II: La Base de los Traintar

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Había caminado ya horas, y la estructura negruzca parecía alejarse a cada paso que daba. Por suerte mía los árboles gricáseos tenían pequeñas frutas blancas, por lo que me aventuré a comer una. En mi boca explotó un jugo dulce, fresco y reponedor, solo que el sabor no era el más delicioso de todos. Me llevé unas cuantas más y las comí enseguida, hidratándome con subjugo exquisito. Y así fue como pasó una hora más, el sol ya se encontraba cerca del horizonte y el cielo se había tornado de un color morado, mientras que el aire se enfriaba cada vez más y las frutas pequeñas me hidrataban la boca y el cuerpo poco a poco.
La supuesta base de los Fugitivos Ankorinos se encontraba iluminada por luces blancas y brillantes, parecía que fuese una gran fiesta en la que millones de personas estaban danzando y cantando. Igual que en los viejos tiempos.
Luego de unos minutos decidí dormir un poco, me encontrab exausto y mis piernas palpitaban de tanto caminar. Me tumbé debajo de uno de esos árboles con hojas blancas, cerré los ojos e intenté conciliar el sueño.
Me encontraba en Akoron, en medio de un desierto vasto y caliente. No sabía donde estaban Nick, Nanâmor, Sven, Alice, Penny, la señora Potts, incluso Erick. Me preocupaba pensar que estaba incomunicado y que no los volvería a ver, me preocuaba pensar que el Epsylon había sido bombardeado porque los Rastreadores habían captado mi nave. Y, entre todos los pensamientos alarmantes, pude dormir.
Pero el sueño no duró tanto, pues un silbido agudo cortó el aire seguido de un gran estruendo. Abrí los ojos sobresaltado, vi que una bola de fuego se deslizaba sobre la arena anaranjada dejando una estela de polvo detrás. Me incorporé y corrí hacia ella, asustado pensando que podría ser alguna nave de la Unión. Cuando estuve a dos metros de ella vi que solo la parte trasera de una nave pequeña y en forma cilíndrica ardía en llamas, mientras que la otra parte se encontraba abierta y chisporroteando chispas de diferentes colores.
Entre el humo, las llamas y la electricidad intenté ver quien estaba dentro de ella, pero solo alcanzé a ver una persona con una máscara igual a la mía. Supe enseguida que la nava se trataba de una Fantasma, por lo que rezé para que fuese Nick o Sven. La persona que parecía estar inconsciente dio una sacudida, alzó sus brazos para tomar con fuerza el metal de la nave y se impulsó, poniéndose de pie enseguida y saliendo del Fantasma.
-¿Quién eres? -pregunté, el hombre me miraba fijamente sin hacer ningún movimiento.
-Te has adaptado al aire, puedes quitarte la máscara. -la misma voz femenina de siempre se escuchó desde la máscara del hombre, antes de que este alzara nuevamente sus brazos y tomara el casco, se lo sacara y dejara ver su rostro.
Sus cabellos marrones ceniza se encontraban alborotados y los tatuajes tenía una forma diferente, mientras que sus ojos claros se iluminaban ténuemente.
-Erick Vanhausen. Ya nos habíamos visto. -sin más que decir caminó al lado mío para llegar hasta el árbol, tomar una de aquellas frutas blancas y examinarla-. No has comido de estas, ¿cierto?
Le dije que sí tímidamente y me acerqué a él, al tiempo que el Fantasma explotaba fuertemente detrás mío.
-¿Sabes acaso lo que son estas?
Le negué nuevamente con la cabeza, ahora me encontraba a un metro de él. Olía a fresas.
-¿Sabes hablar acaso?
Solté una risa tímida ante la pregunta mientras Erick caminaba lentamente al rededor del árbol, rozando el tronco seco con las yemas de sus dedos.
-Si, sé hablar. Por un momento pensé que tú no sabías hablar.
-Estaba pasando por un momento difícil. -sacudió la cabeza y cerró por corto tiempo sus ojos, llegando nuevamente al frente mío-. Bueno, como decía... ¿Sabes que son estas?
Alzó su brazo izquierdo para mostrarme la pequeña fruta blanca.
-No, y he comido bastante de esas, por lo que espero que no sean venenosas.
Fue él quien rió ahora, estrujando la fruta mientras el líquido escurría por sus dedos.
-Son Lofus, frutas alucinógenas. -parpadeé un par de veces ante la información. ¿Como es que aún no tenía ningúna alucinación?
-Bueno, aún no veo nada inusual.
-Esa es la especialidad de la fruta. No te hace tener visiones incoherentes, más bien te hace ver cosas que parecen cien porciento reales.
Tragué saliva. ¿Será que esa era una visión? Rayos, era obvio que sí. Froté mis ojos pensando que todo eso se desvanecería, pero Erick seguía allí, con sus tatuajes movedizos y sus ojos brillantes.
-Esto... ¿Esto es una alucinación?
-Averígualo por ti solo. -sonrió perversamente al tiempo que su cuerpo comenzaba a convertirse en una nube blanca, que se desvaneció al instante.
Dejé de escuchar el fuego alzándose detrás mío, y la noche fría volvió a su estado normal. El viento a través de los árboles fue lo único que escuché, por lo que me tranquilizé y me tumbé nuevamente debajo de las ramas gricáseas.
Lofus. No iba a comer nunca más aquella fruta maldita.

UNION (pausada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora