XII: Cuentos de Nick

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-¡Señor! -el Ankorino me gritaba y su saliva se impregnaba en mi rostro-. ¡Señor! ¡¿Está bien?!
Luego de la primera bomba todo había sido un caos. Me llevaron dentro de un camión hasta que pudiese reaccionar, pues aquella bomba había sido muy potente.
-S... -susurré-. Si...
El Ankorino se mostró aliviado, tomandome del brazo y sacándome del camión con fuerza.
-¡Debememos seguir luchando!
Asentí inconscientemente, viendo que a mi al rededor la ceniza y el humo iban disminuyendo. El extractor de minerales se encontraba ladeado, uno de sus brazos apoyado contra la superfície.
-¡La próxima bomba caerá en cinco minutos! -informó.
Miré a mi al rededor; los rebeldes se encontraban disparando a otros Ankorinos, por lo que supe que me debía poner en marcha.
-¡Está bien! -una pequeña explosión cortó mi oración-. ¡Tomen sus armas y aniquilemos!
Al parecer, esa orden alegró al Ankorino que se encontraba ayudándome. Sacó un arma extraña de su cinturón y comenzó a disparar pequeñas bolas verdes, una detrás de otra con un sonido ensordecedor.
Luego del tiroteo, sacó una igual a la suya y me la tendió.
-Se les llama Orgi. Solo tienes que mantener apretado el gatillo y saldrán decenas de proyectiles simultáneamente.
Orgi. Un horrible nombre para una genial pistola.
Apunté con la mira a un grupo de trabajadores que se encontraban a metros de nosotros, y entonces apreté el gatillo. Era como si millones de pelotas de tenis salieran disparadas al mismo tiempo de una máquina para lanzar pelotas de tenis.
Un proyectil no mataba a un Ankorino, simplemente le dejaba una quemadura. Pero diez de estos proyectiles eran capazes de desintegrarte.
Seguí disparando durante un buen tiempo, pensando en lo que sería de Nick y los otros. ¿Estaría viva?
No, no era una pregunta que me podía hacer en esos momentos.
Me tenía que mantener fuerte.
-¡Ahí esta! -gritó el Ankorino.
Alzé la vista y vi que un pequeño punto negro se acercaba con velocidad, hasta que, de pronto, vi como nos sobrevoló rozando nuestras cabezas.
Wow.
Siguió su camino fugazmente en forma horizontal, algo que me pareció extraño, hasta llegar al poblado de los Ankorinos pobres.
-Oh, mierda... -me escuché murmurar antes de que la bola cayera sobre una casa.
-¡Corran!
Bueno, no fue necesaria esa orden para que mis pies comenzasen a correr rápidamente hacia el extractor, alejado del poblado.
Cuando me di la vuelta vi una escena que paró mi corazón. El poblado se hizo añicos en un par de segundos, cuando la tierra se levantó y se formó una explosión gigantezca y de un color blanco cegante. Pero se mantuvo allí.
No se expandió como lo había hecho la explosión anterior, de hecho había sido más pequeña que la otra.
-¡Solo el primer proyectil és fuerte! -informó entonces el Ankorino-. ¡Es sólo para atemorizar al enemigo!
Ah, vale. Menudo plan.
Segundos después pude ver como se acercaban más bolas negras con rapidez, por lo que mi corazón aceleró bastante. Pero entonces me tranquilicé. A metros de nosotros, un helicóptero había posado en el asfalto destruído. De él emergió un humano que sostenía una esfera negra en su mano izquierda, la cual luego de un momento lanzó hacia nosotros.
-¡Ven! -gritó el Ankorino, corriendo hacia la bola que todavía se encontraba surcando el aire.
Corrí junto a él, entusiasmado por lo que pasaría cuando la bola cayese al suelo.
Pero no cayó.
En vez de eso, explotó en una luz morada que nos envolvió, formando una burbuja que nos aisló del resto.
-¡¿Que mierda es--
Las bolas que cargaban dinamita comenzaron a explotar. Una cayó a centímetros de nosotros, pero nada atravesó aquella burbuja morada. Ni el sonido.
-Las llamamos Aisladores. -fue lo único que me dijo.
No me podía poner en pie, pues la burbuja era flácida y la parte inferior se adaptaba a la forma de mi cuerpo.
Volteé la cabeza; el helicóptero ya no estaba. Solo veía cenizas a mi alrededor, algo que me dejó severamente asustado.
-¿Y que pasó con los otros Rebeldes? -pregunté con una voz temblorosa.
-Espero que los Aisladores los hayan tomado a tiempo.
Tragué saliva ante la afirmación.
¿Será que Nick también tomo uno de los Aisladores?
Luego de unis largos minutos de desespero las cenizas desaparecieron. En cambio mostraron unas Minas Trevys completamente devastadas, con grietas y escombros en todas partes.
-Oh... -no pude terminar la oración, pues la burbuja morada comenzó a movimentarse en círculos hasta transformarse en hazes de luz, dejándonos caer sobre el asfalto rostizado. Pasaron unos segundos antes de que los hazes de luz desaparecieran, al igual que con las otras burbujas que se encontraban flotando en el aire.
Casi todos los rebeldes habían sobrevivido, por lo que me alivié bastante al reunirnos todos.
-¿Tienes el Transportador? -preguntó el Ankorino que iba conmigo, dirigiéndose a uno más alto y delgado.
-Si, con destino al Epsylon.
¿Epsylon, había dicho? ¿Aquella nave con la cual nos fuimos a Ankoron?
-¿Transportador? -decidí preguntar.
-Ya verás lo que és. -exclamó el delgado, sacando un palo de metal de su chaqueta anti-balas.
En los dos extremos tenía pequeñas esferas que emitían una ténue luz amarilla, una de las cuales el Ankorino desprendió con facilidad.
Mi compañero tomó la otra, dejándo el palo en su cinturón.
-Tómame de la mano. -ordenó este.
Lentamente acerqué mi mano a la de él, mientras los otros hacían lo mismo terminando en un círculo de personas conectadas.
-¿Están listos? -preguntó el Ankorino delgado con seriedad.
-¡Sí, señor! -respondieron los otros.
Pude ver como una sonrisa se reflejó en el rostro de mi compañero, justo antes de que los dos estrujaran sus respectivas esferas.
De ellas salieron dos hazes de luz blanca, que en menos de una fracción de segundo se estrellaron en el medio del círculo. La colisión originó una explosión de luces blancas que me cegó, seguido de un fuerte mareo y una fuerza invisible que comenzó a empujarme hacia delante.
Luego de unos segundos, las luces desaparecieron.
En lugar de eso me encontré en un salón con paredes metálicas y algunos sillones rodeando una mesa de madera, además del grupo de Ankorinos que segundos antes se encontraban conmigo en las Minas Trevys.
-D... ¿Donde estamos? -pregunté atemorizado.
Las nauseas seguían allí.
-En el Epsylon, a las afueras de la órbita de Ankoron.
Bueno, esa notícia me sorprendió. Al mismo tiempo me pareció algo óbvio, pues ese era el salón donde me recostaba con Nick para mirar el espacio, pues el tejado era hecho de una cúpula de vidrio.
-Gen... -un retorcijón hizo que cortara la oración, comenzando a sentir como el vómito subía por mi garganta.

Erick, Nick, Alice, todos mis seres queridos habían sobrevivido a los ataques. El grupo de Nick habían activado el Transportador enseguida, saltándose la parte de los Aisladores. En cambio, los Aisladores del grupo de Erick habían fallado y tuvieron que escapar con naves robadas al Epsylon.
Nos encontrábamos yo, Erick, Alice y Nick en el mísmo salón, recostados en los sillones mirando como el planeta amarillo se alejaba cada vez más. Feriggor nos había informado que nos dirigíamos a Hiperbórea, algo que me alivió y entusiasmó al mismo tiempo.
-¿Saben porqué se le llama Hiperbórea? -preguntó Nick, tumbada a mi lado formando un cálido ambiente.
-Ni idea. -respondió Erick, que se encontraba en la misma posición con Alice.
-Hace muchos años los científicos descubrieron que el planeta estaba conformado en su mayoría por un elemento al que llamaron Bórea. Este elemento era de un color verde, y se encontraba en el agua, magma, tierra, en los árboles e incluso en la atmosfera. -hizo una pausa para acomodarse, tomando una taza de café que se encontraba en la mesa-. Como descubrieron que el planeta era conformado en un 60% por Bórea, la decidieron llamar Hiperbórea, esto es "Bórea gigante".
-¿Y como se llamaba antes de eso? -preguntó esta vez Alice, notablemente entusiasmada.
Nick se recostó nuevamente, mirando a través de la cúpula de vidrio el espacio exterior.
En dos días llegaríamos al planeta verde.
-Mōnt.
-¿Mōnt? -pregunté curioso.
-Sí, era el dios de la tierra en la cultura Hiperboreana. A diferencia de la Tierra todos los habitantes del planeta seguían una misma religión. Es como si llamaran al planeta Tierra Gea.
Todos asentimos excitados ante la grandiosa historia de Nick, para luego quedarnos en un silencio confortable y tranquilo.
Amaba el Epsylon.
De pronto, una pregunta interrumpió la tranquilidad que casi me deja dormido.
-¿Que es la Guerra de Drumondt?
Erick viró la cabeza hacia ella, esperando una respuesta.
-Bueno, leí muy poco sobre ella. -tomó nuevamente la taza-. Pero, resumiendo, es una guerra que se originó cuando la Unión descubrió un planeta cubierto de nieve llamado U-12.
-U-12 tenía cantidades en exceso de oro y otros materiales valiosísimos, por lo que Ankoron se infiltró sin permiso de la Unión en el planeta-. Alice prosiguió con seguridad.
-Exacto, y sólo descubrieron diez años después que Ankoron estaba extrayendo minerales en forma ilegal.
-Hiperbórea y Borbojon se revoltaron, comenzando a armar sus naves para ir a ese planeta. Pero la Unión se los prohibió.
-Furiosos, los ejércitos de Borbojon e Hiperbórea se unieron para atacar Polpumios y Traä-hmen, otra ciudad importante de Ankoron. Nueve días duró la invasión, cuando la Unión decidió desintegrar U-12 con un Rayo Desmaterializador.
-Cuando Hiperbórea y Borbojón recibieron la notícia, retiraron sus tropas de Polpumios y Traä-hmen y en el Anillo Drumondt se formó un tratado de paz, creando así también la Ley de Drumondt, en donde decía que solo la Unión gobernaría los próximos planetas que se encontrarían.
-Espera, espera... -interrumpió Erick-. ¿Qué es un "Anillo"?
Esta vez, yo respondí.
-Un Anillo es un pequeño mundo o ciudad artificial en medio del espacio en donde se encuentran las cárceles más seguras del mundo, palácios presidenciales, cultivos gigantezcos y plantas nucleares en donde hacen experimentos letales.
Erick asintió con una sonrisa que plasmaba su entusiasmo, y la verdad es que la historia de la Unión era facinante. Aunque los odiase.
-¿Cuantos Anillos existen? -nuevamente, Erick preguntó.
-Siete, sin contar los que se han destruído, que son tres. La Tierra tiene ún Anillo, en donde tenemos cultivos y plantas nucleares.
-Genial. -concordó Alice con un suspiro.
El resto del día nos pasamos charlando y diciéndo cómo mataríamos a la Unión.
Pero, en realidad, para eso faltaba muchísimo. En el fondo sabía que eso iba a ser difícil y, si lo lográbamos, iban a haber sacrificios.
De seguro.

• FELIZ PASCUA! 🐰❤️
Espero que lo pasen excelente con sus famílias, disfruten y sobre todo... ¡Coman harto chocolate! •

~Atlas. 🌜

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⏰ Última actualización: Mar 27, 2016 ⏰

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