18 ; purple

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Estaba enfadada con Louis. Sí. Pero tenía mis razones. No puedes ir a alguien y soltarle una frase de película sobre algo que odia de su cuerpo. Ni siquiera me habría sentado mal en cualquier otra situación, y ahora que lo miro objetivamente, estaba actuando como una idiota ante él.

Pero, sinceramente, a mi orgullo y a mí nos daba igual.

Entonces recordé una canción que Yaz me solía poner cada vez que ponía, y me acordé de esa frase que tanto me había impactado, y le encontré mi sentido.

but you touched me and suddenly i was a lilac sky. and you decided purple just wasn't for you.

Y aunque en la realidad había sido él quien me había tocado, yo había sido quien había decidido que el morado no era para mí.

O más bien me había dado cuenta de que él era lo que yo buscaba, pero que había llegado en un momento erróneo, que no era para mí. Le quería y a la vez no.

Por eso no le hablé en toda la semana siguiente, y cuando el sábado no pude evitarle porque teníamos que trabajar juntos, me aseguré de llevarme conmigo a Hazz, mi amigo universitario, que gracias a Dios había decidido que ese sería un gran mes para visitar la capital de nuevo.

Cuando aparecí en el club con él agarrándome de la cintura, la mandíbula de Louis casi tocó el suelo. Y me sentí culpable, sí, joder, claro que me sentí mal por él. Pero no quería seguir con todo eso. Había llegado demasiado lejos, y tal y como yo había predicho, había acabado mal.

Y por muy abandonado que Louis estuviera, por mucho que su compañía me hubiera vuelto loca, tenía que acabar con ello, y no podía dejar que él me convenciera de seguir, porque sabía que si lo hablábamos, iba a pasar eso.

No hablamos, y Harry se mantuvo cerca de mí toda la tarde. Cuando hubimos cerrado, y era el momento en el que Louis solía proponerme ir a su casa a ver cualquier película, él simplemente caminó deprisa hacia su coche. Supongo que había captado la idea, y eso era lo que quería, pero aun así me sentía triste, y tuve que retener las lágrimas. Harry, que me conoce tan bien como a él mismo, me abrazó y me acompañó a casa.


treinta y seis lunares Donde viven las historias. Descúbrelo ahora