13; dormido

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Marco había llevado a Ace a su habitación cuando vio que volvió a dormirse por su narcolepsia en medio de la fiesta. Claro que recibió varias burlas por parte de Thatch y varios tripulantes más, además de miradas cómplices de su capitán, pero no podía importarle menos.

Marco cerró la puerta con el pie, con cuidado de no hacer ruido innecesario. El murmullo lejano de la fiesta quedó amortiguado al otro lado. El rubio suspiró apenas, acomodando mejor el peso en sus brazos antes de acercarse a la cama.

—Qué problemático eres yoi —murmuró, aunque sin ninguna molestia real en la voz.

Se inclinó lo suficiente para dejar a Ace sobre el colchón con un cuidado inusual en él.

Se sentó en la orilla, observando en silencio cómo el pecoso dormía, relajado, sin ese ceño fruncido que solía cargar todo el tiempo cuando apenas había llegado al barco, respirando lentamente. Esta vez tenía la oportunidad de admirarlo todo lo que quisiera y no la iba a desaprovechar.

Contó las pecas que cruzaban sus mejillas, vió las pestañas largas que descansaban junto con sus ojos, observó cómo sus labios se entreabrían apenas con cada respiración tranquila, cómo el ritmo de su pecho subía y bajaba sin prisa. 

Recordó cómo era cuando llegó al barco. Reacio a todo, gruñendo a cada persona que se le acercara y sin confiar en absolutamente nadie.

Y ahora estaba allí, quieto.

Marco dejó escapar una pequeña risa—. Quién te viera yoi.

Estiró la mano casi por inercia, terminando por apartar un mechón de cabello de su rostro. Sus dedos apenas rozaron su frente al hacerlo, y el gesto, aunque simple, se sintió extrañamente íntimo.

—Realmente eres idiota, Ace yoi —murmuró concentrado en su rostro—, no puedes ser la única persona que no se haya dado cuenta aún de lo rápido que haces que mi corazón se acelere.

El eco de su propia confesión se quedó flotando en la habitación. Esbozó una pequeña sonrisa, burlándose de sí mismo.

—Qué ridículo yoi.

Sus dedos, que aún estaban cerca, se movieron apenas por inercia, rozando otra vez ese mechón oscuro, acomodándolo con una suavidad que no se permitía con nadie más.

—Ni siquiera estás escuchando... —volvió a murmurar, y había algo extraño en su tono. Algo entre alivio y decepción.

Se incorporó un poco, obligándose a poner distancia, aunque mínima. Pasó una mano por su cabello, desordenándolo más de lo que ya estaba, como si eso ayudara a despejarse. Se levantó, pero antes de alejarse del todo, su mano dudó sobre la manta y terminó por subirla un poco más, cubriéndolo mejor.

—Descansa, Ace yoi—murmuró, estuvo a punto de acercarse y dejar un beso sobre su frente, pero se contuvo.

Luego salió de la habitación, cerrando la puerta en el proceso.

Mientras tanto, alguien había llevado una mano a su pecho, un poco a la izquierda, justo donde estaba su corazón que latía fuerte y con velocidad. Apenas se aseguró que el comandante había salido de la habitación se sentó de golpe con mil y un pensamientos rondando su cabeza y su rostro poniéndose cada vez más rojo.

«Marco... ¿me ama?»

UFF, LA INSPIRACIÓN VINO FUERTE HOY GENTE

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UFF, LA INSPIRACIÓN VINO FUERTE HOY GENTE

Estamos casi acabando con esto, wuuuuu, por fin

LO NOTARON, VDD? ESTOY APRENDIENDO A NARRAR DESCRIPCIONES COMO POETA, WUUUUUU, TOY SUPEL JAPI ✨✨✨✨✨✨

Yayayayya, creo que ahora mismo me pongo a escribir el siguiente... CREO

Chaooooo

cursed blood | maraceHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora