Agua. Gritos. Asfixia. Es lo que soñaba cada noche Alice Morgan desde hacía dos años. El sueño se volvía a repetir una y otra vez y siempre se despertaba gritando. Eran recuerdos del día que perdió a su marido, Nick Williams, en un fatídico accidente de coche.
El matrimonio se encontraba discutiendo sobre qué emisora elegir mientras que su hijo, Dylan, de tres años, se estaba entreteniendo mirando asombrado el paisaje nevado de Canadá. Después de unas pequeñas vacaciones que la familia se había tomado, volvían a casa. Era de noche cuando salieron del hotel. La carretera parecía desértica y solitaria mientras que una emisora de jazz impregnaba el ambiente con el sonido de un saxófono. Alice estaba bromeando con su marido sobre los suaves ronquidos de su hijo cuando vieron unas luces que se aproximaban por el carril contrario. Mientras las luces se acercaban, vieron que se trataba de un enorme camión, de esos que transportan mercancías y que iba haciendo eses por la carretera. Tanto Alice como Nick vieron, con pánico, que el vehículo se aproximaba hacia ellos a gran velocidad. En cuestión de segundos, su marido intentó girar el vehículo para evitar el inminente golpe pero no llegó a tiempo. El impacto retumbó en sus tímpanos y sacudió todo su cuerpo. El coche salió fuera de la carretera y dio una vuelta de campana cayendo en el río. Después de un instante de desorientación, un extraño frío les recorrió por todo el cuerpo. Pequeñas brechas en las ventanillas provocaron que el agua helada, se filtrara. Dylan lloraba desconsoladamente mientras sus padres intentaban desabrocharse los cinturones. Pero era inútil. Nick estiró el cinturón de su mujer hasta que ese se rompió.
-Intenta desabrochar el cinturón del pequeño, cariño- dijo él, mientras intentaba zafarse de su cinturón. El agua iba subiendo más rápido y sabía que, si no hacían algo, morirían.
Alice desabrochó el cinturón del pequeño sin ningún esfuerzo. Con su hijo en brazos, intentó quitar el de Nick, pero este no cedía. Su desesperación llegó al límite cuando vio que el agua, estaba a punto de sumergirles por completo. Dylan aun lloraba y ella no podía sacar el maldito cinturón.
-Escúchame Alice- dijo Nick con los labios morados a causa del frío- intenta abrir alguna puerta con lo que sea. Si sigues intentando liberarme, moriremos todos.
Alice empezó a dar patadas en el vidrio del coche para hacer las grietas lo suficientemente grandes para poder salir. Lo intentó con todas excepto la de su marido, sin ningún éxito. Cada vez les costaba más respirar. El pequeño tenía pequeños temblores que preocupaban a sus padres. Alice, sabiendo que era la única esperanza de poder salir vivos de aquello, golpeó con fuerza la puerta de su marido hasta que una grieta, se fue haciendo más grande hasta que la ventana se rompió totalmente. Un torrente de agua entró de golpe, sobresaltándolos. Solo faltaba liberar a su marido y la pesadilla habría terminado. Pero sus intentos eran vagos. No podía. Su marido lo sabía. Por eso le cogió las manos, ya sumergidas, y le habló de la forma más tranquilizadora posible.
-Alice tenéis que salir de aquí. Dylan no aguantará mucho tiempo y tú tampoco. Ahora marchaos. Intentaré salir pero no sé si lo conseguiré. Estaré más tranquilo si sé que estáis fuera de aquí. Os quiero- terminó diciendo Nick besando a su mujer y a su hijito.
Su mujer sabía que tenía razón. Con una última mirada a su marido, con sus cabellos negros y los ojos azules que tanto le habían enamorado, salió. El problema era que el agua fría le impedía nadar con facilidad. Además, tenía su hijo en brazos y una extraña sensación de cansancio le hacía cerrar los ojos. Pero tenía que ser fuerte. Quería salir a la superficie y ver cómo su marido les cogía la mano. Unos segundos más tarde, pudo salir al mismo tiempo que veía unas luces rojas y azules y oía unas sirenas. Estaban salvados. Intentó salir pero las piernas le pesaban demasiado. Los párpados se le iban cerrando mientras unas voces se aproximaban. Unos fuertes brazos agarraron a la madre y el hijo y una densa oscuridad la absorbió.
Le parecía que estaba durmiendo pero unos recuerdos le iban viniendo a la cabeza. Ella transportada en ambulancia, en una cama y con paredes blancas, su madre a su lado diciéndole que todo saldría bien... Pero en aquellos momentos de lucidez, solo podía pensar una cosa: ¿Su familia estaba viva?
La respuesta la tuvo dos días más tarde, cuando se despertó totalmente, aunque un poco desorientada. Vino un médico y le dijo que había sufrido una hipotermia severa, pero que ya se encontraba bien. Eso le había provocado un estado de inconsciencia. El mismo médico le dijo con el mayor tacto posible que su marido no había podido salir del coche. De golpe, le asaltaron los recuerdos de lo que había sucedido. El monitor donde estaba conectada empezó a emitir pitidos de forma rápida, que simulaba sus propios latidos.
-¿Dónde está mi hijo? ¿Se encuentra bien? ¿Cuándo podré verle?- Alice repetía esas tres preguntas mientras su corazón latía más rápido. Vio que el médico intentaba tranquilizaba pero sin éxito. La mujer vio una jeringuilla, como si hubiera aparecido por arte de magia, y sintió un dolor sordo. Después, sintió un adormecimiento y luego, la calma.
Se despertó en su antigua cama, en la casa donde había vivido durante su niñez. No sabía cómo había llegado hasta allí. Las paredes aun conservaban el color melocotón, aunque estaba un poco desvaído. Por toda la habitación, había pósters de antiguas bandas de músicas. Una colección de peluches, la saludaban desde el otro lado de la habitación, sobre una estantería.
Bajó las escaleras y se encontró a su madre, que la miró con alegría. De pronto, sintió que alguien lloraba y subió hasta la habitación de invitados. Allí se encontró a su pequeñín. Tenía los cabellos marrones como ella y los ojos azules del padre. Un vacío se instaló en su corazón: Dylan crecería sin su padre.
Los días iban pasando. Se tenía que tomar unas pastillas para asegurar la recuperación completa. Su madre, Lucy, de sesenta años, no la dejaba salir mucho de casa porque los médicos le habían advertido que estaría una temporada con una gran fatiga. De vez en cuando, Alice salía para comprar algo pero Dylan no. A veces se lo quería llevar con ella pero lloraba hasta que su madre desistía la idea. Estaba muy inquieto y no quería que nadie aparte de su madre, le cogiera. Cada vez que Alice le preguntaba a Lucy si quería cogerlo, el niño lloraba cada vez más fuerte. Necesitaban un cambio de aires.
Un año más tarde Alice dejó una nota a su madre, que había ido a comprar, diciéndole que se mudaban. También decía que la decisión la había tomado hacía pocos minutos y que quería marcharse sin tener que darle explicaciones, por miedo a que se lo replanteara. Finalmente, le escribió que la quería mucho y que, tan pronto como se hubieran instalado, la llamaría.
Quería empezar de nuevo.

ESTÁS LEYENDO
Desaparecido
Mystery / ThrillerLa desgracia vuelve a casa de Alice la madrugada del 2 de julio cuando su hijo de cinco años es secuestrado. Después de perder a su marido en un accidente de coche un año y medio antes, no quiere volver a experimentar el sentimiento de pérdida. Por...