XXII

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Su sonrisa fue remplazada por una lágrima.

Sus ojos se tornaron sombrios y la risa ya no rondaba sus labios.

Su latir se volvió lento y su oscuridad inretornable.

Quizás si fue su culpa, tal vez el daño se lo hizo ella misma.

Al fin y al cabo fue quien decidió enamorarse de él.

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