Solo la agrego por si mucho mas adelante deseo continuarla.
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Sinopsis:
Tras la derrota del Nogitsune, la paz parece haber regresado a Beacon Hills. Para la manada, es tiempo de sanar; para Stiles, es el inicio de una condena silenciosa. Mientras finge ante su padre y la manada que el rastro de la posesión ha desaparecido, Stiles se consume en una depresión asfixiante, convencido de que su existencia es una carga manchada por la sangre de los que cayeron.
Sin embargo, algo antiguo y hambriento ha despertado en las sombras. Una amenaza que no busca el caos, sino la apatía, alimentándose de los traumas y culpas no resueltos de aquellos que han tocado lo sobrenatural.
Cuando Stiles se convierte en el primer objetivo de estas entidades, descubre que el único que no lo mira con lástima, y el único capaz de ver la oscuridad que lo acecha, es Derek. Obligados a una alianza forjada en la necesidad y el aislamiento, ambos deberán enfrentarse a un ritual de verdad absoluta que desnudará sus secretos más profundos.
En una carrera contra el tiempo para evitar que la manada se convierta en parte de esta amenaza, Stiles y Derek descubrirán que la única forma de sobrevivir es aceptar el vínculo que siempre estuvo ahí, esperando entre las sombras y las verdades nunca dichas.
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Capitulo: 01
La luz de la luna que se filtraba por las persianas de la habitación de Stiles no iluminaba; simplemente delataba el polvo suspendido en el aire, partículas estáticas que parecían moverse tan poco como él. Stiles llevaba exactamente dos horas y catorce minutos contando las imperfecciones del estuco del techo. Había una grieta cerca de la lámpara que juraría que se había ensanchado un milímetro desde el martes, o tal vez era su imaginación, que ahora funcionaba a una velocidad distorsionada, lenta para lo importante y frenética para el dolor.
Se sentía pesado. No era el cansancio común de quien ha dormido poco, sino una gravedad artificial que parecía tirar de sus huesos hacia el centro de la tierra. Cada músculo le quemaba con una vibración sorda, un eco físico de los gritos que ya no soltaba. Su mente era un laberinto de espejos rotos donde cada reflejo le devolvía la misma imagen: sus propias manos manchadas de una sangre que, aunque ya no estaba allí, seguía tiñendo sus poros. La culpa no era una emoción; era un parásito, un organismo vivo que se alimentaba de su ritmo cardíaco y le recordaba, con cada latido, que Allison estaba muerta, que Boyd estaba muerto, y que él, el receptáculo de aquel vacío, seguía respirando.