XI: La Tierra

8 0 0
                                        

Sven estaba nervioso. No porque la guerra entre los cinco planetas se había desatado, no porque estaba liderando a toda una civilización mientras que millones de naves provenientes de la Unión se acercaban a él con gran velocidad, no.
Porque, en realidad, tenía que cuidar a Lucy. Sí, sólo por eso. Tenía que cuidar a aquella linda niña con unos ojos irradiando tristeza y confusión y su sonrisa inquebrantable.
Tenía que cuidar a la hermanastra pequeña de el líder de la revolución en Ankoron.

Se había enterado hace dos semanas que los Fugitivos y Traintar habían muerto, pero se alivió al recibir la notícia de que Jack había reunido a un grupo gigantezco de revolucionarios con ayuda del Cubo.
-¿Como crees que será su expresión? -le preguntó de pronto la señora Potts, su amada mujer, mientras contemplaban un holograma verduzco del planeta Hiperbórea.
-¿Cuando?
Ella parpadeo un momento, tal vez para contener lágrimas o para contener una risa.
-Cuando le digan que tienen que viajar a Hiperbórea.
Sven apretó sus labios.

Hace cinco días se encontraba con Lucy, tomando un contundente desayuno mientras veían en la televisión cómo llevaban presos a todos los fieles de la Unión.
"Ayer leí en un libro qué es lo que pasa cuando una onda expansiva te alcanza.", había informado ella, mientras Sven levantaba sus cejas de par en par.
¿Cómo és que una niña de tan solo 8 años sabía lo que ocurría cuando un onda expansiva te alcanzaba?
"Bueno, depende de la velocidad". Respondió él con una sonrisa reflejada en su rostro.
"A quinientos metros por segundo." -había respondido ella sin sonreír. Estaba hablando enserio.
Sven se encontraba notablemente nervioso por lo que le acababa de contar la pequeña, ni siquiera él lo sabía.
"Y bueno, anciano, ¿sabes lo que pasa cuando una onda expansiva te alcanza?" Se le había pegado la manía de decirle anciano, algo que le molestaba y frustaba mucho.
"No, y no me interesa saber".

-Bueno, creo que estará aliviado de dejar Ankoron. -hizo una pausa para caminar por detrás de Potts hasta encontrarse a centímetros del holograma. Se encontraban en un salón en donde vidrios reemplazaban las paderes, filtrando la cálida luz que recorría la tierra-. Ankoron es un planeta repugnante, desordenado y hostil.
-Tal vez. -respondió ella en un tono seco, antes de que la puerta de metal negra se abriera y dejara pasar a Enzo, el mensajero que le daba todas las notícias a Sven.
-Señores, he traído notícia.
Se encontraba notablemente nervioso, algo que no sucedía con él desde que contó la notícia de que los Traintars habían sido destruídos.
-¿Buena?
Silencio.
-No.
La señora Potts caminó lentamente hasta su marido, le tomo la mano con fuerza e hizo un gesto con la cabeza para que Enzo prosiguiera.
Este sacó un papel doblado de su bolsillo, desdoblándolo con un crujido y agachándo su cabeza para leer la nota.
-Proviene del Cubo. -carraspeó y, seguidamente, se irguió para demostrar seguridad y respeto ante el líder de los Fugitivos-. "Señor Sven, junto con darle un cálido saludo deseo informarle que nuestros Rastreadores han percebido diez naves provenientes de la Unión acercarse rápidamente a la Tierra. Desearía que tomara consideración de eso y preparase sus tropas para una posible batalla. Saludos".
Enzo dobló nuevamente la nota y la introdujo debajo de su chaqueta, volviendo a la postura vagabunda inicial.
-¿Cuando llego esa carta?
-Bien... Hace tres días.
Sven no dijo nada. Algo que sorprendió a Potts. En cambio, de mantuvo en silencio durante algunos incómodos segundos abriendo sus ojos como platos y apretando sus dientes, marcando su mandíbula.
-¿¡Tres días!? -y ahi estaba. Se descontroló-. ¿¡Porqué no me lo contaste antes!?
-Señor, yo--
-¡Fuera!
Enzo no dijo nada. En cambio, para ahorrarse una posible despedida, salió enseguida del salón.
Sven agitó con fuerza su mano para librarse de Potts, caminando con pasos firmes hasta el vidrio que lo separaba del ambiente caluroso de Artres.
-¡Mierda! -golpeó el vidrio.
-Tranquilo, Sven... -la señora Potts lo intentó calmar, caminando tranquilamente hasta llegar a él.
Le intentó abrazar, pero este no se movió. En cambio, se quedó hecho piedra, mirando a un punto perdido de la ciudad.
-Mierda... -esta vez era un susurro. Un susurro tembloroso.
Potts lo imitó e intentó mirar el mismo punto que estaba observando Sven con tanto miedo, pero lo único que vio fue un punto negro cayendo lentamente.
Esta vez no era un pájaro. No era algo vivo. Tampoco algo pacífico.
En menos de una fracción de segundo, cuando el punto tocó las calles de la ciudad, la luz cegó los ojos de todos.
Y en otros dos segundos, antes de que pudieran reaccionar, el vidrio se partió en mil pedazos.
Sven y Potts volaron por los aires. Sus anillos salieron de sus dedos, sus ropas se rasgaron. Pudieron sentir sus venas siendo apretadas cada vez más, pudieron sentir su piel siendo presionada contra los huesos.
El holograma murió.
Y entonces, Sven lo recordó. Lo recordó como si fuera algo óbvio, algo que se encontraba en la frente de sus ojos pero no lo pudo ver en todo ese tiempo. Porque estaba ciego.
"¿Sabes lo que pasa cuando una onda expansiva te alcanza?".

UNION (pausada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora