« Las muñecas me dolían por las esposas que me mantenían presa. Acababa de volver en mi, y no se puede decir que hubiera despertado de muy buen humor. Notaba la cabeza embotada, no podía pensar con claridad.
No me gustaba nada estar controlada, y mucho menos si ni siquiera sabía quién estaba detrás de esto, pero todo eso iba a acabar pronto, claro que sí, con una ínfima porción de mi poder era capaz de reventar las esposas.
Invoqué el fuego a mis manos, pero al intentarlo noté una fuerte sensación de succión, las llamas se apagaron de un soplo y me quedé sin apenas fuerzas para levantar la cabeza. Miré con esfuerzo alrededor por si en la celda encontraba alguna otra forma de salir, entonces fue cuando vi a Altais preso al lado mía. En seguida me culpé por no haber notado antes su ausencia. Sin lugar a dudas él estaba mucho peor que yo, supongo por el hecho de su supuesto inmenso poder que ahora le iba a servir de poco, en vez de esposas tenía unos gruesos guantes de metal cubiertos de runas que le impedían mover las manos, cada una sujeta por un par de cadenas igual de gruesas que mis brazos y la seguridad en sus piernas no se diferenciaba mucho.
El pobre daba pena, tenía la piel prácticamente blanca y unas profundas ojeras, además su palidez hacía que la cicatriz que le surcaba el lado izquierdo de su cara adquiriera un enfermizo color rojizo. No parecía muy consciente, pero lo intenté de todas formas.
— Altais —le llamé entre susurros, no pareció reaccionar, así que probé más fuerte—. ¡Altais!
Se revolvió y gimió, supuse que de dolor, y abrió con lentitud los ojos, uno dorado y otro azul.
— ¿Flare? —logró decir con voz pastosa, entonces pareció darse cuenta de la situación—. ¿Qué..? ¿Dónde..?Era bueno saber que estaba más o menos bien.
Iba a explicarle más o menos la situación cuando la puerta de la celda se abrió de un golpe. Estaba preparada para cualquier cosa, pero lo que vi hizo que recordara lo que es el miedo. Entró un...»"Crack"
Un chasquido interrumpió la lectura, barriendo la historia de su cabeza de un plumazo. Del sobresalto casi se cayó de la rama donde había estado dejando pasar el tiempo hasta que algo sucediera, y ahora acababa de ocurrir.— Precisamente ahora... —bufó molesta.
La joven cerró el libro con cuidado evitando hacer ruido, con el ceño fruncido cómo única muestra de irritación; con suma cautela se asomó por un extremo de su refugio, gateando lentamente mientras evitaba perder el equilibrio. Sus expresión se ensombreció aún más al identificar a la presa como un jabalí joven. Odiaba a esas criaturas, no le habían dañado nunca, pero sí que le habían hecho sufrir y su memoria aún lo recordaba. En un acto reflejo se llevó la mano a los hombros, buscando las marcas de una vieja herida, aunque al darse cuenta de sus actos las retirara cómo si fuera metal candente.
Unos chapoteos por debajo suya le devolvieron a la realidad, recordando la razón que le había llevado hasta allí, la bestia se había detenido a beber y a revolcarse en la orilla del arroyo que ella había estado vigilando. Sin apenas moverse, consiguió que una espada corta se deslizara entre sus dedos y se acercó lo máximo que pudo hacia donde permanecía el animal, cuando estaba a menos de tres metros de distancia saltó con fuerza y cayó sobre el jabalí espada en mano. El resultado fue instantáneo, la presa apenas pudo resistirse, y acabó sin vida a sus pies.
La joven se alzó sobre su presa, mirándola con cierta lástima, nunca le gustaba la sensación de matar, y ésta aumentaba al ver a su víctima tirada en el suelo, pero el trabajo era el trabajo, y ya no había nada más que hacer. Con un leve movimiento de su mano, la espada se esfumó tan rápido como había desaparecido, por lo menos no había tenido que limpiar la sangre, cosa que solo hubiera empeorado la situación. Una vez que tuvo las manos libres sacó una manta de su zurrón y colocó al animal sobre ella para poder arrastrarlo hacia dónde estaba su montura. Probó a moverlo y sus brazos se quejaron por el esfuerzo, observó cuanto lo había desplazado, comprobando con pesar que apenas había llegado al metro y medio.
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Las sombras de Alicia
RandomAl principio las sombras eran sólo eso, sombras. Burdas imitaciones de algo que nunca podrían ser. Destinadas a ser pisadas, intangibles, olvidadas... Ahora tienen lo que querían, los cuerpos que siempre les habían quedado vedados. Cuerpos oscuros p...