Sol

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El ambiente estaba a un microsegundo de estallar. La tensión era un cable a punto de reventar.

Namjoon lo miró con los ojos inyectados en locura, respirando agitado.
—Tú eres... y siempre serás mío, Seokjin. ¡Mío!

Jin no titubeó. La fría determinación en sus ojos era absoluta.
—Ya saben qué hacer —pronunció Jin, su voz resonando con un eco letal.

Antes de que Namjoon o sus guardias pudieran procesar la orden, los amplios ventanales del salón estallaron en una lluvia de cristal y la puerta principal fue derribada por completo. Veinte hombres vestidos de negro táctico, fuertemente armados con rifles de asalto, irrumpieron en la sala como una marea oscura. En cuestión de segundos, los diez matones de Namjoon fueron desarmados, obligados a arrodillarse con cañones apuntando a sus cabezas. La élite de seguridad personal de la familia Seok había tomado el control absoluto.

La señora Jeon soltó un grito histérico, llevándose las manos al rostro.
—¡¿Qué estás haciendo, maldito loco?! —chilló, temblando al verse rodeada de armas.

—Creo que es bastante obvio, señora Jeon —respondió Jin con una calma gélida, sin desviar la mirada del hombre que aún apuntaba—. Estoy limpiando mi casa de basura.

Namjoon, a pesar de estar rodeado, no podía aceptar su derrota. El orgullo lo cegaba. Dio un paso al frente, alzando la voz.
—¡No te atrevas, Jin! ¡Baja esa arma! Yo sé que aún me...

¡BAM!

El estruendo del disparo ensordeció a todos en la sala. El fogonazo iluminó el rostro impasible de Jin.

Namjoon no terminó la frase. El impacto de la bala calibre 9mm le destrozó el hombro derecho, lanzándolo violentamente hacia atrás. Un grito de agonía cruda brotó de su garganta mientras caía pesadamente de rodillas, la sangre comenzando a manchar rápidamente su impecable traje blanco.

—¡NOOOOO! —gritó Euwn, corriendo hacia él, cayendo de rodillas al lado de su esposo, con las manos temblando de terror al ver el charco carmesí formándose en la alfombra.

El arma en la mano de Jin humeaba ligeramente, pero su pulso seguía siendo de acero.
—Si quieren salvar la miserable vida de su hijo mayor —dictaminó Jin, mirando a los señores Jeon, quienes estaban pálidos como cadáveres—, váyanse ahora mismo, o les juro que la próxima bala irá directo a su cráneo. Y me los llevaré a todos por delante.

El señor Jeon, temblando de furia y miedo, se giró hacia su hijo menor.
—¡Jungkook! ¡Es tu hermano! ¡Por el amor de Dios, reacciona! —le rogó, esperando que la lealtad familiar lo hiciera intervenir.

Pero Jungkook lo miró desde la altura de su indiferencia, abrazando la cintura de Jin con fuerza posesiva.
—Lo sé, padre. Es mi sangre. Pero él... —Jungkook apoyó su barbilla en el hombro de Jin, inhalando su aroma—. Él es mi omega. Mi único dueño. Lo seguiré al infierno y apretaré el gatillo yo mismo si él me lo pide. Así que, lleven a Namjoon a urgencias antes de que se desangre, porque yo ya tomé mi decisión hace mucho tiempo.

Namjoon, ahogándose en su propio dolor, levantó la mirada hacia Jin. Sus ojos estaban nublados por el shock y una desesperación enfermiza.
—Jin... tú... tú me amas... —balbuceó, escupiendo sangre—. Siempre me amaste...

Jin lo miró desde arriba, no con odio, sino con una piedad que dolía mucho más.
—Jajaja. Sí, Namjoon. Lo hacía —admitió Jin, su voz perdiendo la frialdad para volverse una sentencia definitiva—. Te amé con cada parte rota de mi ser. Pero ya no. El fuego se apagó. Ese Jin ingenuo que rogaba por tus migajas murió. Ya no te amo.

—Por... por fa... —Namjoon intentó hablar de nuevo, tendiendo una mano ensangrentada.

Pero Jin no le dio la oportunidad. Giró el rostro, asqueado.
—Sáquenlos a todos de mi vista —ordenó Jin tajantemente, bajando el arma y buscando con desesperación entrelazar sus dedos con la mano de Jungkook.

Los guardias de Jin se movieron como máquinas precisas. Arrastraron a los hombres de Namjoon fuera, empujaron a los señores Jeon hacia la salida, y cargaron a un Namjoon semi-inconsciente, seguido de cerca por una Euwn envuelta en llanto. En menos de un minuto, el salón quedó sumido en un silencio sepulcral, solo roto por el sonido de la respiración agitada de los que quedaban.

Taehyung, que había observado la masacre táctica sin alterar su expresión, suspiró, pasándose una mano por el cabello.
—Jimin y yo también nos retiraremos —anunció Taehyung, su voz grave resonando en el salón vacío—. Creo que ustedes dos tienen mucho de qué hablar.

Jimin, aún temblando levemente por la adrenalina, asintió y miró a Jin.
—Cuida mucho de nuestro Jeon, hyung —pidió Jimin, entrelazando su mano con la de Taehyung para buscar seguridad en su alfa.

Sin esperar respuesta, ambos cruzaron la puerta destrozada, perdiéndose en la noche.

En el instante en que se quedaron solos, la máscara de hielo de Seokjin se hizo pedazos. El arma de fuego resbaló de sus dedos, cayendo al suelo con un ruido sordo. Sin previo aviso, Jin se giró y se lanzó sobre Jungkook, estampando sus labios contra los del alfa en un beso desesperado, salvaje, cargado de todo el miedo, la rabia y el amor reprimido de años.

Jungkook respondió con un rugido ahogado. Olvidando por completo el dolor de sus rodillas magulladas y la tensión de sus músculos, tomó a Jin en sus brazos, levantándolo del suelo como si no pesara nada. Avanzó a trompicones y lo dejó caer con cuidado pero con urgencia sobre el amplio sillón del salón, posicionándose sobre él, devorando su boca, bebiéndose su aliento, afirmando su dominio.

Cuando tuvieron que separarse para no asfixiarse, Jin rodeó el cuello de Jungkook con sus brazos, atrayéndolo hacia sí, pegando sus frentes. Las lágrimas volvieron a brotar, pero esta vez eran cálidas.
—Te amo, Jungkook —sollozó Jin, con la voz rota y el alma expuesta—. Dios mío, te amo tanto.

Jungkook cerró los ojos, sintiendo que esas palabras sanaban todas las heridas de su vida. Acarició el rostro de Jin, secando sus lágrimas con los pulgares.
—Yo te amo aún más, mi cielo —susurró Jungkook, su voz temblando por la emoción abrumadora—. Por fin me amas... por fin eres completamente mío, de cuerpo y alma. Ahora sí me amas, Seokjin. Y yo ahora soy tuyo, enteramente tuyo. Por fin me ves y me aceptas como tu alfa.

Jin acarició el cabello de Jungkook, bajando la mirada hacia el pecho del menor, recordando el sacrificio máximo.
—Jungkook... —la voz de Jin era un hilo frágil—. ¿Estás seguro de lo que hiciste? ¿La vasectomía...? Yo...

Jungkook lo silenció con un beso suave y profundo.
—Sí. Completamente seguro —afirmó Jungkook, mirándolo a los ojos con devoción fanática—. Si la vida no puede ser creada contigo, entonces no será creada con nadie. Yo te amo a ti, Jin. Solo a ti. Eres mi familia entera. Solo seremos tú y yo, juntos hasta que el mundo se acabe.

Jungkook se inclinó, depositando un beso largo y reverente en la frente de Jin.

—Te amo, mi alfa —suspiró Jin, rindiéndose ante él, una sonrisa pura y luminosa adornando su rostro por primera vez en años—. Mi lindo y grandote alfa.

—Te juro que te protegeré de todo, mi hermoso Seokjin —prometió Jungkook. Sus ojos se oscurecieron de deseo mientras sus manos grandes y ágiles comenzaban a desabrochar con prisa los primeros botones de la camisa de seda de Jin, exponiendo su piel perfecta y cálida.

Jin arqueó el cuello, ofreciéndose por completo, su corazón latiendo salvajemente, exigiendo ser reclamado.
—Márcame, alfa —susurró Jin, una súplica llena de lujuria y necesidad—. Márcame ahora. Hazme tuyo para siempre.

CONTINUARÁ...

- (Ye):

Hola, feliz día del padre, perdón por tardar tanto en actualizar. La verdad, mi vida es un desastre en este momento.

No estoy bien de salud. Mi hermana está muy mal de salud también. Nuestros animales están enfermando y muriendo, y además, me encuentro desempleada. Todo se ha juntado.

Pero no quería dejarlas sin capítulo. Les ama profundamente su escritora, Ye.

Recuerden que jamás dejaré de hacer Kookjin. Mis primeras seguidoras son Kookjin, me apoyaron desde el inicio, así que en esta cuenta siempre habrá Kookjin.

Gracias por su paciencia y apoyo. Nos leemos pronto.

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⏰ Última actualización: Jun 17 ⏰

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