Capítulo 9: Callejón sin salida.

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Sentí una mano en mi cintura. Volteé e inmediatamente mi mejor amigo quitó su mano de mi cintura y la regreso a su costado; acto seguido, volteé a verlo a los ojos y me encontré a mi mejor amigo sonriendo, pero parecía angustiado. Aunque parecía que tenía buenas intenciones, no estaba de humor para él, ni para nadie; había tenido una pésima mañana. -Tyler ¿¡que quieres!?, ¿qué con arruinarme la noche no tuviste suficiente? dije un tanto molesta. Rápidamente su semblante cambió de su habitual sonrisa a una expresión de vergüenza. Rodeé los ojos y me volteé para recoger mi mochila.

Mientras recogía mis cosas me di cuenta de que había sido grosera con Tyler, asi que con mi mochila en el hombro, me volteé para que quedáramos de frente. -Tyler perdóname no estoy siendo justa contigo, honestamente ya no quiero pelear y espero que disculpes mi mala actitud. Dije sonriéndole apenada.           -¿necesitabas algo?. Tyler sonrió para después agregar -Pau, claro que te disculpo y de antemano te digo que tienes todo el derecho de estar enojada conmigo. Dijo  y yo asentí y sonreí.              -Gracias Ty, me alegra que estemos bien. Dije acercándome para darle un rápido beso en la mejilla, despidiéndome de el.             
-Bueno Ty, me voy a clase. Te veo en el descanso. Me di la vuelta y en cuanto me dispuse a dar un paso, sentí un tirón en mi brazo. Giré sorprendida y vi cómo Tyler se rascaba su nuca angustiado. Después de unos segundos parecía que Tyler iba a empezar a explicar. -Verás Pau.... Si necesito decirte algo.... -Bueno, dime, sin , bien sabes que no los soporto. Dije riendo despreocupada. Tyler sonrió con una mezcla de timidez y angustia para después continuar. -Tu madre, Clarissa y Mateo sufrieron un letal accidente vehicular ...
-¿¡QUÉ!? Grité con lágrimas en los ojos
Tomé un profundo respiro y exhalé lentamente intentando tranquilizarme.
- ¿Que ha pasado? Dije un poco más tranquila pero aún con evidente desesperación. -Pau necesito que te sientes y te tranquilices. Dijo mi amigo preocupado. Yo asentí y me dirigí a la banca más cercana.

Una vez que ambos estábamos sentados, Tyler comenzó a hablar.       -Está mañana tu madre iba en camino al kínder de tus hermanos porque como tú bien sabes hoy es el día de su festiva. Tu mamá insistió en llevarlos porque quería pasar más tiempo con ellos. Emprendieron su camino, pero una vez en la avenida principal, en el carril de su izquierda un coche quería meterse al carril de tu mamá; así que el conductor aceleró demás, perdió el control del coche, pasó sobre otro coche el cual uso involuntariamente de rampa, salió volando giró y al caer, calló en sima del coche de tu mamá.
Yo trataba de contener la lágrimas y continuaba mentalmente pidiéndole a Dios que los seres más amados e importantes para mí estuvieran bien. Cerré los ojos con fuerza reprimiendo a mis rebeldes lágrimas, lo cual conseguí. Abrí los ojos y le hice una seña a Tyler para que continuara. Tu madre y Clarissa están inconscientes, Mateo se abrió la cabeza y se fisuró su mano izquierda. Ambas recibieron un fuerte impacto, y no saben si se vayan a recuperar. Cuando Tyler terminó yo no me pude contener y empecé a llorar desconsoladamente. Gruesas lágrimas bajaban por mis ahora rojos ojos. Tyler se acercó a mí y me acurrucó en su pecho mientras me acariciaba dulcemente la espalda.

Estuvimos algunos minutos así hasta que interrumpí el silencio dirigiéndome a mi amigo.  - Ty, no pienso entrar a clases. No puedo. Simplemente no. Aparte, quiero verlos. Necesito verlos. No puedo estar aquí imaginándome toda clase de cosas, sin saber qué pasa y sin estar ahí para mi familia. Dije y seguí llorando mientras apretaba la espalda de mi amigo con fuerza.
Tyler me abrazó aún más fuerte y me dijo   - Yo lo sé Pau, Andrés y Natalie me llamaron, vienen en camino para recogernos e irnos al hospital. En eso me acordé que era semana de exámenes para el grado de Tyelr.
- Tu no puedes ir Ty, hoy tienes examen ¡Te lo vas a perder! No sabes cuánto va a afectar en tu calificación...   -Paulina, ¿crees que en este momento me interesa ese examen?,  sabes de sobra que nunca te dejaría sola y menos en un momento así. Estas loca si crees que me quedo. Dijo interrumpiéndome
-Esta bien, pero prométeme que te pondrás al corriente. Mi amigo sonrío y siguió frotándome la espalda. Le sonreí. -Y gracias por estar aquí Ty, enserio.

En cuanto finalicé la frase, escuche un cláxon  proveniente de el auto de mi hermano. Inmediatamente me separé de Tyler y corrí hacia el coche de Andrés, quien acto seguido salió como un rayo del coche  y ahora se encontraba fuera del auto frente a mí, extendiéndome sus musculosos brazos.
Me lancé sobre mi hermano y una vez en sus brazos, las lágrimas inundaron nuevamente mis ojos, al igual que los de mi hermano. 
Andrés se secó las lágrimas rápidamente y me levantó la barbilla.
-Pau, no llores princesa. Necesitamos estar unidos, tranquilos y con la mente enfocada; y más que nada ser fuertes, pues no podemos permitir que Mati nos vea derrumbándonos, ¿o sí?. Tenemos que transmitirle seguridad, y que cuando le digamos que todo va a estar bien nos crea ¿ estás de acuerdo?. Asentí. -¿Me prometes que serás fuerte? Recuerda que papá también nos necesita. Asentí y esbocé una débil sonrisa. - Sí Andrés, te lo prometo. Ahora vámonos. Andrés sonrío, me dio un rápido beso en la mejilla y corrió al asiento del piloto.
Tyler caminó hacia mi, me sonrió y después frotó mi hombro. Le devolví la sonrisa y ambos subimos al coche.

Una vez dentro del coche, Natie  me abrazó fuertemente y me acarició mi cabeza suavemente. -Nena preciosa, no te preocupes. Todo estará bien. No hay que dejar de orar y tendrás la dicha de ver una vez más lo misericordioso que es Dios. Natie besó mi frente y después saludó a su hermano, a quien susurró algo que no pude entender.
Andrés saludó a Tyler y se giró para arrancar el coche. -Andrés... dije con firmeza -Conduce con cuidado y responsablemente, no vayas a hacer ninguna estupidez.   Mi hermano me miró por el retrovisor con un aire de seguridad. -Si hermanita, tú no te preocupes.
Mi hermano arrancó el auto y se encaminó a la avenida.

Andrés estacionó el coche cerca de la puerta de entrada y todos como rayos bajamos de este y corrimos hacia la entrada del hospital. Cruzamos la puerta y todavía corriendo nos dirigimos hacia el módulo de información.
Andrés y yo fuimos los primeros en llegar al módulo, segundos después Natie y Tyler nos alcanzaron jadeando.
-¡Señorita! Grité desesperada. -La señora Crawley y los señoritos Castro han sufrido un accidente. ¿Dónde están? ¡Quiero verlos y AHORA!. Grité furiosa ya que a la enfermera no parecía importarle. Después de segundos que me parecieron una eternidad la odiosa señora volteó rodeando los ojos y me dijo burlona -Ay, niñata dijo sonriendo maliciosamente -Yo no le doy información a mocosas caza fortunas como tú. Añadió soltando una pequeña risa. -Así que nenita, ¡regresa por donde viniste de regreso a tu choza!

Mis amigos y mi hermano  quien observaban la escena furiosos, no se pudieron contener más y reaccionaron.
-¿¡Pero cómo te atreves!? ¿Sabes quién es ella?  ¿Sabes de quién es este hospital? Y ¿cuál es la familia que te paga tu sueldo? ¡Pues la nuestra descarada! Gritó mi hermano furioso como nunca antes lo había visto. ¡¿Sabes quien es ella?! ¿Eh? -¡Andrés basta! Sabes que de esta me puedo encargar yo.
Volteé a ver a la descarada y le dije: -Mira "nenita" soy Paulina Castro Crawley,  dueña de este hospital y la que te paga cada quincena. Me encargaré personalmente de que te despidan; pero ahora me dices dónde están mis familiares, ¡pero ya!. Dije con suficiencia.

La señora odiosa, cuyo nombre era Sasmida nos llevó hasta la mejor habitación del hospital, la de mi familia. Le indiqué a Sasmida que se fuera y con manos temblorosas abrí la puerta de la habitación.

En seguida mi adorado Mateo saltó a mis brazos mientras lloraba y me abrazaba. Me solté a llorar y acaricié su suave cabecita mientras sentía con mis dedos las puntadas que le habían dado  y que curaban los hoyos que se había hecho en el accidente.
Enseguida lo cargué y poniéndolo a mi costado levanté la vista; viendo lo que nunca quise: mis adoradas niñas de la familia, mi madre y hermana, inconscientes, conectadas a un aparato, que de un momento a otro empezó a sonar sin control.

En la alberca. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora