Sé que volvés,
porque esperás,
que después de
tantos años
ya no duele.
Lamento
(de verdad, no tanto)
informarte
qué no es así,
aún duelen
y siguen presentes,
tus actitudes,
tus palabras,
mentiras, engaños,
las promesas rotas...
Y era de esperarse,
fuiste mucho,
marcaste
cada parte de mi ser,
me cegaste,
y hoy tengo que
luchar porque no
suceda otra vez;
las heridas
no están dispuestas
a cerrar.
Por eso,
tenerte cerca,
sentirte cerca,
otra vez
es el equivalente a
vendarme lo ojos
y caminar
decidida, confiando en vos,
hacia el precipicio.
Esperando qué
a mitad del trayecto
me rescate,
un ángel con
las alas rotas.
Cuando vos y yo
sabemos que esa
no es ninguna solución.
Quizá, vos
ahora estés siendo
ese ángel.
¡Pero no me sirve!
Volar creyendo
estar a salvo
por un corto
periodo de tiempo,
no
me
sirve...
