10. Al fin...

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Con la Steel Ball en la mano y cantando la canción que inventó Gyro en honor a la Pizza Mozzarella traspasó la abertura interdimensional acompañado de D4C. Esta vez no sintió tanto mareo y el viaje fue mucho más rápido que el anterior.

Pasó a través de una rama de sauce, esta vez, el stand le indicó un edificio bastante rústico en medio del campo. Estaban sobre una colina bastante lejos del lugar al cual debía acudir pero era de fácil trayecto.

Johnny comenzó a caminar siguiendo el camino, una carreta pasó cerca de él y se detuvo unos metros más adelante, el hombre que dirigía a los animales le hizo una seña.

-Joven, buenos días, ¿se dirige al hospital? -Le preguntó amablemente.

-Voy a ese edificio.

-Entonces se dirige al hospital. Venga, suba.

El joven se le quedó mirando algo desconfiado pero se subió detrás de la carreta atento a cualquier cambio de situación.

-En estos lugares siempre vemos a las mismas personas, pero usted no parece de por aquí. -Le comentó el hombre mientras ponía en movimiento el rústico vehículo.

-No, no soy de aquí. -No deseaba tener que contestar preguntas a un desconocido.

El hombre no le siguió preguntando, le hablaba sobre el clima y otros temas triviales pero Johnny no podía poner atención por culpa de los nervios. Le preocupaba que Gyro estuviese en un hospital.

Al llegar, le agradeció a quien lo llevó hasta ahí y corrió hasta la entrada con todas sus fuerzas, en su cabeza comenzó a sonar una melodía melosa de reencuentro, se imaginó cómo se iba a lanzar a los brazos de ...

"Oh, no. Me acabo de contagiar con el virus de Gyro"

Recordó lo meloso que había sido su primera vez con aquel italiano. Gyro había preparado la cama con pétalos de rosas y casi le había dado una ataque de risa al ver el champan y las velas aromáticas encendidas.

Se detuvo en seco cuando chocó con una enfermera. La tomó de los hombros sin ninguna sutileza.

-Busco a Gyro Zeppeli.

-A... Arriba –le contestó asustada -, segunda puerta.

Johnny volvió a correr.

Se detuvo ante la puerta de la habitación. Trató de tranquilizarse pero su nerviosismo lo traicionaba.

Golpeó.

-Adelante. -La voz familiar le hizo abrir la puerta con violencia.

Ahí estaba, acostado en la cama con el brazo izquierdo vendado y con mirada sorprendida Un hombre lo acompañaba sentado en una silla cerca de la cama de Gyro.

-Johnny... -Pronunció su nombre sonriendo.

El hombre se levantó del asiento y lo saludo con cordialidad.

-Buenas tardes, me llamo Jonathan Joestar.

Aquel hombre era mucho más alto que el ex jockey y mucho más corpulento. Johnny miró a Gyro y este se tapó la boca tratando de no reírse del incómodo momento. 

-Un gusto, soy... Johnny Joestar.

Reinó el silencio.

-Yo no sabía que existieran más Joestar. -Le dijo sorprendido.

-No creí conveniente explicarle la situación.

Johnny suspiró.

-No creo que existan más personas con el apellido Joestar, créalo o no, somos de otra dimensión.

Volvió el silencio incómodo.

-De acuerdo con lo que he visto hasta ahora, no me parece tan descabellada su afirmación. ¿Eso quiere decir que usted y yo somos la misma persona?

-En este caso puedo ver que solo es un alcance de nombre. -Gyro sonreía divertido.

-Es hora de que me retire, Erina haría muchas preguntas si nos ve juntos. Si llegase a ocurrir que ella pregunta...

-... soy un primo lejano del que usted no sabía nada. -Terminó la frase.

Jonathan sonrió y apoyado en un bastón salió de la habitación.

Gyro se levantó con mucho cuidado, aún le dolía todo y al levantarse se sintió un poco mareado pero hizo su mayor esfuerzo por caminar hasta Johnny. En un momento estuvo demasiado débil para seguir en pie y estuvo a punto de caer.

Una mano lo ayudó.

Era extraño ser ayudado por quien antes debía ser cargado por las escaleras.

-Volviste a ponerte de pie.

-Y esta vez no habrá más silla.

Le llegó el agradable olor de su amante, Gyro lo tomó de la cintura para abrazarlo. Olió su cabello, le besó la frente y las mejillas que tenían el salado sabor de las lágrimas. Esta vez no eran lágrimas de tristeza o frustración, eran de felicidad.

Le tomó la barbilla obligándole a levantar la mirada.

-Sabía que vendrías.

Johnny abrió la boca para contestar pero fue interrumpido con un profundo beso. Sintió la cálida lengua de su amante. En cualquier otro momento se hubiera sentido incómodo, sin embargo, ya no le importaba nada, se sentía libre de demostrar su amor con todo y melosidad. El ex jockey metió su mano por debajo de las ropas de Gyro hasta encontrar la suave piel que tanto deseaba sentir. Una mano lo detuvo.

-Me arrepentiré por lo que diré, pero aquí no. Esperemos a volver. -Johnny lo miró serio con el ceño fruncido. -No me mires así, te juro que yo también quiero. -Le dio un ligero beso en la nariz.

Gyro se sentó en la cama.

-¿Cómo pudiste venir?

Johnny le contó todo lo sucedido con el otro Gyro, la conversación con Funny Valentine y todo respecto al stand que lo había llevado hasta aquel lugar.

-Cuando desees podemos partir...

La puerta se abrió.

-¡Señor Joestar! -Un hombre de pelo rubio, con sombrero y una cicatriz en la mejilla estaba ante la puerta. -Oh, mis disculpas, me han dicho que el señor Joestar estaba aquí.

-Se acaba de ir.

Hizo una reverencia en forma de disculpas y salió por donde había llegado.

-Johnny, esperaré a la señorita Erina y nos vamos. Ella debe tener mi ropa. -Sonrió tomándole la mano.

-Está bien. No sabes cuanto me alegra volver a encontrarte, si Funny Valentine no hubiera querido ayudarme, no hubiera sabido qué hacer.

Gyro volvió a recostarse y Johnny se sentó junto a él. Solo quedaba esperar.

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