El cuaderno de Mi Mente

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^El cuaderno de Mi Mente^

-Tranquila, todo va a estar bien- me apretó el hombro y me di vuelta para darle una sonrisa, aunque envés de una sonrisa me salió una mueca.

Me di vuelta y volví a mirar la puerta, apoye la cabeza en la puerta -Bueno, todo va a estar bien- susurré para mí. Saque la llave del bolsillo de mi pantalón, introduje la llave adentro de la cerradura de aquella puerta de madera.

Empuje la puerta y lo primero que vi fue los muebles de siempre, fotos y cuadros viejos, un poco de polvo y algunos dibujos que había hecho yo en las paredes cuando era más chica.

-Puedes irte, Lua- mire las escaleras que conducían al segundo piso y subí el primer escalón- estaré bien, vete.

Sin decir nada ella se fue y yo me quede sola en aquella casa que me traía tantos recuerdos, la casa de mis padres.

Empecé a subir las escaleras, mientras miraba las fotos que estaban colgadas, algunas eran de mis padres de jóvenes, otras mías y una en la que estábamos toda la familia. Cuando llegue al segundo piso camine por el pasillo y vi que la puerta de su habitación estaba entreabierta, me acerque y mire hacia adentro, estaban los zapatos de mamá tirados en el piso, algunas corbatas de papá arriba de la cama y alguna que otra cosa. Escuche un ruido que venía de mi antigua habitación, camine hacia la puerta, la abrí y lo vi allí sentado en mi cama con uno de mis antiguos cuadernos de dibujos.

-Hola- salude acercándome a él. Sabía que no era real, pero me gustaba su compañía y lo extrañaba, hacía muchos años que no lo veía.

Él solo me hizo un movimiento con la mano para que me sentara a su lado y cuando me senté a su lado puso el cuaderno en mi regazo.
Mire atentamente la página en la que estaba y era la primera vez que lo había dibujado a él.

-¿Te acuerdas de ese día?- pregunte mirándolo, él solo se levantó de la cama y se dirigió a la puerta de mi armario- ¿Quieres que entremos?- pregunte y el solo asistió, abrió la puerta del armario y se metió.

Lo seguí con el cuaderno en mis manos, entre al armario en donde había ropa de cuando era más chica. Prendí la pequeña lamparita y me quede observando todos los dibujos, garabatos y frases que había en las paredes. Corrí un poco de ropa y pude ver el hueco que había encontrado una vez que le pegue muy fuerte a la pared.

Él ya estaba del otro lado de la pared y así que yo también pasé. Él se sentó en el piso donde nos sentábamos siempre, y yo hice lo mismo.

-Hacía mucho tiempo que no estaba aquí, te extrañaba- dije mirando al frente al mismo tiempo que él abría el cuaderno que me sacó de las manos y lo volvía a poner en mi regazo- ¿Quieres que dibuje o qué?- pregunte alzando una ceja hacia su dirección.

-Mmmm...iirrr...aaag- trato de hablar, pero él no podía aunque lo intentara. Le entendía un poco porque había pasado mucho tiempo con él.

Baje mi mirada al cuaderno y pude apreciar ese hermoso dibujo que había dibujado a los 10 años por lo que decía ahí. Era un árbol de fuego con manzanas azules que eran de agua y había dos personas, mejor dicho dos sombras sentadas abajo de aquel árbol.

Cerré los ojos y pude verme en tercera persona cuando dibujaba aquel dibujo. Era una pequeña con dos trenzas una a cada lado de la cabeza, con un vestido negro con puntos blancos, estaba descalza y con el cuaderno en mi regazo. Sentada en el mismo lugar que ahora y no miraba el cuaderno, miraba a la nada misma. Nunca había dibujado mirando el cuaderno, siempre dejaba que mis manos hagan lo que querían.

Volví a abrir los ojos y lo que veía no era lo mismo, ahora estaba en un sillón de color amarillo viejo que flotaba en un mar en donde no veías tierra firme por ningún lado, solo agua y alrededor mío podía ver algunos barcos, muñecas, lápices, autos de juguete, algún que otro animal y objetos raros.

Palabras al azarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora