El teléfono sonaba y sonaba y nadie lo atendía. Es lo peor que puedes hacerle a una mujer embarazada de gemelos en los últimos meses (o semanas) de embarazo. Tenía ganas de golpear el teléfono contra el suelo hasta hacerlo añicos. ¡Dónde rayos estás, Chris!
Si, ya se lo que pensaran. ¿Por qué rayos sigo buscando a Chris si ha creado tantos problemas y después de asegurarle a Elliot que no volvería a insistir en el asunto? La respuesta es sencilla... Chris sigue preocupándome. Llevo semanas enteras tratando de localizarlo en su apartamento y nada, su madre no sabe nada de él y al parecer no quiere que nadie lo encuentre. No solo yo estoy preocupada por él, su madre y mi suegro también lo están. Y como Lucía se hizo cargo prácticamente de toda la decoración del cuarto de los gemelos, tengo tiempo de sobra para preocuparme por Chris.
- ¡Contesta el maldito teléfono! -le gritaba al auricular como si este fuese Chris.
Escuche la puerta de la entrada abrirse y me volví para ver a Elliot cargado de bolsas de compra de supermercado. Me dirigió una mirada curiosa y luego se dirigió a la cocina.
- ¿A quién le gritas, mujer? ¿Ya te volviste loca? -preguntó burlón.
- No preguntes si no te va a gustar la respuesta -respondí tajantemente.
- ¿Quieres parar de acosar a Chris? Ya te he dicho que está bien, solo está creando un poco de drama.
- No empecemos, Elliot -intenté la llamada otra vez, pero solo me respondía el contestador-. Si no te quieres preocupar por tu primo, ok. Yo lo haré por ti.
- Ya hemos tenido esta conversación, Violeta y no pienso repetirla. Tu no eres una niña, deberías saberlo y también, deberías preocuparte por esos dos bebes que llevas dentro, en vez de preocuparte por Chris. Papá y tía se están ocupando de eso, no entiendo porque te cuesta tanto dejar de preocuparte.
- Porque Chris a vuelto a beber y ahora lo esta haciendo de manera mas descontrolada. ¿Entiendes que eso podría matarlo? -le recriminé.
- ¡Pero eso no es asunto tuyo, Violeta! -dijo alzando la voz-. Chris tiene que hacerse responsable de sus problemas y dejar de delegárselos a los demás. ¡Creí que lo habías entendido!
Colgué el auricular en su lugar de mala gana y le dirigí una mirada asesina a Elliot, pero no podía seguir teniendo la misma discusión todo el santo tiempo, además él tenía razón en lo que había dicho y anteriormente le había dado la razón, pero en verdad me costaba despreocuparme.
Me tomé unos minutos para calmar la frustración que sentía mientras Elliot acomodaba las compras en los estantes. Faltaban pocos días para que me practicaran la cesaría que traería al mundo a mis bebés y estaba prácticamente todo en orden.
El tiempo había pasado tan rápido que aún tenía la sensación de que no había pasado mucho desde que Elliot y yo descubrimos que estaba embarazada. Mi vientre era enorme y abultado, no podía moverme sin ayuda y por supuesto, estaba bastante débil. Los bebes no estaban perfectamente como me gustaría que estuvieran pero los tres habíamos luchado para mantenernos mas o menos saludables. Elliot rentó un apartamento en la ciudad para que no estuviéramos tan lejos del hospital una vez que los bebes nacieran, y el y Guillermo, que aparecía y desaparecía por largos periodos de tiempo, trasladaron las cosas necesarias hacia allá.
Todo estaba listo para la llegada de los bebes, excepto Elliot y yo. Estábamos mas asustados de lo que pudiéramos estar en nuestras vidas. Incluso en las clases prenatales, habían habido ocasiones en que el pánico se había apoderado de Elliot y lo habían vuelto un manojo de nervios ambulante. Sólo esperaba que cuando los bebés nacieran, no entrará en pánico como aquellas veces.
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La rebelde y el guapo: capítulos extras
Teen FictionDespués de haber pasado por la experiencia más aterradora de su corta vida, Violeta se encuentra ahora en los brazos de su esposo, Elliot. Pero también los finales felices tienen sus partes difíciles. Y cuando llega a la Vida de Violeta una persona...
