entonces?
Sanji sonrió con tristeza y negó con la cabeza
-Porque un día te levantaste y entendiste que las cosas habían cambiado, que ya no tenías que estar alerta todo el tiempo, que nadie iba a pisotearte, que ya no estabas con ellos, que ahora solo eran sombras lejanas, y que podías permitirte ser feliz
El niño levantó la vista y, con una voz baja y temblorosa, habló
-¿De verdad mejora?
Sanji pensó en todas las cicatrices, en cada pérdida, en cada noche sin sueño, en cada momento de miedo, en las veces que sus piernas corrieron solas hacia aquel hombre que lo salvó
-No se vuelve fácil, pero se vuelve real, serás feliz, y cuando menos lo esperes, tendrás a alguien que te amará más que nada en el universo
El niño dudó, y finalmente apoyó su cabeza contra el hombro del adulto, Sanji se quedó quieto, no huyó, no lo haría nunca más
-No estás solo, ya nunca estás solo, incluso cuando lo deseas, siempre hay alguien contigo, y ese alguien te ama con todo su corazón
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One Shit (All x Sanji)
Fiksi PenggemarRecopilación de escritos e ideas que no me dan para una historia completa y tampoco puedo agregar a las historias que ya tengo
