EL

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El frío se apoderó de la habitación en el instante en que Jin soltó la mano de Jungkook. Fue como si le hubieran arrancado el oxígeno de los pulmones al alfa menor. Jungkook cayó de rodillas, su orgullo de alfa completamente destrozado, importándole un carajo quién estuviera mirando.

—Por favor... no me dejes —suplicó Jungkook. Su voz se quebró, gruesa y empapada en un dolor tan crudo que hizo eco en las paredes. Se aferró a la tela del pantalón de Jin con manos temblorosas, mirándolo desde el suelo con ojos llenos de terror puro—. Te lo ruego, mi amor, no lo hagas.

Namjoon soltó una carcajada ronca, el sonido vibrando con una burla cruel y enfermiza. Dio un paso adelante, irradiando sus feromonas de alfa dominante, espesas y asfixiantes.
—Vamos, hermano, levántate, das pena —escupió Namjoon con asco—. Sabes que él siempre me ha amado. Tú solo fuiste un premio de consolación, mi maldito reemplazo. Un juguete para pasar el rato mientras yo volvía por él.

Jungkook, ciego por la desesperación, giró el rostro hacia la puerta, donde dos figuras acababan de llegar, alertadas por el escándalo.
—¡Taehyung, por favor! —gritó Jungkook, suplicándole a su mejor amigo, buscando una alianza, una salvación para detener lo que sentía que era el fin de su mundo.

Taehyung, apoyado contra el marco de la puerta, mantenía los brazos cruzados y una expresión de mármol. Sus ojos oscuros escanearon la escena, fríos y calculadores.
—Jin sabe lo que hace —respondió Taehyung, su voz grave carente de cualquier emoción, como si estuviera presenciando una obra de teatro aburrida.

A su lado, un rubio y delicado Jimin tiró de la manga de la chaqueta de Taehyung, sus ojos de omega muy abiertos por el pánico al sentir la pesada atmósfera de la habitación.
—Alfa... ¿en serio no dirás nada? ¡Lo están destruyendo! —susurró Jimin, con la voz temblorosa por la angustia de ver a Jungkook en el suelo. Pero Taehyung solo apretó la mandíbula y se mantuvo en silencio.

Jungkook volvió su atención a Jin, ignorando a todos los demás. Las lágrimas caían libremente por su rostro magullado por el estrés.
—Por favor, Jin, mi vida, no me dejes... Haré lo que tú quieras, me iré de la familia, renuncio a mi apellido, a mi herencia, a todo. Huiremos esta misma noche. ¡Pero por favor, no me sueltes! —lloró Jungkook, aferrándose más fuerte.

Jin lo miró desde arriba. Por una fracción de segundo, sus ojos destellaron con una emoción insoportable, pero rápidamente su rostro se volvió una máscara de hielo impenetrable.
—Permítanme... iré por algo que debí darte hace mucho tiempo, Namjoon —dijo Jin. Su voz era plana, extrañamente vacía.

Se dio la vuelta con brusquedad. Ante el movimiento, Jungkook trató de tomarlo de la mano nuevamente, en un último intento desesperado, pero Jin tiró de su brazo con fuerza, alejándolo. Jungkook sintió el rechazo como una puñalada en el pecho. Se quedó de rodillas, viendo cómo la elegante figura de Jin desaparecía por el pasillo oscuro hacia la habitación principal.

Namjoon sonrió de lado, ajustándose el cuello de la camisa con petulancia.
—Te lo dije, hermano. Tú jamás serás mejor que yo. Eres patético. Él va a empacar sus cosas para venirse conmigo, donde pertenece —se burló, saboreando su victoria.

Euwn, quien observaba todo con una sonrisa venenosa y complacida, se cruzó de brazos y miró a Jungkook con falsa lástima.
—Deja de humillarte y deja de amar a ese hombre, Jungkook. Él siempre ha estado perdidamente enamorado de Namjoon, incluso cuando se casó conmigo, él seguía siendo la sombra en nuestro matrimonio. Acéptalo. Mañana te presentaré a Bogum, un omega de verdad que te dará la familia que mereces.

Jungkook apretó los puños contra el suelo hasta que sus nudillos crujieron. Se puso de pie lentamente. El aura a su alrededor se volvió densa, oscura, letal. Sus ojos, antes llenos de lágrimas, ahora ardían con un fuego negro.
—Jajaja... —la risa de Jungkook sonó seca, rota, pero cargada de un enojo asesino—. Jódanse. No estaré con nadie más que no sea mi Seokjin. Prefiero cortarme la garganta antes de tocar a otro omega.

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