Bitácora #17: romper el silencio.

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Fue una tarde cualquiera.

Akime estaba sentado en su rincón, con Akashiro dormitando a su lado, cuando Erle se acercó sin mucho disimulo y le tiró suavemente del extremo de la bufanda.

—Oye, enano… ¿siempre has llevado esto puesto? —preguntó, frunciendo el ceño—. Ni siquiera me había fijado bien —argumentó bostezando.

Antes de que Akime pudiera reaccionar, varios miembros de Fenrir se acercaron por curiosidad. Layla tocó el tejido con cuidado, Lilya lo observó contra la luz aprovechando que anteriormente en el baño no tuvo oportunidad para no ser grosera. Reine, uno de los dos ingenieros del grupo, se agachó para examinarlo más de cerca.

—Esto no es tela normal —murmuró, pasando los dedos por los hilos—. Hay metal… y algo más.

Gonza, el otro ingeniero, se unió al análisis. Su expresión cambió de curiosidad a genuina sorpresa.

—Hilos de platino —dijo en voz baja—. Y… ¿piedra arcoíris? ¿Mitrilo tejido? ¿Quién demonios puede hilar mitrilo con tanta precisión?

El silencio se extendió unos segundos. Nadie en Fenrir había visto algo igual. La bufanda no parecía un simple accesorio. Estaba hecha con un nivel de detalle que rozaba lo imposible.

Akime comenzaba a sentirse incómodo observándoles con ansiedad.

Entonces Palenga, que había estado observando desde su silla, señaló el pendiente de la oreja izquierda de Akime.

—Y eso tampoco es decoración.

Gonza se acercó un poco más, sin tocarlo, y entrecerró los ojos.

—Supresor metálico… —susurró—. De platino puro. Diseño demasiado limpio. Demasiado específico.

Reine negó con la cabeza, incrédulo.

—Eso no lo hace cualquiera. Ni siquiera los talleres de Light City tienen la precisión para algo así. Para contener Inercia o Tensión descontrolada se necesitan años de estudio y materiales que casi nadie maneja… y este está hecho como si fuera una pieza de relojería.

Palenga no dijo nada durante un rato. Solo miraba el pendiente con una expresión difícil de leer.

En su mente, una sola idea se repetía:

"Eso no lo fabricó un humano cualquiera."

Akime, por su parte, permanecía en silencio. Bajó un poco la mirada, como si no quisiera dar explicaciones. Nadie del grupo entendía del todo lo que estaba viendo… pero todos sintieron lo mismo:

Aquellas dos piezas no eran simples objetos.

Eran cadenas y también eran llaves.

Los rostros de Reine y Gonza hablaban más que un periódico. Con incertidumbre miraron hacia donde estaba Palenga.

—Estos dos objetos no deberían existir, Pale. Es imposible que esto haya sido hecho por alguien —dijo Reine.

—Pale, —intervino Gonza—, ¿quién demonios es este niño que nos has traído? O mejor dicho, ¿de dónde provienen estos objetos? ¿Quién o qué los creó?

El jefe se mantenía pensativo con una mano delante de sus fauces.

—Tomaré tu silencio como desconocimiento de esto.

Akime no podía decir que eso objetos habían sido hechos por su padre y madre. Eran muy preciados y además, no entendía que tenían de especial para ellos. Ni siquiera sabía sobre qué estaban hablando.

—Chico —Reine se dirigió directamente a Akime—. Necesito que me prestes estas obras de arte por unos minutos. Necesito respuestas y tal vez así, podríamos ayudarte con con el problema que dicen sobre ti.

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