Derek permanecía estático, con las garras aún desplegadas, mientras su mirada oscilaba entre el chico que tenía sometido y el recién llegado. Eran reflejos exactos: la misma mandíbula tensa, el mismo brillo de obstinación en los ojos.
—¡¿Qué demonios les dije?! ¡Que se quedaran en el maldito auto! —vociferó Mitch, el chico sujeto por el cuello, rompiendo el estupor general con un grito que denotaba más frustración que miedo.
Derek no lo soltó, pero su expresión era una máscara de absoluta perplejidad.
—Lo siento, Stuart estaba preocupado —respondió el nuevo joven, Thomas, con una calma que resultaba irritante dadas las circunstancias—. Dijo que no lograrías hacerlo hablar, así que me mandó a ver cómo ibas.
Con una parsimonia casi insultante, Thomas se sacudió el polvo de la chaqueta y extrajo un arma de la pretina de su pantalón. La explosión anterior todavía dejaba ecos en el bosque, y el olor a azufre se mezclaba con el sudor frío de la confrontación.
—Lo tengo resuelto, solo... solo vete —masculló Mitch, agachando la mirada mientras cerraba los ojos con fuerza, contando mentalmente hasta diez para no estallar contra su propio hermano.
—¿De verdad? —Thomas arqueó una ceja, evaluando la imponente figura del lobo—. Ese lobo se ve bastante grande, dudo que puedas tú solo con él. Además, creo que Stiles tiene mucha información de ellos; sería el más indicado aquí que tú...
—¡Maldita sea, Thomas! ¡Estoy en medio de un interrogatorio mientras soy secuestrado, solo lárgate! —el grito de Mitch resonó en los árboles, pero la lógica de la situación parecía habérsele escapado de las manos hacía mucho tiempo.
Derek, en un gesto cargado de ironía, esbozó una sonrisa amarga y negó con la cabeza. La situación había pasado de ser una amenaza a un caos doméstico surrealista.
—Realmente no pienso que ninguno vaya a hacer algo, así que... —Derek relajó la presión en el cuello de Mitch y, con un movimiento rápido y preciso de sus garras, cortó las cuerdas que le ataban las muñecas—. Váyanse, antes de que me arrepienta.
Se dio la vuelta, dándoles la espalda con desprecio, dispuesto a internarse en la penumbra del bosque. Tanto Thomas como Mitch intercambiaron una mirada fugaz, una comunicación silenciosa que solo los años de compartir el mismo ADN podían forjar.
—¡Alto! —Thomas niveló su arma con pulso de acero—. No puedes irte —exigió.
Derek detuvo su andar en seco. Sus hombros se tensaron y emitió un suspiro cargado de una paciencia que se agotaba.
—¿Que no puedo irme? Escuchen, gemelitos, no tengo tiempo para este tipo de juegos de hermanos. Tengo algo importante que hacer, así que...
No pudo terminar la frase. Mitch, libre de sus ataduras, extrajo con agilidad un frasco oculto en su bota. En un movimiento fluido, corrió alrededor del Alfa esparciendo un polvo ceniciento. El círculo se cerró de forma perfecta.
Derek intentó dar un paso, pero una barrera invisible e inamovible lo golpeó. Serbal. El color rojo de sus ojos volvió a encenderse, esta vez con una furia renovada.
—¿Qué tan estúpidos pueden ser para creer que esto me detendrá? Mi manada está afuera...
—Estaba —sentenció Thomas, señalando hacia la espesura.
Como si hubiera sido invocado por sus palabras, un tercer chico emergió de las sombras. Llevaba gafas, una mochila al hombro y una expresión de eficiencia clínica que lo diferenciaba de los otros dos.
—¿Qué mierda? —exclamó Derek, retrocediendo un paso dentro de su prisión circular.
—Los dormí, estarán bien —dijo Stuart con voz monótona, mientras acomodaba sus anteojos y guardaba un pequeño costal de hierbas y compuestos en su mochila.
—Ahora, dinos: ¿por qué mataste a Kate Argent? —Mitch se aproximó al límite del círculo, su rostro ahora endurecido por la búsqueda de justicia.
Derek se cruzó de brazos, cerrándose en banda. Su mandíbula se apretó tanto que los músculos de su cuello sobresalieron.
—No hablará —aseguró Thomas, posicionándose al flanco de Mitch. Stuart hizo lo mismo, formando una barrera triple de rostros idénticos.
—¿Por qué la asesinaste? —insistió Mitch.
—No les interesa —gruñó Derek, desviando su mirada hacia el suelo, negándose a darles el placer de una confesión.
—¡Lo tengo! —una cuarta voz, vibrante y frenética, surgió desde la retaguardia.
Derek sintió que la cordura se le escapaba. Un cuarto chico apareció cargando una computadora portátil. Tenía el pelo revuelto, las mejillas encendidas por la emoción y una mirada que, a diferencia de la frialdad de los otros, rebosaba una inteligencia caótica e inocente.
—Estuve investigando a la familia Hale y descubrí que murieron en un incendio hace diez años —dijo Stiles, acercándose al grupo con los ojos fijos en la pantalla. Los otros tres se agruparon a su alrededor para observar los datos—. Al parecer, él y Kate tenían una especie de relación amorosa...
—No mezcles mi nombre con el de esa mujer —rugió el Alfa, su voz cargada de un dolor antiguo que intentó disfrazar de odio.
—Eso debiste pensar antes de acostarte con ella, lobo malote —replicó Stiles sin levantar la vista, sus dedos volando sobre el teclado.
—¿Me dices a mí qué debía pensar antes? Investigar mi pasado no te dirá nada —Derek se sentó en el suelo del círculo, adoptando una postura de resistencia pasiva, aunque sus ojos seguían destellando peligro.
—¿Que no me dirá nada? Escucha, Sourwolf, para tu información soy muy bueno investigando. Incluso podría trabajar para la CIA si quisiera...
—Pero en cambio trabajas con tus hermanitos que hacen el trabajo sucio por ti —Derek le dedicó una mirada cargada de una superioridad gélida, disfrutando por un segundo del chispazo de indignación en el rostro del cuarto hermano.
Stiles dio un paso hacia adelante, ofendido, pero la mano de Mitch lo frenó en seco.
—¡Stiles! —llamó Mitch con autoridad—. Concéntrate.
El chico de los lunares hizo una mueca, resopló y volvió a centrar su atención en el monitor.
—¿Qué más? —preguntó Thomas, impaciente.
—Ella inició el incendio de la mansión Hale. Solo sobrevivieron él, su tío y su hermana menor; ambos están en Nueva York ahora —explicó Stiles, bajando el tono mientras procesaba la tragedia que estaba leyendo—. Años después del incendio, encontraron a Kate con rasguños en su cuello y ensangrentada justo en la misma mansión Hale. Es imposible que Derek la haya asesinado; en ese tiempo él aún no estaba aquí en Beacon Hills. Estaba en Virginia. Incluso las cámaras de seguridad verifican su auto y su rostro en varios sectores de la ciudad.
El silencio que siguió fue sepulcral. Mitch y Thomas clavaron sus ojos en Derek, quien permanecía sentado en el centro del círculo de serbal, una figura de tragedia griega envuelta en cuero negro y sombras.
Mitch se puso de cuclillas frente a él, quedando a la altura de sus ojos. A esa distancia, el castaño pudo notar la barba descuidada del Alfa y el brillo de una verdad que el lobo se negaba a pronunciar.
—¿Quién la mató? —preguntó Mitch en un susurro, sus ojos café avellana buscando una grieta en la armadura de Derek.
Derek alzó la vista. La molestia seguía ahí, pero bajo ella había un vacío inmenso.
—Solo dilo —insistió Mitch.
Pero Derek volvió a cerrar los labios, convirtiéndose una vez más en una estatua de piedra y secretos.
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⚠️ Nota de la autora: Queda prohibida la copia total o parcial, así como cualquier adaptación o republicación de esta historia sin mi consentimiento. No acepto créditos a cambio de resubir mi contenido. Por favor, respeta el esfuerzo detrás de cada palabra.
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One Shots
Fanfic▶Terminada◀ BY: SD Horbien | Sterek, Destiel y mas.... Publicado originalmente: 05/febrero/2020
