—Bien, con esto hemos concluido —dijo el señor con bata blanca, terminando de pasar una luz por sus pupilas—. Es increíble que solo hayas recibido daños leves en tu encuentro. Muchos no han corrido la misma suerte —concluyó guardando todos sus utensilios en un pequeño maletín metálico.
La enfermera a su lado tomaba notas en una tableta holográfica sin levantar la vista.
Akime se quedó sentado en la camilla, en silencio. Sentía aún el peso de su cuerpo magullado.
—Ya puedes regresar, Akime —sonrió añadiendo un tono más suave a su voz—. Informen los detalles al Cuarto de Mando y la confirmación del alta —dijo a su joven ayudante.
La puerta de la sala se abrió con un sonido de descompresión de aire. Akime se paró frente a ellos, les hizo una revenrencia en forma de agradecimiento. Luego, fue escoltado por dos guardias que le esperaban fuera. Nuevamente esposado por aquellas cadenas pálidas.
Mientras se alejaba por el pasillo, escuchó al médico hablando en voz baja con la enfermera:
—Hay cosas con las que no estoy de acuerdo en este mundo. Una, porque no las comprendo. Otra, porque me disgustan. Esto entra en ambas categorías. ¿Qué pudo haber hecho un niño tan inocente como para terminar en un lugar como este?
Akime siguió caminando con la mirada baja.
Dos semanas y medias. Eso es lo que llevaba allí en GGF-54. Su mundo había sido reducido a solo cuatro paredes grises.
Llegando a su celda, los guardias le liberaron y una vez más la soledad fue su compañera.
Cerca de su cama, sobre una mesa metálica con gavetas, estaba preparada en un envase plástico cuidadosamente envuelto por un nailon estéril.
Con curiosidad se acercó y desenvolvió el paquete. Vaya sorpresa, el aroma golpeó con fuerza. Era comida, comida de verdad, comida buena. No el típico engrudo grisáceo y espeso. Carne en salsa, verduras, arroz. Su estomago rugió con violencia. Confirmaba la necesidad de ingerir alimentos de buena calidad.
Sin pensarlo dos veces, comenzó a devorar todo aquello de a bocados grandes y desesperados. No había comido así desde su llegada.
Su ansiedad lo sumergía más en el plato, tanto así que se atragantó. Ahora buscaba desesperadamente un vaso de agua, pero supuso que en su total soledad, nadie le iba a socorrer...
—Aquí tienes —dijo una voz grave detrás de él extendiendo una botella de agua frente a sus ojos.
Akime la agarró con urgencia y se prendió de ella casi sin respirar, como si fuese la última botella en todo el mundo. Solo cuando terminó de beber y volteo su mirada, comprendió quien estaba allí.
La sonrisa perturbadora de oreja a oreja que se pintaba sobre el rostro de Palenga, era un serio planteamiento a sobre que pensar de esa situación.
Akime giró su cara aún con un trago de agua en su boca.
Terminó así por escupirlo todo en el rostro de Palenga. Justificable su reacción.
Instintivamente se lanzó hacia atrás pegándose de espaldas a la pared como un gato acorralado.
Palenga levantó ambas manos.
—Cálmate chico. Vengo en son de paz —aclaró. Luego agarró la sabana de la cama para secar su cara.
Akime miraba hacia la puerta, miraba el techo, el suelo, las paredes. Observaba cada rincón buscando una respuesta, o una señal de peligro.
—Ah sí, te debes estar preguntando como entré aquí. Jah, —rió con gravedad.
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Fallen Gear
Fantasy«A donde quiera que lleve el arcoíris, existirá siempre una interminable aventura llena de misterios.» Aquella persona que logró conquistar todo el mundo y todo lo que en el existe, dejó unas palabras antes de desaparecer que marcó la vida de las pe...
