La mañana siguiente había llegado demasiado rápido y Ace no había dormido nada, la frase que había escuchado mientras fingía dormir no salía de su cabeza. Cada que cerraba los ojos volvía a escuchar su voz, volvía a sentir su roce, volvía a repetir lo mismo una y otra y otra vez.
"...lo rápido que haces que mi corazón se acelere."
—Maldición... —gruñó contra la almohada, hundiendo la cara en ella y casi lloriqueando por lo mucho que estaba pensando.
¿Cómo era posible que lo amara teniendo la sangre maldita? Ya sabía que probablemente eso no le importaba, pero aun así no se sentía con el derecho de que lo amara, y menos alguien como Marco.
—No tiene sentido —murmuró, con el ceño fruncido—. Debería importarle.
Porque a él le importaba. Siempre le había importado. Esa sangre maldita, ese peso que llevaba por culpa de su linaje.
Ace cerró los ojos con fuerza, girándose de lado como si intentara escapar de sus propios pensamientos e intentara ignorar lo mucho que le dolía su corazón en ese momento.
Estaba enojado. Si Marco lo mirara con desprecio, si lo tratara como alguien que no merecía estar ahí sería todo muchísimo más fácil. Porque podría enfadarse, podría alejarse, podría seguir como siempre lo había hecho con todo.
Pero no era fácil esta vez, porque Marco lo cuidaba, lo buscaba, lo entendía sin pedir nada a cambio. Lo amaba.
Se sentó restregándose el cabello de manera muy brusca con ambas manos antes de tomar su almohada y tirarla a la puerta mientras gritaba frustrado.
—¡¡Aghh!! ¡¿Por qué tenía que ser así?!
—Ace, ¿estás bien yoi? —Marco preguntó desde la puerta y agarrando la almohada que se le había sido lanzada con anteriorirdad.
Pues resultaba que mientras Ace estaba perdido en las islas de intensamente, el comandante había ido a buscarlo para que fuera a desayunar a petición de Thatch.
Su cuerpo se tensó al instante mientras giraba la cabeza muy lentamente. Allí estaba Marco, quieto y con una ceja alzada.
—¡Nada, no ha pasado nada! —como si estuviera en automático, el pecoso se levantó y se dirigió a la puerta, pasando de largo al comandante como si no hubiera nadie allí.
El rubio sólo lo miró bastante extrañado, pero lo dejó ir porque supuso que era debido a la situación en la que lo había encontrado. Dejó la almohada en la cama del muchacho y salió de la habitación con dirección al comedor donde suponía encontrar al pecoso.
Pero cuando Marco llegó al comedor Ace no estaba.
Thatch alzó la vista apenas lo vio entrar, con una ceja arqueada—. ¿Y el niñito problema? —preguntó, apoyando el mentón en su mano.
Marco tomó asiento como si nada, sirviéndose algo de beber.
—Se me escapó yoi.
—¿"Se te escapó"? —repitió, divertido—. No sabía que ahora había que atraparlo.
—Hoy sí, al parecer yoi.
Thatch soltó una risa.
—Ah, esto se está poniendo interesante.
Marco no respondió, pero sus ojos recorrieron el lugar una vez más, confirmando lo obvio.
No estaba.
Por otro lado, Ace sí llegó al comedor, sólo que mucho más tarde. Lo suficiente como para no tener que encontrarse a Marco en el camino o en el lugar, pero no calculó bien porque Marco seguía ahí.
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cursed blood | marace
Fanfiction𝐂𝐔𝐑𝐒𝐄𝐃 𝐁𝐋𝐎𝐎𝐃 | porque se sentía inseguro al sentir que no era suficiente para el primer comandante, después de todo, era un error; tenía la sangre maldita ¿y quien amaría a un defecto como él?
