Capítulo 44.-

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— ¿Cómo que te vas? Estamos en plena fiesta de entrada al verano.
— ¿Y? Ya no aguanto más. Preferiría trabajar repartiendo pizzas. No pensé que este trabajo llegara a ser tan humillante.
—Venga nena, termina esta sesión y te pago los setecientos.
—No, me voy ya. Dame los quinientos y ya estamos en paces.

Billy entró con ella en los vestuarios. No había nada. La cogió de la muñeca y la estampó contra su fornido cuerpo de gorila. Mucho musculo, poco cerebro.

—Venga... —dijo inclinándose— Bueno... quizás prefieras hacer otra cosa que no servir en la barra... —le susurró en el oído— Así salimos ganando los dos... y te pago los mil.

La cifra hizo que __________ tuviera un escalofrío. «¿Pero qué digo? No pienso follar por dinero» Se apartó de Billy.

—Déjame en paz. Dame los quinientos, que me voy.

__________ salió contenta del local. Quinientos, más otros cuatrocientos. Eso le pasa a Billy por estúpido. Se va a llevar tal sorpresita cuando abra la caja... ¿Qué diría su hermana cuando le entregara otro sobre con novecientos pavos? Dios mío, ni de broma lo aceptaría, sabiendo lo cabezota que era. Pero al menos los quinientos los tenía que aceptar. Ya vería que haría con los cuatrocientos que «había tomado prestados de la caja de Billy». Lo que no sabía _________ es que aquella felicidad le duraría tan poco.

[...]

«Liam, he tenido que ir a la empresa, las reuniones que de dije. No llegaré hasta alrededor de las once y media. No me esperes para cenar».

Liam arrancó la nota de la nevera y la tiró a la basura, haciendo un pequeño juego de básquet. Aun se preguntaba que hacía con una tipa como Valeria.
Era una mujer espectacular, si... pero no sentía, lo que debería sentir por una mujer que resulta ser su novia. Él creía que volvía a estar enamorado. ¿De Vale? Quién sabe, aunque lo más probable no era un sí. Echaba de menos algo...

—Bueno, vamos a ver... —Abrió la nevera— Oh, fantástico, tampoco has ido a comprar, cariño.

Cerró de nuevo esa puerta, de mala gana, y volvió a ponerse la chaqueta.

—Supongo que antes de la audición tendré que comer algo.

Miró el reloj. Aún eran las ocho. Salió a la calle y se acercó al supermercado más cercano a hacer unas rápidas compras.

—Serán diecinueve con noventa y cinco. —Le sonrió la señora de unos cuarenta años a Liam—
—Tome, no me de los cinco centavos. —Cogió las bolsas y travesó las puertas automáticas—

Una bolsa se le rompió.

—Mierda, ¿es que todo me tiene que salir mal? –—se quejó dejando la otra a su lado—

Una joven salió del supermercado, bebiéndose un Red Bull. Se paró a ver que le pasaba.

— ¿Necesita ayuda?

Para colmo, Liam odiaba que le hablaran de usted. Pero en esos momentos, no se fijó en si le hablaban de usted, de tú... o en que mierda de tiempo verbal. Reconocería esa voz aun que perdiera parcialmente la capacidad de escuchar. El corazón le latió tan fuerte que se asustó, temiendo que le cogiera un ataque de ansiedad. Levantó la vista.

— ¿Está bien? —Repitió la chica—

Ella se agachó, poniéndose en cuclillas en frente de él. __________ se quedó mirando a aquel hombre. Dios mío... es él. Abrió los ojos. Pero intentó disimular su sorpresa. Liam también la miraba, alucinando.

—Eh... s...sí. Lo siento... es que... pensé que eras otra persona. —No puede ser ella, joder—

Oh madre, no me ha reconocido. __________, como si de verdad se acabaran de encontrar por primera vez lo ayudó a recoger las cosas y fue a buscar otra bolsa en el supermercado. No, no es ella. Esta chica tiene el pelo más oscuro, va muy, demasiado, maquillada... está más delgada y estirada que mi... que __________. Y lleva unas ropas que ella nunca llevaría. Hay Liam... no quería reconocerlo. Pero su voz, y sobre todo... aquellos ojos, aquellos grandes ojos, eran jodidamente parecidos a los de __________.
__________ siguió andando por la calle. El corazón aún no se había calmado. Se apoyó en una pared, intentando tranquilizarse. Pero en esos momentos, esa era la cosa más imposible del mundo.

Querido profesor ♥ Liam Payne "Perver"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora