Capítulo 2

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CAPÍTULO 2, CASA GERMANA.

*Narra Feliciano*

Estaba muy nervioso. Era por la mañana y nos encontrábamos en el carruaje camino al castillo de la familia Germana. No podía dejar de pensar en cómo serían todos. ¿Serían habladores como yo, o callados? ¿Serían igual de cascarrabias que Romano? ¿Tendrían los mismos gustos que yo?

''No estamos aquí para saber si tienen los mismo gustos que nosotros, baka.'' Dijo mi hermano malhumorado como siempre.

''¿Había estado haciendo todas esas preguntas en voz alta?''

''Sip.'' Dijo Antonio, y me sonrió tiernamente. Romano nos miró... ¿Celoso? No lo sé, pero enseguida aparté la vista.

Llegamos a la enorme mansión de los germánicos. En verdad era terriblemente enorme. Miré hacia la puerta, donde un chico de ojos rojos y sonrisa diabólica miraba el carruaje con interés. Un chico más alto y rubio, con ojos de hielo y mirada seria esperaba a su lado. No se parecían mucho. Me dí cuenta de que al otro lado del albino se encontraba una chica más bajita de ojos verdes-turquesa y pelo rubio corto. Tenía una mirada muy dulce, y unos labios pequeños y rosados. También había un hombre del servicio junto a ellos.

El carruaje paró, y bajamos. El Abuelo Romulus saludó a los tres presentes con un apretón de manos.

''Así que son los hijos de Folker. Que gusto conocerles.'' Dijo mi abuelo con una sonrisa amable.

''En realidad, yo soy su sobrina, señor.'' Dijo la chica con mucho respeto y educación. Agachó un poco la cabeza, sonrojándose cuando mi abuelo se disculpó por haberla confundido.

''Creo que deberíamos de ir entrando.'' Dijo el albino sosteniendo esa tenebrosa sonrisa.

Los dos rubios que le acompañaban comenzaron a caminar en dirección a la casa, mientras nosotros nos apresurábamos a seguirles, para no perder el paso. Después de ellos, iban mi abuelo, Romano, Romeo (Seborga) y el albino. Yo iba el último, junto al señor del servicio, quien desapareció por un pasillo momentos después de entrar en la estancia. Llegamos a la elegante sala principal, donde esperaban otros tres hombres y una mujer de cabellos castaños. La chica rubia enseguida se colocó al lado de otro chico rubio poco más alto que ella, y los otros dos chicos que nos acompañaron hasta ahí se quedaron a un lado, junto a la chica morena. Nos quedamos en frente de un hombre de cabellos rubios bastantes largos, y de un señor con un mechón para arriba, y gafas.

''Folker, ¡cuánto tiempo!'' Dijo mi abuelo, rompiendo el silencio y acercándose al más mayor, para saludarle. Éste sonrió un poco, casi imposiblemente notable.

Comenzaron a hablar entre ellos, aunque yo dejé de prestarles atención, y miré al más alto de todos, al rubio que nos había acompañado. Tenía las facciones perfectas, y era extrañamente atractivo. Me fijé en todo su cuerpo. Era fuerte, se notaba al instante. Me fijé en todos los detalles de su rostro, por último en sus ojos. La primera vez que los ví me helaron completamente, pero ahora ya no. Eran de una belleza tremenda.

Su mirada se posó en mí de repente.

¿Habría notado que le estaba observando? No lo sabía, mis mejillas se pusieron del color de los tomates de Antonio, pero seguía sin poder apartar mis ojos de los suyos.

Nos aguantamos la mirada un tiempo más. En verdad, eran preciosos.

Noté una mano en mi espalda, y giré a ver a Romeo, con los ojos cerrados y una sonrisa.

''Vamos.'' Dijo señalando con el pulgar una puerta en una esquina del salón.

Volví a mirar al frente, pero el rubio se había ido en dirección a la puerta.

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