Bitácora #18: Híbrido.

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La voz todavía le temblaba en la garganta.

Akime sabía que había vuelto hacía unas semanas. 

La sentía ahí, quieta, lista… y al mismo tiempo prohibida. 

Había algo que no le dejaba usarla. Una presencia que aparecía de reojo, con su misma cara, y le decía sin palabras que todavía no era momento.

Esa noche esa presencia no se mostró, entonces Akime habló.

Nadie podía creer lo que acontecía. Un total desastre. Incluso algo en la cocina se había incendiado. 

El silencio que siguió fue denso, casi físico.

Luego de Palenga comenzar a carcajearse, Layla fue la primera en reaccionar. Se le iluminó la cara y, sin pensarlo, se lanzó hacia Akime atrapándolo contra su pecho en un abrazo fuerte, cálido, casi asfixiante.

—¡Tu voz…! —susurró contra su cabello—. Se escucha… se escucha bonita. ¡Qué linda!

Lili solo sonrió, tierna, y le acarició la cabeza con cuidado, como si temiera romperlo.

Lilya, más contenida, asintió una sola vez.

—Me alegro por ti, Akime.

Pero no todos reaccionaron igual. Baldosa Regino dio un paso al frente, con el ceño fruncido.

—¿Ahora? —preguntó, sin alzar la voz, pero con desconfianza clara—. ¿Después de tanto tiempo callado? Eso no me cierra.

Algunos murmuraron a su favor. Otros se mantuvieron en silencio, mirando a Palenga, esperando.

Pewy no dijo nada. Solo inclinó ligeramente la cabeza. Eso bastó para que más de uno lo mirara de reojo.

Palenga no se había movido. Seguía sentado con los codos sobre las rodillas, observando a Akime con calma. No había enfado en su cara, solo una quietud pesada.

Al final, habló con voz grave, pero no dura:

—Tranquilo, crío. Nadie te está acusando. Pero… la manada necesita entender.

Akime bajó la mirada. Cuando volvió a hablar, la voz le salió baja, ronca, casi frágil:

—…Hay alguien.

Varios se tensaron.

—Solo yo lo veo —continuó—. Se parece a mí. Después del Día Cero empezó a aparecer.

Murmullos bajos. Alguien susurró algo que no se entendió. Muchos miraban a sus alrededores buscando algo.

—Me decía qué hacer… y qué no hacer. Me dijo que no hablara. Que todavía no.

Baldosa cruzó los brazos, claramente insatisfecho.
Palenga le lanzó una mirada de reojo, pero no lo interrumpió.

Akime tragó saliva. Hacía su mejor esfuerzo por explicar bien pero su voz fallaba consecuentemente.

—Lo llamo Jikan… porque aparece de momento y sin aviso. Esta noche no vino y yo… necesitaba decirlo.

El silencio se volvió más espeso.

Baldosa no se contuvo:

—Eso no explica nada. Puede estar inventándolo. O escondiendo algo. No me convence.

Palenga levantó una mano. No fue un gesto brusco, pero bastó para que Baldosa se callara.

—Suficiente.

Se pasó una mano por la cara, soltó un suspiro largo y miró a toda la manada. Su voz bajó un tono. Más grave, más seria.

—Este crío llegó aquí después de interrogatorios y torturas que ninguno de ustedes imagina. Lo exprimieron buscando respuestas que ni siquiera tenía. Información de su familia, cosas que no debía soltar. Aun así se quedó callado.

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⏰ Última actualización: 16 hours ago ⏰

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