Desperté en mi habitación. Estaba oscuro, Nana dormía en la cama de la lado, y a pie de mi cama estaba Ed, descansando. Me levanté de la cama para bajar y comer algo, no comí nada la mañana en la que me desmayé, y parecía que llevaba un mes sin comer.
Bajé a ver si estaba el recepcionista, y efectivamente, ahí estaba.
-Estás... Estás... ¡Vivo!- Gritó de alegría.
-¿Por qué no iba a estarlo?
-Es verdad, tu no lo sabes.
-¿Saber qué?
-Llevas una semana durmiendo, chico.
-¿¡Qué!?- No daba crédito a lo que oía, no podía ser posible.
-Sí, como oyes. Fuenciscla nos contó sobre un mago, que te lanzó una roca que te dio en la cabeza. También dijo que el túnel por el que salisteis se derrumbó nada más tu saliste.
-Pero, entonces... ¿Fuenciscla está bien?
-Perfectamente, pero no se atreve a mirar a su padre a la cara. ¿Tú sabes que le pasa?-
Pensé por un momento en la conversación que tuvo con el mago, ¿acaso sería verdad?
-¿Y bien, sabes algo?
-Ehm... No... Yo... Yo no sé nada. Oye, ¿te importaría darme algo de comer? Estoy muerto de hambre.
-Claro, ven conmigo.
Estuvimos hablando hasta el amanecer, que nos interrumpió la llegada de Ed y Nana, obviamente sorprendidos por verme despierto.
-¡Estás vivo!- Gritó Nana, mientras corría a mis brazos.
-Sí, lo estoy. ¿Me habéis echado de menos?- Dije con tono irónico.
-Eres tonto.- Dijo mientras lloraba de felicidad.- Borosio dijo que quería verte lo antes posible, si sobrevivías, claro. Creo que quiere recompensarte.
-Vale, gracias. Iré lo antes posible.-
Hablamos durante casi toda la mañana, y después de comer, me puse en camino junto a Édgar a casa de Borosio, como Nana me había dicho.
Mientras caminaba por la calle, noté como todos me miraban y cuchicheaban, pero no le hice mucho caso. Al llegar Borosio me recibió sin ningún tipo de interés.
-Ah, ya estás despierto, bien. En agradecimiento he pedido que te construyan una casa, podrás vivir en Vorbis Maghul.
-Genial, pero, ¿cómo puedes permitirte pagar una casa?
-Limítate a vivir feliz en ella y no hagas preguntas. Toma también esto. Es un mapa de la ciudad, indicando puntos de interés que a lo mejor te interesa visitar, contactaré contigo si necesito algo más. Ahora, vete.
-Vale, gracias. Adiós.-
No me gustó nada el trato que recibí por su parte, antes no me hablaba de esa manera. Me senté en los escalones de delante de su casa para ver lugares que poder visitar, y vi la consulta de un viejo sabio llamado Fervesio, que pensé que podría contestar algunas dudas que tenía sobre los magos.
Su consulta estaba lejos, pero al ser una ciudad pequeña no tardé más de media hora en llegar. Aquello parecía un monasterio, era bastante grande, y le dije a Ed que esperara. El interior, tenía un largo pasillo con puertas a los lados, y al final del pasillo, había una puerta que ponía: "Despacho de Fervesio".
Llamé a la puerta, y una voz ronca me dijo que pasase.
-Buenas tardes, creo que usted podría ayudarme con unas dudas que tengo. Soy Sebastián.
-Adelante, pasa, y dime, ¿qué es lo que quieres saber?
-Hace poco me encontré con un mago en una torre, que por alguna razón me quería matar. Me lanzó una bola de fuego, lo que hizo que la torre de madera empezase a arder y derrumbarse, con él adentro, pero sobrevivió. Hace una semana me lo volví a encontrar, y esta vez fue víctima del derrumbe de una cueva, pero sospecho que pueda seguir vivo.
-Pues tus sospechas son ciertas, aquel hombre sigue vivo. Un mago solo muere si una flecha de fuego le alcanza el corazón, o cuando alcanza la edad de quinientos años.
-Entonces no es inmortal y se le puede matar, pero, ¿cómo ha adquirido esos poderes?
-Esos poderes se adquieren con la ingesta del ojo de un Contemplador, un ser maligno con un solo ojo que habita muy profundo en la tierra, o de lo contrario, bebiendo de la sangre de una Arpía, un ser que habita en la montaña Zumbugne, que tiene cerca de cinco mil homos de altura.
-¿Sería tan amable de expresar la altura en metros?
-Cada homo es metro y medio, es decir siete mil quinientos metros. Es casi imposible de acceder. ¿Algo más que consultar, joven explorador?
-Nada mas. Muchas gracias por haberme atendido.
-Gracias a ti por acudir a mi sabiduría, casi nadie viene nunca. Adiós.
-Adiós, buen hombre.
Volví a revisar el mapa que me dio Borosio, a ver qué mas cosas interesantes encontraba. Vi una armería cerca de donde estaba, podría comprar un arco, pero necesitaba pasar por casa para recoger las monedas de plata.
Entrando por el vestíbulo, vi a Borosio hablando con el recepcionista.
-¿Qué pasa?- Pregunté a Borosio, asustado.
-No sé como decirte esto, pero...
-¿Pero..?
-Dicen que un fugitivo de esta aldea, que robó muchas monedas de plata, ha secuestrado a Nana
-¿¡QUÉ!?
-Sí, creo que aquel señor era pelirrojo y se llamaba Ovires.
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Memorias de un viaje inesperado
FantasySebastián es un chico que vive en una pequeña casa cerca de un lago, junto a su familia. Un día despierta con la casa destrozada y sus familiares desaparecidos, y es cuando decide que es oportuno embarcarse en una aventura con su único compañero, Éd...
