Por lo que escuché, llegamos a Polpumios en el atardecer. También lo pude notar, pues el sol fue reemplazado por una gran sombra oscura que me refrescó la piel adolorida. Aún seguía inmóvil, aún no sabía cual de las dos mujeres había muerto y aún no sabía si las intenciones de los rescatistas eran buenas o malas, pero por lo que escuchaba la voz de la mujer era tierna y dulce.
A eso de las diez de la noche, fui bajado con dificultad del automóvil y los mismos brazos de antes me tomaron, entramos en lo que creía era una casa y me tumbaron enseguida sobre una mesa. Mi mirada estaba fija observando el tejado, que era iluminado por una luz amarilla.
-Bien, primero lo inyectaremos.
Escuché mas Ankorinos acercarse y luego de un repiqueteo metálico sentí una aguja adentrarse en mi hombro derecho, dejándo escapar un grito de dolor.
Seguido de esto, un calor incómodo me inundó. Los párpados me comenzaron a pesar, pero no me podía dar el lujo de dormir en ese momento. Debía saber si Nick seguía viva y qué había pasado con los Traintar, la curiosidad me invadía fuertemente.
Lanzé un nuevo gemido e intenté moverme, pero lo único que conseguí fue dolor en la espalda.
-No, no te muevas. Intenta dormir. -la misma voz reconfortante de antes ablandó mis oídos-. Si quieres saber si tu amiga esta bien, estás en lo cierto.
Vi por un pequeño momento su rostro, iluminado por una sonrisa. Me tranquilicé al escuchar aquellas palabras, pero aún así podía ser que fuese Penny y Nick se encontrase muerta en el desierto. Aún con las preguntas volando por mi mente, dejé que por fin los párpados me vencieran y cayera en un sueño profundo.
En él, me encontraba en el balcón de un lugar desconocido para mí, me encontraba sano y salvo y una sensación de tranquilidad me invadía. Estaba observando un paisaje bastante peculiar; una gran pampa de césped verde oscuro inundaba el lugar, seguido de un horizonte de árboles pequeños de tronco verduzco y hojas amarillentas. El cielo, al igual que la flora del lugar, tenía un tono verde claro y podía escuchar el viento atravesar los árboles. Nick se encontraba al lado mío, apoyada a la varanda se madera igual que yo.
-Psithurism. -me escuché murmurar, pero no pude seguir el sueño pues una nube negra inundó la visión haciendo que recobrara el sentido.
La luz seguía iluminando el cuarto, el dolor se había desvanecido casi completamente y ya podía sentir el aire inundar mis pulmones y la sangre recorrer con rapidez mis venas.
Al mover mis dedos un leve dolor subió por mi espalda, pero fue lo suficientemente soportable como para comenzar a mover mis brazos, piernas y luego incorporarme en la cama. El cuarto era pequeño, solo dos camillas metálicas y un mueble con algunas jeringas descansaban en el suelo, además de mí y... Penny.
Se encontraba durmiendo, su piel estaba intacta y parecía estar bien. Me asusté al ver que ella había traicionado a los Fugitivos, que ella había intentado matarnos.
Como no corría ningún peligro, bajé la mirada para verme; tenía la misma ropa de antes, cubierta en sangre mezclado con polvo. Pero los brazos, que se dejaban ver, estaban cubiertos por ronchas gigantescas y sangre seca, por lo que pensé que mi rostro estaría igual.
Me fijé nuevamente en la mujer, recorrí con la vista el cuarto en busca de un arma y luego recordé su cuchillo, por lo que me puse de pie y caminé lentamente hasta ella. Examiné su vestimenta, el cuchillo descansaba en su cinturón pero estaba protegido por la chaqueta, así es que no me arriesgué. Me senté y froté los ojos, dejé escapar algunas lágrimas y maldecí a la mujer que se encontraba durmiendo tranquilamente en la cama. ¿Donde rayos estabas, Nick?
Luego de unos minutos de pensamientos tristes se abrió la puerta, dejándo ver a la Ankorina que me había cuidado tan tiernamente; sus ojos irradiaban un color rosado, no tenía colmillos y era delgada, a decir verdad la primera Ankorina delgada que veía. Si no fuera por su típica cabeza larga y su piel amarillenta, sería bella.
-¡Despertaste! -se tapó la boca al ver que Penny se sacudió-. Ven, te explicaremos todos. Debes estar cansadísimo.
Me tomó levemente los brazos e hizo una señal con la cabeza para que nos fuéramos de la habitación, pero primero indiqué a la traicionera desconfortado.
-¿Ella está bien?
Su expresión de felicidad se tornó a una de tristeza, pude ver hasta como unas lágrimas transparentes comenzaban a brotar de sus ojos.
-Oh, bueno... Ha quedado parapléjica. -se mordió el labio inferior.
Penny había quedado parapléjica. Por un lado la odiaba por intentar matar a Nick, por el otro me daba pena. La había conocido como una amiga, y no estaba cien por ciento seguro de que ella fuese una traidora. Ante la notícia fuerte caí con fuerza a la camilla, pero la Ankorina me consoló frotando levemente mi hombro.
-Alguien ha clavado un cuchillo en su columna vertebral y la ha dañado severamente, igual que a tí. -vi como observaba las cicatrizes que se habían formado en mis brazos-. Había un traidor entre ustedes, ¿cierto?
Miré a Penny, su pecho subía y bajaba lentamente.
-Sí.
Ella me frotó una última vez el hombro y me condujo fuera del cuarto, dejándo a la mujer parapléjica sola. Cruzamos un pequeño corredor y llegamos a un salón grande, con sillones de cuero y una chimenea que tenía llamas en su interior.
Me senté, ella desapareció por un momento y luego apareció con dos tazas de café cargado, le acepte una con gusto.
No podía volverme loco como las otras veces, no podía dejar que la curiosidad me dominara otra vez. Por eso, me acomodé en el sillón y di un sorbo a la bebida, viendo como la Ankorina hacía lo mismo. Dejó la taza a un lado al igual que yo, cruzó sus manos y me miró con una sonrisa extraña.
-Bueno, se que debes tener muchas dudas, sé como te debes sentir. -se inclinó levemente-. Pero comencemos por lo primero.
-¿Donde esta Nick? -la interrumpí con una voz seca, sólo me interesaba eso en ese momento.
-¿Quién? -sacudí la cabeza despacio recordando que ella no conocía a los integrantes de los Traintar.
-Nick, una chica que nos acompañaba. ¿La vieron?
-Oh, no. Solo vimos a ustedes dos en el auto volcado, la Braar los había afectado fuertemente. -frunció el ceño-. ¿Ustedes son Mestizos?
Me tomé mi tiempo para pensar en si decirle la verdad o no, pues si eran habitantes Ankorinos comúnes y corrientes no podía arriesgarme a decirle la verdad.
-No. -ella asintió mientras se llevaba la taza a la boca-. ¿Quienes son ustedes?
-Oh, somos la Espada de Piedra. -dejó el café a un lado y su sonrisa se intensificó, llena de misterio.
-¿Espada de Piedra? -me escuché preguntar, el dolor de cabezas volvía a mí.
Nick. Donde mierda estaba Nick.
-Si, la Espada de Piedra es algo así como los Traintar, o los Fugitivos de tu planeta. Pero no luchamos por tomar el gobierno, simplemente luchamos para que las leyes de la Unión no sean tan injustas y crueles. -dirigí la mirada a las llamas, que se encontraban danzando rápidamente-. Por ejemplo, nosotros no luchamos en guerras. Simplemente hacemos marchas en las calles.
Asentí, la Espada de Piedra era sin duda algo extraño y patético.
-Bueno, es mejor que me vaya de aquí. Tengo que buscar a mi... -intenté buscar la palabra adecuada-... Família.
Los dos nos pusimos de pie, ciertamente el calor ya me estaba sofocando y las heridas volvían a dolerme. La seguí por otro pasillo más oscuro hasta llegar a una pequeña puerta de madera, pude ver que brotaba césped de ella.
-¿No te llevarás a tu mujer? -recordé a Penny, parapléjica y en manos de un movimiento desconocido para ella. Tal vez había matado a Nick, por lo que sacudí la cabeza al tiempo que la Ankorina abría la puerta.
-¿Recuerdas al supuesto traidor? -pregunté cuando estaba afuera de aquella casa.
-Oh, si...
-Pues ese supuesto traidor, es la parapléjica.
Le lanzé una sonrisa sarcástica antes de comenzar a caminar por las calles, alejándome de la mujer extraterrestre y dejándola atónita. Penny se vengaría, eso era obvio.
La Unión había tomado la base de los Traintar, también era algo que no me cabía duda. Ahora me encontraba solo, debía buscar a los Fugitivos y en especial a Nick, antes de convencer a los Ankorinos de hacer la unión con el planeta Tierra.
Y la Espada de Piedra... Sin duda habían secretos ocultados por doquier, pero era mejor que yo no supiera.
Y fue entonces cuando el atardecer cayó en Polpumios, una ciudad sin duda gigantesca y hermosa. Las calles y hogares se iluminaron, dejándo al gran desierto que se encontraba al lado en segundo plano. Allí, tal vez muerta o tal vez viva, yacía Nick. Mi futura esposa.
Por suerte mía, me había encontrado con un hostal barato. Dormí en una cama que crujía a cada movimiento que daba y sucia, llena de arañas y telarañas.
Me había dispuesto a ir a la base de los Traintar en una camioneta arrendada y ver qué había sido de ella, por lo que recorrí todo el centro de Polpumios en busca de algún automóvil. A eso de las una de la tarde, encontré un mercado de arriendo y tomé una de esas.
En cruzar todo el desierto me demoré dos horas, pues un que otro gusano gigantesco se aparecía en medio del camino dispuesto a matarme. Cuando ya eran las cuatro, sin haber almorzado ni bebido nada, llegué. Y no me encontré con una sorpresa agradable.
La torre se encontraba completamente destruida, los escombros yacían en el suelo y más de una nave estaba destruída y siendo envolvida por las llamas. Me atreví a acercarme un poco más, hasta que opté por entrar a la base. Las paredes tenían rastros de proyectiles, decenas de Ankorinos yacían en el suelo sin vida y miles de armas se encontraban esparramadas por el pavimento.
-¿Hay alguien? -el gritó rebotó por las paredes, y luego de esto escuché un leve murmuro casi imperceptible-. ¿Hola?
Nuevamente, el murmuro se escuchó. Me dirigí hacia la dirección de la voz, se encontraba en el Salón de Reuniones.
La puerta había sido desprendida de sus barrotes a la fuerza y la mesa estaba partida en dos, detrás de ella podía ver el cuerpo de un Ankorino.
Corrí hacia él, pensando que podría ser la fuente del murmuro, y vi que se trataba de Shaäktet.
-Por dios, ¿que te hicieron? -no tenía brazos y las quemaduras inundaban su cuerpo.
-La... Unión... -apenas podía hablar, por cada palabra que balbuceaba unas gotas de sangre salían de su boca-... Y... Braar...
Ahora entendía. Primero, la Unión los habían atacado. Segundo, la Tormenta de Abejas había acabado con las vidas que quedaban.
-¿Donde está Sven? ¿Qué haré ahora? -al notar que eran muchas preguntas para un hombre que agonizaba, opté por calmarme. Respiré profundamente, cerré los ojos y los abrí-. ¿Donde está Sven?
-Se ha... Ido... Con el Epsylon... Planeta Tierra...
¿Qué? ¿Se había marchado sin decir nada? ¿Se había ido con Lucy en la nave? ¿Porqué había hecho semejante cosa?
-Tranquilo... Él... Gobernará... Tierra... -hizo una pausa para respirar, cerró los ojos y pensé que ese sería su fin-... Lucy... A salvo...
Después de estas palabras un gran suspiro salió de su cuerpo, sin decir nada más ni moverse. Su pecho había dejado de bajar y subir y había dejado de sentir sus palpitaciones, por lo que pasé mis dedos sobre sus párpados y dejé que las lágrimas me sucumbieran.
-¡Demonios! -grité, dejé que la furia me invadiera.
Eso era lo que la Unión causaba, tristeza, furia y muerte. Nada más que eso. Decidí tomar a Shaäktet y enterrarlo en la arena, al frente de la base ahora destruída, colocando una rama seca en donde se encontraba su tumba. Me subí a la camioneta y me sequé las lágrimas, intentándo calmarme.
Sven nos había dejado sin decir nada, por lo que prácticamente estábamos sin líder. O estaba.
Aún no encontraba a Nick, y no sabía si Erick, Alice y los demás se encontraban con vida, algo que me desesperaba demasiado. Y Lucy... Lucy estaba en otro planeta, alejada de mí y sin protección.
Fue entonces cuando prendí el motor y tomé una decisión, pues yo no podía hacer todo esto solo.
Debía hacerlo con Penny.
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UNION (pausada)
Ciencia FicciónLuego de que los Fugitivos tomaran el Arca y escaparan del Planeta Tierra, Jack se siente más solitario que nunca. Su madre ha muerto, asesinó a su padrastro y tendrá que hacerse cargo de su hermana pequeña mientras lidera una revolución en un plane...
