Pasé la noche en vela para combatir a los seres de la oscuridad junto a los habitantes de aquel navío, que se acercaban a la playa. En aquella batalla, todos ayudaban a algo, incluso Édgar, que se dedicaba a repeler y asesinar (si se le puede llamar asesinar a lo que ya está muerto) a los monstruos que osaban acercarse demasiado.
Habiendo pasado ya el amanecer, el señor capitán de la nave vino a felicitarme por mi gran "habilidad" peleando, y me invitó a emprender un viaje junto a ellos.
Me quedé pensando, lo único que me anclaba a aquel lugar era el recuerdo de una hermana cuyo rostro desconozco, pero era muy posible que, si ella no había muerto, que estuviera muy lejos, o hubiera cogido una dirección diferente a la mía.
Al final, decidí embarcarme en esta nueva aventura y no pensar tanto en mi hermana.
-Capitán, he decidido emprender este viaje con vosotros.
-Me alegra que hayas decidido acompañarnos, chaval. Qué despistado, todavía no me he presentado. Soy Eturión, y me gustaría saber tu nombre y el de tu compañero.
-Yo soy Sebastián, puedes llamarme Seb, y él es mi lobo, Édgar.
-Tienes un buen tesoro, chico. No dejes que le pase nada. Sube a bordo, chico, zarpamos de aquí a poco
-Vale, gracias por aceptar mi compañía. Espero no marearme, nunca he viajado en un navío.
-No te preocupes, la Marmota Buceadora a penas se mueve, es un gran barco.
Estuvieron bastante tiempo terminando de recoger sus pertenencias para zarpar, a diferencia de mí, que yo ya tenía las pocas pertenencias que me quedaban, que era algo de comida y mis armas.
Habiendo subido ya a bordo, pregunté a la chica por la habitación en la que iba a dormir durante aquel viaje, porque ella era la esposa de Eturión y supuse que podría ayudarme.
Me llevó al vientre del navío por unas escaleras de caracol, desde las que pude observar que tenía varios pisos. Me llevó hasta el fondo del pasillo del último piso, y fuimos hacia la puerta de la esquina.
-Bueno, pues aquí estamos, esta es tu habitación. Que la disfrutes, Seb.
Abrió la puerta y pude ver una alacena donde guardaban la comida, herramientas y armas rotas o desgastadas, junto a una manta con cojín tirada en el suelo.
-¿No hay nada mejor? -Pregunté molesto por la estancia ofrecida- No soy fan de dormir rodeado de ratas.
-No, lo siento. Todo está ocupado. Si lo prefieres, puedes dormir en cubierta.
-Pues creo que prefiero eso, la verdad.
La chica se empezó a reír, y cuando acabó, dijo:
-Mira que eres tonto -Dijo mientras se seca las lágrimas de haberse reído.- Obviamente no dormirás aquí, a menos que quieras, claro. Siempre le hago esta broma a los nuevos. Tu habitación está en el primer piso, justo antes de llegar a la cubierta. Tendrás compañeros de habitación, pero no te preocupes, que son muy majos.
Fui a la habitación indicada a dejar mis pertenencias, lo poco que me quedaba en un cofre con llave que había para mí debajo de mi caca, acompañado por esa mujer.
-Oye, creo que todavía no nos hemos presentado. Yo soy Sebastián, ¿y tú?
-Yo me llamo María Francisca Tomasa Ríos Montaña, pero todos me llaman Tomy
-Es un nombre precioso, sinceramente.
-Ya, Ya...
-Bueno, si me disculpas, quiero descansar un poco, creo que a Ed y a mi nos vendrá bien.
-Estupendo, si tenéis hambre podéis subir a cubierta, cocinamos allí.
-Muy bien, gracias
Antes de que Tomy cerrara la puerta, Édgar salió disparado hacia ella haciéndole caer de culo, y se fue camino a cubierta
-¡Ed, espera! -Grité intentando pararle.
Lo que hice primero fue ver si Tomy estaba bien, pues yo sé que Ed no se iría muy lejos sin mi, pero luego escuché un chillido de una chica y subí a ver qué era lo que había hecho.
Al llegar, pude oler algo. Un olor que me era muy familiar, pero no conseguía recordar por qué me sonaba. Édgar estaba encima de una chica que lo intentaba apartar, y al acercarme, cogí a Ed por el collar y lo aparté yo mismo.
-Lo siento mucho, de verdad. No sé qué le ha pasado a Ed, normalmente no suele hacer estas cosas.
-No pasa nada. -Dijo la chica, sonriendo.- A lo mejor se ha sentido atraído por el olor de mi incienso.
Después de haber dicho eso, ya supe a qué me recordaba. Me vino un recuerdo de mi hermana, fabricando el incienso en casa para perfumar. A ella le encantaba el incienso.
-¿Dónde has conseguido este incienso? -Pregunté extrañado por el hallazgo
-¿Este incienso? Pues... lo he hecho yo misma. Por cierto, me llamo Aria.
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Memorias de un viaje inesperado
FantasySebastián es un chico que vive en una pequeña casa cerca de un lago, junto a su familia. Un día despierta con la casa destrozada y sus familiares desaparecidos, y es cuando decide que es oportuno embarcarse en una aventura con su único compañero, Éd...
