f i f t e e n

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Luke

No me importa el tiempo que me queda, no me he preocupado de ello, aunque debería hacerlo. Pero, simplemente el miedo a morir era más grande. Es raro, siempre espere que el momento llegara pero ahora no estaba muy seguro. Desde que Michael llegó a mi vida, no he tenido razones para morir sino solo para vivir.

Dejé el lápiz encima de mi escritorio satisfecho con las paginas llenas de mi cuaderno  de razones, la mayoría trataban de Michael. Michael era una razón para vivir, la más importante.

—¡Luke!—Escuché a alguien gritar mi nombre, sonreí. Era Michael quien golpeaba la puerta de mi habitación.—¿Puedo pasar?

—Mikey... Ya lo hiciste.—Informé mientras observaba al rubio arrojarse a mi cama, el solo rió. Me acosté junto a él, vi como estiraba su brazo invitándome a acostarme en ellos. Coloqué mi cabeza en su pecho, sintiendo su tranquila respiración y su corazón latir, él puso su brazo en mi cintura atrayéndome más a su cuerpo. Michael acariciaba mi cabello y yo dibujaba círculos imaginarios en su pecho, últimamente así eran nuestras tardes. Solo Michael y yo.

—¿Qué tal la escuela?—Le pregunté luego de un rato de silencio, él suspiró.

—Es aburrida sin tu presencia.—Respondió haciendo un puchero, yo sentí un escalofrió recorrer mi anatomía.—Extraño mucho que ya no viajes en el autobús o camines junto a mi a la escuela.

—Tendrás que acostumbrarte.—Murmuré mientras me alejaba de él para sentarme en la cama abrazando mis piernas, las ganas de llorar se apoderaban nuevamente de mi. No podía resistirlo. Oculte mi cara en mis piernas comenzando a llorar

—¿Qué tienes?—Él se acerca hacía mi tratando de levantar mi cabeza para que lo mirara pero yo solo me aferro más a mis piernas para que él no pueda verme llorar.

—Odio que me veas llorar.—Confesé levantando mi mirada encontrándome con su expresión preocupada. El besó mi frente y me abrazó, solo como él podía hacerlo.—Lo único que hago es llorar, no puedo evitarlo. Las lagrimas salen sin permiso.—Hablo contra su pecho sin dejar de llorar, Michael suspira tomándome del mentón obligándome a mirarlo directamente a los ojos, estos contenían lagrimas. El quería llorar pero tenía una sonrisa en su rostro, pasó su dedo por mi mejilla limpiando una lagrima que caía.

—Me gustaría ser tus lagrimas porque son concebidas en tu corazón, nacen en tus ojos, viven en tus mejillas, y se mueren en tus labios.

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