Alianzas

67 4 0
                                    

Primero sintió un dolor sordo en la cabeza y una ligera presión en varias partes de su cuerpo.
Intentó abrir los ojos, pero notaba sus párpados pesados y dispuestos a seguir cerrados.
Tras varios intentos, a cada cual más dificultoso, consiguió entreabrir un poco los ojos, al hacerlo se alegró de no haberlo hecho por completo, ya que se no se encontraba solo.
A su lado estaba sentada una joven de cabellos oscuros que caían en rizadas cascadas alrededor de su rostro. Sus ojos anaranjados se desplazaban tranquilamente de un lado a otro del libro que sostenía con sus manos, que, pese a que una de ellas estuviera vendada, se podía seguir apreciando la delicadeza que encerraban.
Un torbellino de imágenes pasó rápidamente ante sus ojos, recuerdos de la batalla librada la noche anterior, recuerdos y un nombre.
Katherine.
Se incorporó rápidamente, pero enseguida un dolor ardiente se apoderó de su cabeza, haciendo que gimiera y volviera a recostarse. Una vez así cerró los ojos y se pellizcó el puente de la nariz, intentando amainarlo.

-No deberías haber hecho eso -le reprendió una voz conocida.

Al ver que el dolor cesaba, decidió volverse hacia ella.

- ¿Dónde estoy? -preguntó roncamente.
- ¿No es eso obvio?

No pudo reconocer al propietario de la respuesta,por lo que se giró hacia el lugar donde se había formulado, ganándose más protestas en el interior de su cabeza.
En el alféizar de la ventana se encontraba un joven de unos dieciocho años con aspecto desinteresado. El pelo castaño casi le ocultaba los profundos ojos verdes, que ahora apuntaban hacia él con mal disimulada desconfianza.

- Zack... -advirtió Katherine sin levantar la vista.

Él bajó la vista, ligeramente azorado, aunque enseguida la volvió a levantar de vuelta a su objetivo principal.

- Te encuentras en mi casa, la misma en la que entraste hace dos noches.
- ¿ Dos noches? -se sorprendió.
- Sí, has estado inconsciente desde entonces.

Elric cerró los ojos cansado, eso no era bueno, nunca lo habían dejado fuera de combate durante tanto tiempo.

- ¿ Y qué estoy haciendo aquí? -suspiró.

Ella levantó por primera vez la vista del libro, y fijó sus ojos ardientes en él. Al mirar a los ojos del joven se le borraron las palabras, no eran como esperaba, ya que la noche le había impedido distinguir su color. Tenían un brillante color violáceo, y las pupilas eran rasgadas, como las de un gato.

-Necesito... -volvió la mirada a Zack y suspiró.- Necesitamos tu ayuda.

Tras esas palabras reinó el silencio en la habitación.
"Siempre es lo mismo..." pensó amargamente; sin embargo, pese a lo que dictaba su corazón , su cabeza decía lo contrario. No iba a ser igual, esta vez no, pero ella se parecía tanto a Katherine...

-¿ Ayuda para qué? -preguntó después de meditar unos minutos más.

- Solo queremos algo que ambos deseamos -respondió.- Venganza.

- ¿Y qué te hace pensar que yo quiero venganza?

- Te vi hablar con las sombras antes de que intentara atacar, y no se puede decir que rebosaras respeto hacia ellas -el mestizo la miró escéptico, y ella rió ante su gesto.- Que tú no me vieras antes no significa que yo no estuviera observándolo todo.

Él sonrió a su vez, mientras se lamentaba interiormente; cada vez más creía reconocer en sus gestos a otra persona que creía olvidada.

- ¿Qué piensas? -preguntó ella al ver que no respondía.

Él la miró fijamente, cavilando más la respuesta que debería escoger.

- Acepto -respondió, tras éstas palabras la joven soltó un imperceptible suspiro.- Solo porque me recuerdas demasiado a alguien.

-Gracias -dijo ella, con una deslumbrante sonrisa.- Ahora te dejamos descansar, todavía debes recuperarte.

Él asintió y cerró los ojos, no sin antes ver como ella le abría la puerta de la sala a Zack, que salió lanzándole una siniestra mirada.

- Por cierto -preguntó Katherine acercándose a él.- ¿Por casualidad, la persona a la que te refieres se llamaba Sophie?

-¿Cómo lo sabes? -preguntó bruscamente, había vuelto a abrir los ojos, que reflejaban un profundo dolor.

- Yo... -ella perdió la voz, sabía que jamás debía haber formulado aquella pregunta.- Murmurabas su nombre mientras dormías. Lo siento, no debía...

- No, no pasa nada -le cortó antes de que terminará la frase.- Ya debería acostumbrarme.

Ella asintió y pronunció una vaga despedida antes de marcharse, él no respondió, estaba demasiado perdido en sus recuerdos.

"Sophie" hacía demasiado tiempo que no pronunciaba su nombre, ahora que lo hacía los recuerdos se desbordaban poco a poco de su mente, dejando un sabor agridulce allá por donde pasaban. Ella había sido su todo, hasta que él no pudo corresponderle cómo ella se merecía. La recordó la última vez que la había visto, parecía que era feliz, sin embargo, pese a que quería aferrarse a ese pensamiento, la conocía lo suficiente como para saber que no era así; estaba demasiado seria para ser ella.
Siguió pensando en ella, mientras que el dolor de sus heridas era poco a poco sustituido por uno más profundo, hasta que se quedó dormido preso de un cansancio que no supo identificar.

Lejos de allí,las sombras estaban inquietas, el mestizo había escapado, y los planes de la emperatriz empezaban a avanzar.
Las sombras aullaban a la luna, y manchaban de sangre sus garras, y por las esquinas y recovecos en los que aparecían solo se escuchaba una palabra. Traidor.
En la torre que gobernaba uno de sus comandantes, la fortaleza de la que se había escapado Elric, reinaba el caos; sin embargo aquello no era tan extraño, no en vano era la llamada Corte caótica.
Su señor se distraía lanzando cuchillos al mobiliario de la sala, mientras bebía distraidamente de una taza vacía cuando recibió un mensajero inesperado. Lo reconoció al instante, era el líder de las sombras enviadas a cazar al traidor, paró su juego y le observó con pereza.

- Mi señor, he...
- ¿He...? -le calló con un gesto de la mano.- ¿Por qué dices "he" si creo recordar que mandé unos cien cazadores bajo tu mando? Eso es más egocentrismo de lo que te mereces.

- Los demás han caído...

- ¿Ah, si? Una lástima, pensaba que los inútiles hoy en día duraban más. ¿Y...?

- El mestizo ha escapado, no hemos podido acabar con él.

El silencio se hizo presente en la sala, que fue quebrado rápidamente por una pequeña risa que acabó convertida en una estruendosa carcajada, que salía de la garganta del señor de la torre.

- ¡Ja! Parece que ese estúpido minino tiene todavía algunos ases bajo las zarpas -dijo cuando la risa había amainado lo suficiente como para permitirle hablar.

- ¿Señor...? -preguntó la sombra asustada, su amo siempre había carecido de todo tipo de cordura, pero ahora había perdido completamente la cabeza.

- ¡Y parece que sigue sabiendo cómo defenderse! ¿Me pregunto si sigue sabiendo sonreír? Esa estúpida sonrisa era lo único que le quedaba para ocultar sus verdadero ser -ya no le prestaba ni la más mínima atención.

- Me retiro, con vuestro permis... -no pudo terminar la frase, ya que un cuchillo negro le había atravesado limpiamente la cabeza, haciendo que su cuerpo se disolviera en la nada.

- Espero que siga sabiendo sonreír, quiero hacer desaparecer personalmente esa sonrisa de su pálida cara.

Las sombras de AliciaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora